El pozo de los deseos reprimidos

El final de "La isla"

Si hay algo difícil en el negocio de la televisión es ser constante. Por regla general, los programas que empiezan bien se confían y acaban mal.

Y los que comienzan mal, se desesperan y se ponen peor. Es como una maldición. ¡Terrible!

Por eso hoy le quiero hacer un homenaje en vida a La isla, elreality, ese gran programa de Azteca 7.

Yo, la verdad, esperaba otra desgracia, como la que ocurrió el año pasado, cuando Cecilia Ponce aniquiló la credibilidad de este concepto para imponerse sobre un pobre pescador de nombre Carlos.

Pero no, como que los responsables de este proyecto se aplicaron y, lo que sea de cada quien, en esta ocasión, como en su temporada uno, lo hicieron espectacularmente bien de principio a fin.

Las dinámicas estuvieron maravillosas. Las vueltas de tuerca respecto a lo que todos habíamos visto antes, también. ¿Y qué me dice del reparto?

Bueno, hasta el manejo de situaciones de última hora, como la salida de emergencia de Víctor González, estuvo excelente en términos de comunicación. ¡Bravo!

Sí, hubo un momento en que parecía que aquello iba a chafear, cuando a Sylvia Sáenz le dio por sufrir de una manera anormal.

Lo bueno es que jamás se traicionaron ni la participación de esta chava ni los valores de este reality show ni la fidelidad de las audiencias y el resultado fue un espectáculo de tintes emocionales de lo más sabroso.

Ni mi familia ni yo nos perdimos uno solo de los capítulos de esta emisión y hay muchas cosas que yo le quiero reconocer.

Dígame si no se le hizo espléndido el manejo de locaciones. Dígame si no, esta producción de televisión abierta no le pedía nada a las más caras producciones de la industria de la televisión de paga.

Pero hay una cosa como para ponerse de pie y aplaudirle a todas las personas que están delante y detrás de Laisla, elreality: que su final va a ser hoy.

¿Sí se da cuenta? Estos señores, en lugar de insultarnos obligándonos a sintonizar un desenlace “especial” en algún punto del fin de semana, van a respetar la programación original de este título.

La isla, elreality sí va a acabar en el día y a la hora en que siempre lo hemos visto. ¡Como debe ser! ¡Gracias! ¡Mil gracias! ¿A dónde les mando las flores?

Luche por ver la conclusión de este programa esta noche en punto de las 20:30 por Azteca 7 y azteca7.com. Éste sí va a ser un gran final. Éste sí fue un gran programa. ¿A poco no? ¡Felicidades!

Que no se culpe… ¿a nadie?

Hace exactamente una semana tuve el honor de ser padrino, al lado de la gran Carla Estrada, del monólogo Queno se culpe a nadie de mi muerte, que la joven actriz tamaulipeca Milia Nader está representando en el Centro Cultural de la Diversidad, en el corazón de la Ciudad de México.

Usted seguramente se preguntará: ¿y a mí, qué? ¿Yo qué tengo que ver en esa historia si lo más probable es que ni siquiera viva en el Distrito Federal?

Mire, le quiero decir algo que a mí se me hace muy importante: me duele que los nuevos actores de televisión, en lugar de formarse en los escenarios, insistan en formarse en los quirófanos, los gimnasios y las sesiones fotográficas.

Me deprime que la falta de visión de la mayoría de los productores de nuestra industria que, en lugar de apostar por talentos, apuesta por frivolidades. Eso es engañar al público, jugar chueco. No se vale.

Por eso acepté ser el padrino de Milia Nader en esta aventura. Ella, en lugar de operarse e insistir en volverse famosa como la mayoría, decidió tomar el camino largo pero seguro, decidió hacerse su propia carrera en el teatro.

Milia, como buena Ex-A-Tec, es una chica emprendedora, una mujer que está inventando sus propias plataformas y, por si todo esto no fuera suficiente como para admirarla, es una excelente actriz. ¡Me encanta!

¿Y qué tal está el monólogo? Maravilloso. Imagínese nada más: es un texto de Humberto Robles, el autor de espectáculos tan divertidos como Divorciadas y Ni princesas ni esclavas, y dirige Karina Duprez, una de las mejores directoras de escena de la televisión nacional.

El resultado es un espectáculo muy completo que nos lleva del suspiro a la carcajada sobre un asunto que se tiene que discutir, especialmente por los chavos: el suicidio.

Milia Nader no interpreta a un solo personaje, interpreta a un montón, y lo que dice y lo que hace es tan bueno y tan importante que yo lo recomendaría no solo para familias, para chicos de secundaria y preparatoria.

Lo que le pasa a la protagonista de esta historia es tan común que invariablemente se va a identificar con sus aventuras.

Si vive en el Distrito Federal, haga un esfuerzo por ver Que no se culpe a nadie de mi muerte los jueves a las 19.00 en el Foro Italiano del Centro Cultural de la Diversidad.

Si no, pida que se la lleven a su ciudad. Le va a encantar. Toda la información está en internet.

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