El pozo de los deseos reprimidos

El espectáculo perfecto

Cuando más se sufre, más se necesita del espectáculo, del talento, de la música, de la risa, del amor.

Por eso el sábado pasado, ahogado en la más profunda de las depresiones por todos los horrores que estamos padeciendo como país, decidí ir al teatro.

¿A ver qué? Los locos Addams, el musical de Broadway. ¿En dónde? En el Teatro Insurgentes de la Ciudad de México.

¿Por qué esa obra y no otra? Porque tiene que ver con televisión, con mi televisión, con la que veía cuando era niño.

La verdad llegué muy mal al teatro, convencido de que nada ni nadie me iba a sacar la más mínima sonrisa.

Pero justo cuando se apagaron las luces, ocurrió un milagro emocionantísimo.

Aquella sala, atiborrada de familias con gente de todas las edades, comenzó a seguir los acordes del tema musical de la serie de Los locos Addams y a tronar los dedos justo en el momento preciso.

Por un instante dejamos de estar en México, en el triste México de 2014, y nos metimos a la pantalla de un televisor monumental que nos transportó a una época y a un lugar donde todos conocíamos a Homero, Morticia, al tío Lucas, la abuela, Merlina, Pericles, a Largo, Dedos y hasta al tío Cosa.

¡Y todos nos sabíamos la música! ¡Y todos sabíamos qué hacer en el momento exacto!

Fue mágico, como volver a ver a unos amigos muy viejos y muy queridos, como volver a estar en familia, como volver a estar en paz.

Y luego el reparto era de pura figura amadísima por las multitudes. Si no era por el lado del cine era por la música; si no era por el lado del teatro era por la televisión.

¿Resultado? Aquello era un fiesta extraordinaria donde no había manera de no aplaudir a cada rato y de no carcajearse hasta de la puntada más inocente.

Los locos Addams, el musical de Broadway es el espectáculo perfecto para el México de hoy.

Todos manejamos cada uno de los referentes que aparecen en ese escenario, todos nos divertimos y todos nos entregamos a la nostalgia.

Y es que Los locos Addams no es el musical de Broadway, es el musical de México.

A lo mejor usted ya no se acuerda o es muy joven y no lo alcanza a apreciar, pero mucho tiempo antes de la globalización en la que hoy vivimos, los programas de televisión que nos llegaban de otras partes del mundo no eran franquicias.

Eran conceptos que nos pertenecían, series y comedias de las que nos apropiábamos a pesar de que estuvieran hechas en Estados Unidos o Inglaterra.

Y eso era, entre otras razones, porque nuestros magníficos actores mexicanos de doblaje no solo se encargaban de prestar su voz y ya. No, adaptaban lo que la gente veía.

Por eso, títulos como Don Gato y su pandilla, Los Picapiedra y Los monstruos, por mencionar unos cuantos, no solo son de Estados Unidos, también son nuestros, tan nuestros como El chavo del ocho, El Chapulín Colorado y Los polivoces.

Por eso, insisto, con la pena, Los locos Addams no solo le pertenece a Estados Unidos, también le pertenece a México, es parte de nuestra cultura popular.

Imagínese el deleite que es ir a ver esta obra que, además, no está traducida, está excelentemente bien adaptada por el comediante Jesús Guzmán.

No sabe usted qué cosa tan más divertida es escuchar a esos actores hablar como hablamos usted y yo, y burlarse hasta de que Homero Simpson se llama igual que Homero Addams.

Y luego la producción es carísima. ¡Qué derroche de puesta en escena! ¡Qué manera tan más increíble de trasladar algo que ya se había hecho en historieta, cine y televisión a la magia del teatro musical!  

Imagínese a Los locos Addams cantando, bailando y haciendo todas sus excentricidades en perfecta coordinación con una extraordinaria orquesta en vivo.

Susana Zabaleta es una reina indiscutible. Le saca todo el provecho del mundo a Morticia. ¡Todo! Como figura, como mujer, como cantante. Cachonda es poco.

Jesús Ochoa hace un Homero de colección. Es tan simpático, tan chistoso, tan galán, pero, además, con una mezcla tan perfecta de picardía y paternidad.

Gerardo González está sublime como el tío Lucas, porque tiene todo el peso de la narración de la obra, pero también todo el peso de la comedia, así como todo el peso de la parte sentimental. Usted lo va a amar. Punto.

Ahí le encargo a Raquel Pankowsky como la abuela. Deje usted que no la va a reconocer de lo bien que está a nivel caracterización. Está haciendo una creación estupenda, irreverente, delirante, fabulosa.

¿Y qué me dice del talento de Gloria Aura (Merlina), del vozarrón de José Roberto Pisano (Largo) y del magnífico trabajo de muchas otras figuras como Marisol del Olmo, Tomás Castellanos y Luja Duhart?

Corra a ver Los locos Addams, el musical de Broadway. Cuando más se sufre, más se necesita del espectáculo y éste es el espectáculo perfecto para el México de hoy. Se lo juro. ¡Felicidades!

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