El pozo de los deseos reprimidos

No existe nada peor

Existen cosas monstruosas y Siempre tuya Acapulco, la única telenovela de producción propia de toda Azteca, la que se transmite a las 20:30, entre Cosas de la vida y Avenida Brasil.

Esta producción es tan, tan, pero tan mala que redefine cualquier cosa espantosa que usted haya padecido en la industria televisiva de este país.

Al principio, ingenuamente, me imaginé que esta aberración del destino era como era porque pretendía imitar el formato Miami.

Usted sabe, esas telenovelas entre chafas, cachondas e incoherentes que satisfacen las necesidades de entretenimiento de una comunidad muy específica de los Estados Unidos.

Pero no, ni siquiera el formato Miami es tan espantoso y esta emisión, en lugar de irse corrigiendo con el paso de los meses, se fue hundiendo cada vez más, más y más en una experiencia asquerosa.

Si miles de personas la estamos viendo no es porque estemos “picados” con su historia, seducidos con la magnitud de sus personajes o apantallados ante la belleza de su producción.

No, es porque no nos queda más remedio que sintonizarla para esperar a que empiece Avenida Brasil.

¿Sabe usted el dolor que uno, como mexicano, puede llegar a sentir cuando tiene semejante título al lado de una obra maestra como la brasileña?

¿Sabe usted la desesperación que uno, como televidente de Azteca, puede llegar a experimentar comparando esto con cualquier otra cosa que haya pasado por esa pantalla desde los tiempos de El peñón del amaranto?

¿A dónde se fue la marca Azteca Novelas? ¿Qué persona del público puede decir, en este momento, qué es lo que hace que una telenovela de Azteca sea una telenovela de Azteca y qué es lo que la diferencia de un melodrama de Televisa, Argos o Telemundo? ¡Quién!

No existe nada peor, en este instante, en materia de telenovelas, que Siempre tuya Acapulco.

¿Entonces por qué le estoy escribiendo esta columna? Porque a pesar de esto, este concepto va a tener un final estelar dominical el próximo 17 de agosto y es mi obligación profesional compartirle esta nota.

Pero, dígame la verdad, ¿usted dejaría de ver cualquier otra cosa para enterarse del desenlace de esta historia? ¿Le importa? ¿Le preocupa?

Además de que usted ya sabe lo que pienso de los finales dominicales: son una absoluta falta de respeto para un público que tiene otros hábitos y costumbres.

¡Qué culpa tienen las audiencias del domingo de que entre semana se haya transmitido algo así!

Decepcionado es poco y no lo digo por la parte de los talentos, lo digo por todo lo que hay detrás de esta pieza.

A lo largo de los enemil capítulos de Siempre tuya Acapulco hemos visto el desfile de algunos de los más grandes actores de México.

Desde Rafael Sánchez Navarro y Gabriela Roel hasta Alejandra Ley y Leticia Huijara pasando por Wendy de los Cobos, Regina Torné y los lanzamientos.

Muchos de los chicos nuevos que andan por ahí, incluyendo a los protagonistas, bajo cualquier otra batuta, hubieran dado el cañonazo del año.

¿O qué, me va a decir que Daniel Elbittar no es mejor que William Levy? ¿Me va a decir que Melissa Barrera no es mejor que Marjorie de Sousa?

La bronca es que les tocó participar en este ejercicio y, pues ni modo, donde manda capitán no gobierna marinero.

A la pobre Melissa le dirigieron como si la odiaran, como si una entidad macabra quisiera acabar con su carrera condenándola a la más estúpida de las inexpresividades, a lo más plano en cuanto a tonalidades dramáticas.

¿Y qué me dice de lo que hicieron con Daniel? ¿Cuál era la idea? ¿Que la gente se burlara de él? ¿Que la gente lo odiara? ¡Pero si era el galán! ¡El galán tiene que ser admirable! ¡El galán tiene que ser positivo!

No y ni nos metamos con detalles como el uso y abuso de la violencia o con situaciones formales como el querer combinar comedia con melodrama cuando ni siquiera se tiene clara la noción de lo que es la comedia o de lo que es el melodrama, porque entonces sí jamás acabaríamos.

Aquí pudo haber ocurrido algo bueno y no ocurrió porque se nota que todo se grabó a la carrera, sin un análisis detallado de los libretos, sin ese control de calidad que hizo de Azteca la amenaza televisiva que llegó a ser en los años 90.

¿Fotografía? ¿Qué es eso? ¿Dirección de arte? ¿Cuál? ¿Continuidad? ¿En dónde?

No hay un aspecto de los muchísimos que forman el engranaje telenovelero en donde este proyecto no nos haya defraudado.

Caray, hasta en algo tan básico como el vestuario, nos íbamos de espaldas cada vez que la sintonizábamos.

Y ya, cuando en una telenovela, para uno de este lado de la pantalla son más importantes los errores que la trama, malo el cuento. No hay nada que se pueda hacer.

Yo lo único que espero es que los señores de Azteca hayan aprendido algo después de esta desgracia y corrijan porque el horno no está para bollitos. ¿O usted qué opina?

http://twitter.com/AlvaroCueva

www.facebook.com/AlvaroCuevaTV