El pozo de los deseos reprimidos

El espíritu "light" que nos rodea

Estamos de acuerdo con que, a pesar de todas las cosas que están pasando en el país, nuestra televisión tiende hacia lo light, ¿verdad?

¿Qué pensaría usted si yo le dijera que con todo y esto hay una telenovela hipervaliente donde se habla del presidente y donde se dice, por ejemplo, que nuestras más altas autoridades están coludidas con el crimen organizado?

¿Qué diría si yo le recordara que en estos momentos hay una teleserie rudísima donde usted le puede cambiar el nombre a muchos de sus personajes y asociarlos con importantísimas figuras políticas hasta llegar a un espectacular ejercicio de denuncia?

¿Qué opinaría si yo le hiciera ver que en México se está haciendo un programa de televisión abierta donde no se le tiene miedo ni a las drogas, ni al sexo, ni a las groserías, ni a la acción, ni a la violencia, ni a nada de nada? ¡Qué!

Bueno, pues ese programa existe y tenemos que darle gracias a sus responsables, porque no cualquiera se avienta ese trompo a la uña y menos cuando todo es tan extrañamente bonito en nuestros más importantes canales.

Por supuesto que le estoy hablando de Las trampas del deseo, una espléndida serie-novela del binomio Argos-Cadenatres que se merece una ovación de pie.

¿Por qué si no se ve tan cara como las telenovelas de Televisa y Azteca? ¿Por qué si no la comentan en los programas de chismes y espectáculos?

Porque es un verdadero privilegio que ahí se esté retratando esa otra parte de nuestra realidad que nadie más quiere retratar, porque este título contrapuntea a la perfección el panorama de la ficción nacional y porque no se trata ni de dinero ni de popularidad, se trata de crear.

Y estos señores están creando algo 100 por ciento original, algo que está rompiendo esquemas y que a quienes la estamos sintonizando todas las noches, a las 22:00 y 00:30 horas, por el canal Cadenatres (disponible en todo el país por diferentes sistemas de televisión de paga) o por internet, nos está dejando con la boca abierta.

¿En qué me baso para decirle que Las trampas del deseo está rompiendo esquemas?

No nada más en sus contenidos o en sus escenas de sexo que han llegado a incluir hasta a la prostitución masculina.

No, me baso en algo que es muy admirable y que habla bastante bien de sus escritores: su estructura.

La cantidad de líneas dramáticas que se manejan en este concepto es tremenda, apenas compatible con la de las mejores series internacionales.

En esta telenovela siempre está pasando algo, pero no nada más con uno o dos personajes, no, no todos.

Y tenemos la trama policiaca, y tenemos la trama política, y tenemos el romance lésbico, y el de la señora con el chavito, y el de los papás de los protagonistas, y el de los protagonistas.

Y la trama adolescente, y la campaña de responsabilidad social contra la trata de personas, y las historias de la casa de citas y aquí le paro porque no me caben todas.

Las trampas del deseo es un mosaico del México de hoy con todos sus dolores y sus placeres, sus satisfacciones y sus frustraciones. ¡Es un novelón!

Y a mí me encanta que el público la entienda, que la goce, y que participe a través de las redes sociales porque eso significa que no somos la masa estúpida y pasiva que se plantea en otras partes. ¡Bien!

¿Por qué le digo que esta producción de Epigmenio Ibarra está dejando a su público con la boca abierta?

Porque todo lo que ha estado pasando en los últimos días ha estado cardiaco.

Imagínese que el presidente estaba buscando al jefe de la inteligencia nacional para capturarlo después de un escándalo gigantesco, pero el señor se escapa para torturar y asesinar al policía que lo estaba investigando en secreto.

Pero a la hora de los trancazos la cómplice de ese policía, que se estaba haciendo pasar por prostituta, interviene y es ella la que mata al jefe de la inteligencia nacional. ¡Sí, lo mata!

Y mientras esto sucede la carrera política de la villana se desmorona por culpa de la fuga de este señor, y se consuela teniendo sexo con el padre de la protagonista joven de toda la novela, pero los cachan.

A esto súmele más, muchas cosas más, en una avalancha de acción y suspenso muy atractiva, muy inteligente y, como le dije al principio de esta columna, muy valiente. ¡Guau!

Sí, yo sé que a lo mejor Las trampas del deseo no es una telenovela perfecta y que en algunos momentos se estuvo atorando, pero hoy está mejor que nunca y valdría la pena que usted le echara un ojo.

Por favor, haga un esfuerzo y trate de verla antes de que sea demasiado tarde, porque hoy la tenemos, pero mañana, quién sabe.

No todos los días nuestros canales pueden presumir de estar ofreciendo una producción nacional de esta naturaleza y si usted y yo no la apoyamos, terminará por sucumbir al espíritu light que nos rodea.

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