El pozo de los deseos reprimidos

¡Qué desorden!

Qué cosa tan más desordenada de Juguetón nos transmitió Azteca la noche del domingo pasado. ¡No lo puedo creer!

¿Por qué? Porque aquello ya no fue ni Juguetón, ni campaña de responsabilidad social, ni programa de variedades ni nada de nada. Fue un atascadero de estímulos sin ton ni son.

Como que lo organizaron entre varias personas y cada una le puso su propio estilo, como que nadie entendió el concepto o como que todo el mundo metió su cuchara.

Pero aquello estuvo horrible, no se entendió, no conmovió, no trascendió. ¡No nada!

Déjeme lo pongo en antecedentes para que nos entendamos: soy un gran fanático de Juguetón. Creo que es una de las historias de éxito más bellas de la televisión mexicana.

Un día, a un conductor muy jovencito de nombre Jorge Garralda, se le ocurrió juntar juguetes para repartírselos, en Día de Reyes, a los niños que no recibían nada en esa fecha tan especial.

Y la idea funcionó, y creció, y creció, y creció hasta convertirse en un inmenso movimiento social que junta más de 16 millones de regalos al año.

Juguetón no es un programa, es una campaña monumental que implica meses de trabajo muy pesado y cuyos avances se pueden ver, a los largo de diciembre y de los primeros días de enero, en A quien corresponda.

De veras que lo que sucede año con año en A quien corresponda alrededor del Juguetón es grande, admirable y complejo, como para que a sus responsables les hagan un documental en Discovery Channel.

A pesar de esto, Juguetón, la campaña, acostumbra cerrar, desde hace mucho, con una ceremonia televisiva en donde, después de un simbólico banderazo, decenas de camiones cargados de juguetes comienzan a recorrer diferentes puntos del país en medio de una verbena popular.

Verbena popular es verbena popular: estrellas del pueblo en una plaza pública, por la mañana o a mediodía, frente a una multitud alegre, ambiente sabroso, sincero, sin poses. ¡Precioso! Punto.

¿Qué fue lo que vimos el domingo pasado? Una mutación nefasta, nocturna, transmitida o grabada en un estudio cerrado, donde apenas y llegamos a ver cuatro filas de gente apática.

Con una escenografía enorme, vacía, como de centro comercial de clase media cruza con las sobras de Holiday On Ice, toda gélida, tosca, distante, con escalinatas pretendiendo ser parte de una tundra nevada, con un montón de conductores vestidos como para ir a un velorio en Siberia y una Big Band cantando en inglés.

Y luego, frente a esto que pretendía ser muy elegante y muy invernal, nos ponían a Lagrimita y Costel cantándole a los niños de México algo tan perverso como “El baile del perrito” y nos mandaban a Acapulco a ver turistas en traje de baño.

O sea, ¿cómo? ¿Así o más demencial? ¿Me creería si le dijera que en casi tres horas de transmisión jamás vimos a cuadro a un solo niño recibiendo un regalo?

Por ahí, de repente, se hacían enlaces a plazas de mexicanos para mexicanos como Monterrey, Cancún y Los Ángeles, y veíamos juguetes, pero de adorno, no en las manos de algún chiquito necesitado.

El caso es que después de dos horas y cuarto de chutarnos a Cynthia, Yanilén, Norte, los niños de La academia kids y La Sonora Santanera pudimos ver el famoso banderazo.

Pero jamás vimos ni a los camiones saliendo a repartir sonrisas, ni los recuadros con enlaces a diferentes puntos de la república que caracterizaban este concepto.

Solo vimos a un ejército de actores y conductores agitando banderitas, mientras las cámaras se les acercaban y se les alejaban a toda velocidad, y el director nos mandaba a ver unos fuegos artificiales en el exterior de los estudios de Azteca Novelas como para crear la ilusión de aquello era muy movido y muy espectacular.

Se me hizo una grosería que en medio de aquel caos nadie se hubiera tomado la molestia de explicarle al público qué es el Juguetón, de mostrar testimoniales de ediciones anteriores con los niños enseñando sus juguetes y dándole las gracias a Azteca para efectos de credibilidad.

Se me hizo una grosería, insisto, que tantos conductores y tantos actores de la familia Azteca hayan ido a hacer bulto en esa ceremonia y que nadie los haya presentado, que nadie les haya hecho un acercamiento, que nadie les hubiera puesto ni un letrerito con su nombre.

¡Bueno! ¡Ya! ¡El colmo! Se me hizo una grosería, una peladez, que Jorge Garralda, el autor de esta idea, la estrella máxima del Juguetón, solo haya estado de adorno en dos o tres momentos de ese show que remató, en la cúspide de la desorganización, con Yahir, cantando, pero en otro tono. ¡Otro!

Créame que ver aquello completo fue como una prueba de resistencia y qué pena, se lo digo con el corazón en la mano, porque si hay una campaña linda en este país es Juguetón y porque nadie, como público o como talento, se merece ese trato.

¿O usted qué opina?

http://twitter.com/AlvaroCueva

www.facebook.com/AlvaroCuevaTV