El pozo de los deseos reprimidos

¿Qué hay detrás del escándalo Martinoli-Herrera?

Asco. Toda esta supuesta historia de Miguel Herrera pegándole a Christian Martinoli me da asco.

Pero más asco me dan los que inflaron a El Piojo hasta convertirlo en el monstruo de soberbia que es ahora.

Porque, no nos hagamos tontos, dicen que el señor hizo lo que hizo porque es perfectamente creíble que si lo hace, nada ni nadie lo va a “tocar”.

¿Qué sigue? Pues que don Miguel salga a las calles con una pistola a matar periodistas.

Finalmente, puede hacer lo que se le dé la gana, ¿no? Finalmente en este país los periodistas no valemos, no importamos.

Si el crimen organizado nos puede matar, ¡que no nos mate el director técnico de la selección nacional de futbol!

Fíjese todo lo que pasa cuando surge un chisme como el de ayer y cuando se inventa a alguien como tantas instancias inventaron a El Piojo Herrera.

De la nada, don Miguel se convirtió en el héroe de México, en el invitado de lujo de noticiarios, programas de variedades, de deportes, de espectáculos, de comedia. ¡De todo!

Y no solo eso, los responsables de este desastre le abrieron las puertas para que se forrara de dinero anunciando cualquier cantidad de productos, servicios, estados de la República y hasta partidos políticos.

¿A usted no se le hace escandaloso? A mí se me hace una vergüenza considerando la inmensa cantidad de talentos de verdad tenemos en México y que, si no se están muriendo de hambre, jamás tendrán acceso a las carretadas de billetes a las que pudo acceder el señor Herrera.

Pero síganle, vuélvanle a dar cuerda, inventen a otro, inventen más. Luego no se sorprendan con la epidemia de violencia que vivimos en México.

Luego no se den golpes de pecho apoyando campañas en contra del bullying y a favor de la libertad de expresión.

El verdadero conflicto atrás de lo que pasó ayer, en caso de que haya sido cierto, es la imposibilidad de ejercer en este país la crítica profesional.

Y esto aplica lo mismo para las fuente de deportes que para la de política, cultura, espectáculos, seguridad, economía, tecnología y sociedad.

En el remoto caso de que en este contexto de enemil intereses políticos y empresariales alguien como Christian Martinoli la ejerza, ¿qué pasa?

Le pueden hacer lo que quieran y todos nos vamos a divertir con eso en las redes sociales.

Que mañana venga y nos pegue Cuauhtémoc Blanco, que nos amenace Rosario Robles, que nos atropelle Tovar y de Teresa, que nos insulte Silvia Pinal y que nos ataque El Chapo Guzmán.

Igual, que nos secuestren los fabricantes de comida chatarra, que nos disparen los fabricantes de teléfonos celulares y que nos hundan las fundaciones que protegen a los niños con discapacidad.

¿Se da cuenta del mensaje de desesperanza hacia la comunidad periodística que hay detrás de esta “noticia”?

No es algo que se resuelva con una disculpa pública que, por supuesto, podría ser el resultado de cualquier cosa menos de un ejercicio de honestidad.

Es algo que se tiene que resolver en los tribunales. ¿Para qué? Para que a todos nos conste que sí pasó, para que sirva de ejemplo y para que trascienda más allá de las redes sociales.

Si Christian Martinoli no actúa de acuerdo a la ley perderá la oportunidad histórica de cambiar las cosas como alguna vez las cambió Pati Chapoy al pelear su derecho a hacer crítica a través del recurso de las crestomatías.

Si ese comentarista no va a las instancias adecuadas, estará alimentando nuestra imaginación malsana, estará justificando esta clase de acciones, se pegará la etiqueta de truco publicitario, de cortina de humo, y esta historia terminará mal para todos.

¿Eso es lo que quiere? ¿Eso es lo que queremos? ¿Entonces nada de esto es de verdad? ¿Nada?

¿Qué hay detrás de esta historia? No es normal que a uno lo ataquen, que abra la boca y que luego se niegue a denunciar. No es normal. ¿O usted qué opina?

Aviso de última hora

El domingo tuve la oportunidad de ir al Teatro Aldama a ver el nuevo montaje de Hoy no me puedo levantar, el famoso musical realizado a partir de los éxitos de Mecano.

No sabe usted qué experiencia tan más preciosa.

¿Por qué? Porque gracias a esta versión protagonizada por Danna Paola y Juan Solo, Hoy no me puedo levantar dejó de ser una obra de mi generación, de quienes tuvimos el privilegio de crecer escuchando a Mecano, para convertirse en un espectáculo para los chavos de 2015.

Esta puesta en escena ya no es un asunto de nostalgia, es un asunto de creación, de diversión, de frescura. Y su reparto hace un trabajo extraordinario. ¡Lo amé!

Por favor trate de verla, porque solo va a estar en cartelera cuatro semanas más y no sé usted pero yo prefiero que nuestros jóvenes se diviertan con esto a que pierdan su tiempo padeciendo otros espectáculos que andan por ahí.

Hoy no me puedo levantar es un monumento de obra y con este montaje, más. ¿A poco no?

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