El pozo de los deseos reprimidos

"La gata"

Hermosa, la nueva versión de La Gata que está produciendo Televisa está hermosa.

¿Por qué? Porque está respetando el espíritu de una de las historias más importantes de la telenovela de México y de toda América Latina.

Hablar de La gata, en televisión, es como hablar de Casablanca en cine, de Macbeth en teatro y de Losmiserables en literatura.

Es un clásico, como clásico se le debe tratar y como clásico se le está tratando.

¿Sabe qué es lo más gratificante de esta producción de Nathalie Lartilleux (Cuidado con el ángel)?

Que a diferencia de otros títulos que esa misma empresa tiene al aire, como El color de la pasión, La gata no se siente vieja. Se siente moderna, se siente actual.

¿A qué me refiero cuando le digo que se siente moderna si a todas luces es un gran cuento de hadas con caracterizaciones profundamente estilizadas y un montón de recursos ideales para que la prensa del corazón se luzca haciendo sus comentarios?

A que hay un trabajo audiovisual muy interesante, con tomas casi cinematográficas, una dirección de escena que le da profundidad a la pantalla y un reparto sostenido, en su primer capítulo, por luminarias del más alto nivel como Laura Zapata, Pilar Pellicer y Leticia Perdigón.

Póngase a pensar en lo que va a pasar cuando lleguen los demás actores como Maite Perroni, Daniel Arenas, Jorge Poza y Érika Buenfil.

Esto es un hallazgo, algo que solo se ve muy de vez en cuando en títulos como Avenida Brasil que, casualmente, también parte del universo de los basureros.

¿Entonces La gata es una copia de Avenida Brasil? Por supuesto que no. La gata es el origen de todo, incluso de Avenida Brasil.

Le voy a explicar un poco para que entienda la magnitud de esta obra cumbre de la cultura popular del siglo XX.

En los años 50, Cuba era la más grande potencia del melodrama latinoamericano.

Sus estaciones de radio fueron el origen de muchas de nuestras más amadas historias como El derecho de nacer de Félix B. Caignet y Yo no creo en los hombres, de Caridad Bravo Adams.

En ese contexto de grandes romances, una señora ya madura, de nombre Inés Rodena, escribió La gata, una radionovela espléndida de mediodía que conmocionó a las multitudes.

Imagínese usted, por favor, lo que debió haber sido la industria radiofónica de La Habana en aquel momento. ¡Cuánto talento! ¡Cuánta riqueza! ¡Cuánta creatividad!

Bueno, pues todo eso se fue al diablo con la Revolución Cubana. ¿Y qué pasó con las obras de Inés Rodena?

Primero emigraron a Venezuela, donde en 1968 se hizo la primera versión para televisión de La gata que, igual, fue un cañonazo, y después llegaron a México.

Obviamente, La gata era la historia que todo el mundo soñaba con hacer y en 1970 la protagonizó una de las más grandes estrellas de Telesistema Mexicano: María Rivas.

Mire, esto es como para hacer una película tipo Saving Mr. Banks y no me queda mucho espacio.

Para acabar pronto le digo: La gata, en México, fue un acontecimiento.

María Rivas, que ya era grande, alcanzó niveles de popularidad apenas comparables a los que años después obtuvieron divas como Verónica Castro, Lucía Méndez y Thalía.

Gracias a La gata, en este país, el adjetivo gata es sinónimo de naca, de zarrapastrosa, un insulto, lo peor que se le puede decir a una mujer pobre.

La gata es la telenovela más adaptada de toda la historia de la televisión latinoamericana.

Además de sus versiones reconocidas como La fiera, con Victoria Ruffo (1983), y Sueño de amor, con Angélica Rivera (1993), tiene mil y una versiones oficiales internacionales, más sus remakes no reconocidos, más las producciones que se inspiraron parcialmente en ella.

Desde las venezolanas Cara sucia (1992) y Muñeca de trapo (2000) hasta Por un beso (2000) y la brasileña SeusOlhos (2004).

Bueno, ya, el colmo, en internet están diciendo que Los ricos también lloran (1979) y Rosa Salvaje son La gata. Y seguramente sí, y seguramente no.

Recordemos que estamos hablando de otras obras de la misma autora, que es común que los escritores, sobre todo los de medios, repitan elementos de un guión a otro, y que en nuestra región del continente los derechos autorales no son precisamente lo más respetado por las industrias culturales.

El caso es que para Televisa hubiera sido muy fácil despedazar La gata como ha despedazado tantas historias de antes, pero no, en esta primera etapa la está respetando y le está dando trato de clásico, lo cual se agradece.

Ojalá que se sostenga. Nuestro país y nuestra televisión necesitaban eso: definir clásicos y venerarlos.

Luche por ver La gata todas las tardes, entre Laura y La rosa de Guadalupe, en El Canal de las Estrellas.

La historia es bella. El reparto, magnífico. Y el resultado, hermoso. Una cátedra de telenovela latinoamericana. ¿A poco no?

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