El pozo de los deseos reprimidos

La envidia del mundo entero

Los mexicanos no sabemos lo que tenemos. Algunos de nuestros canales de televisión, por ejemplo, son la envidia del mundo entero como El Canal del Congreso.

Sí, esa modesta señal que casi nadie menciona es una de las máximas glorias mediáticas de nuestra nación.

Para que lo entienda, lo voy a poner en antecedentes. El Canal del Congreso es un canal público.

¿Qué significa esto? Que a diferencia de XEW-TV o Azteca 13, depende de una institución del Estado. En este caso específico, del Congreso de la Unión.

Solo que aquí hay un punto que marca la diferencia. El Canal del Congreso no es un medio público como Canal Once, los canales públicos de los estados o los canales de las universidades. Es un canal parlamentario.

Por eso, ahí, en lugar de ver lo que normalmente vemos en un medio del gobierno, vemos contenidos que giran alrededor tanto de nuestra Cámara de Diputados como de nuestra Cámara de Senadores.

A lo mejor esto no suena muy divertido, pero es un privilegio.

¿Cuántos países cuentan con un canal de televisión que les permita a sus ciudadanos monitorear el trabajo de sus legisladores? ¡Cuántos!

Desde que existe esta señal, usted sabe, en vivo, cómo son las sesiones de trabajo de nuestros diputados y senadores, quiénes trabajan y quiénes no. ¡Los puede ver!

El Canal del Congreso cambió la historia de nuestro país, nos acercó a una de las partes más importantes, pero menos conocidas, de nuestro gobierno, y les dio voz y rostro a nuestros representantes.

Gracias a El Canal del Congreso nuestros diputados y senadores se convirtieron en verdaderas figuras públicas, en personajes mediáticos, y muchos de ellos, les guste o no, han tenido que aprender a trabajar y a comportarse ante el impacto de este medio.

Yo algún día quisiera escribir un libro con la descripción y la historia de esta señal porque muchos investigadores, de otros países, me lo han pedido para copiar el modelo en sus naciones.

Nadie lo dice pero nuestro Canal del Congreso tiene uno de los marcos jurídicos más profesionales, honestos, sofisticados y democráticos del mundo.

Nadie, ni el mismísimo Presidente, puede impedir que algo se transmita.

Nadie, de ninguna bancada, de ninguna corriente ideológica, puede intervenir para que se beneficie o se perjudique a una causa, a una persona o a un partido político.

El Canal del Congreso es una de las expresiones más perfectas que tenemos en materia de comunicación y si hacemos memoria recordaremos que gracias a esto, ahí, y solo ahí, es donde se han escrito las páginas más recientes de la historia de México.

Por lo mismo, no cualquiera puede trabajar en esa estación. Se necesita un entrenamiento especial tanto a nivel técnico como a nivel manejo de contenidos.

Cada decisión de programación, cada toma, cada palabra que se dice, tiene implicaciones. Leticia Salas, su directora, se merece un premio porque, objetivamente, no cualquiera puede manejar algo tan grande, tan fundamental y tan complicado.

El Canal del Congreso no trabaja para un grupo de accionistas, trabaja para la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores, trabaja para el pueblo de México.

¿Ya se puso usted a pensar en lo que esto significa? ¡Es tremendo! ¿Cómo se le da gusto a algo tan complejo y tan lleno de visiones? ¡Cómo!

Bueno, pues estos señores lo hacen, tienen una programación rica e incluyente que va más allá de las jornadas de trabajo que todos conocemos y es una de las frecuencias más avanzadas de México.

Además de la distribución a través de diferentes sistemas de televisión de paga que todos conocemos, El Canal del Congreso se puede ver en internet, está presente en todas las redes sociales y se puede sintonizar en tabletas y celulares, más lo que se acumule en términos de televisión digital nacional.

Aquí lo importante va a ser que usted y que nuestras máximas autoridades se den cuenta de lo que tienen, lo reconozcan y lo estimulen.

¿Cómo? Con más recursos. No puede ser que un canal de esta magnitud esté trabajando con tantas limitaciones.

Si no hacemos algo para que a esta señal se le otorgue ya más presupuesto, la podríamos perder y al perderla nuestro retroceso social sería espantoso, lamentable.

¿Y sabe quiénes serían los más afectados? Nuestros diputados y senadores. ¿Eso es lo que queremos?

Ayúdame, por favor, a que El Canal del Congreso obtenga el lugar que se merece y a que se le de el dinero y las herramientas para operar tal y como se debe operar a estar alturas del siglo XXI.

¿Por qué le estoy diciendo todo esto? Porque esta señal está cumpliendo 15 años de vida, porque hoy es su fiesta de aniversario y porque yo quiero que esta mañana, además de celebrar, reflexionemos y ayudemos.

Te mereces lo mejor, Canal del Congreso, y te lo tienen que dar. ¡Gracias por todo lo que nos has dado! ¡Gracias por existir! ¡Felicidades!