El pozo de los deseos reprimidos

Tres desgracias

Hay muchos problemas en la barra juvenil nocturna PM de Canal 5. Creo que estos señores tienen serios problemas conceptuales.

Primero, Canal 5 es una institución. Usted no le puede cambiar el perfil como se cambia de calzones, porque entonces lo traiciona, lo hunde.

Segundo, ser joven hoy no es lo que era ser joven hace 20 años y sí es importante que se diga esto, porque se nota que los responsables de esto son todo menos jóvenes.

Tercero, ¿quién les dijo que el mejor momento para hacerle televisión abierta a la juventud mexicana del siglo XXI era el horario nocturno?

Cuarto, ¿quién les demostró con estudios de verdad que los chavos de hoy ven televisión abierta? ¿Saben lo que es la televisión abierta? ¿Entienden que por ningún motivo pueden hacer Telehit en cadena nacional?

Quinto, los programas que están sosteniendo, más lo que están sacando, pueden meter en problemas a Televisa, porque fomentan el bullying y atentan contra ene causas y valores.

Y sexto, a lo mejor ahorita no se están dando cuenta, pero el tiempo les va a pasar la factura de todo el atascadero de cambios que le están haciendo a esa señal.

La van a matar y matar una frecuencia justo cuando viene un reacomodo de fuerzas en la industria no es lo más sano.

Poco a poco le voy a tratar de escribir de todos y de cada uno de los títulos de esta barra.

Hoy, lo pronto, le suplico que participe con su opinión a través de las redes sociales. ¿A usted le parece que la barra PM y, en general, Canal 5, vayan por buen camino?

Me encuentra en Twitter como @AlvaroCueva y en Facebook e Instagram como AlvaroCuevaTV.

Vuelven los kids

A usted le consta, fui el enemigo número uno de La Academia Kids por mil y un razones que puede encontrar con su buscador favorito de internet.

Cuando Azteca anunció que iba a sacar La hora de los kids, le quise dar el beneficio de la duda.

¿Por qué? Porque hace muchos años, cuando estuve en Ventaneando, el primer Azteca 13 tenía un programa padrísimo que se llamaba La hora de los chavos.

Yo era fan de La hora de los chavos, que era una especie de versión años 90 de Chiquilladas, porque esos chicos tenían mucho talento, eran sanos, frescos, y porque el resultado era entretenidísimo.

Obviamente me imaginé que La hora de los kids iba a ser algo así. ¡Pues no! Es Venga la alegría pero con niños.

¿Y esto es malo? Claro que lo es, porque para ver Venga la alegría uno pone Venga la alegría, no esas cosas, y porque los pobres chamacos que salen ahí, los finalistas de La academia kids, en lugar de parecer los anfitriones, parecen los invitados.

Sí, de repente, por ahí del final, hacen un sketch o una seccioncita medio curiosa, pero nada como para volverse loco de felicidad.

La academia kids no sirve ni como entrenamiento, ni como negocio ni como plataforma para que usted y yo vayamos convirtiendo a esos chicos en nuestros ídolos.

¿Usted los contrataría después de verlos participando en una nota sobre taekwondo? ¿Usted los admiraría después de salir de adorno en una nota sobre animales?

Lo único bueno es que no les faltan al respeto, ni los ponen a cantar temas escabrosos ni los involucran en situaciones adultas pero, la verdad, yo esperaba otra cosa. ¿Usted no?

Mala serie

Tenemos un problema: el tema de los contenidos está tan crítico en la televisión abierta de este país que se ha estado generando una especie de movimiento social que idealiza todo lo que se hace en nuestros canales públicos y culturales.

Lo entiendo y lo respeto pero, honestamente, como crítico, no puedo participar en algo así.

Nuestros medios públicos y culturales también cometen errores y también necesitan ser criticados si aspiramos a volverlos competitivos, y para muestra basta un botón: la segunda temporada de Niño Santo de Canal Once.

No puedo creer que una serie tan mala sea venerada nada más porque sale en una señal pública. Si la hubieran hecho en Televisa o en Azteca la mitad de la prensa ya la hubiera quemado en leña verde.

Es pésima, pretenciosa, aburrida. Es como una película hecha por alguien que en lugar de trabajar para un público, trabaja para sí mismo.

Además, todo lo que dice del Niño Fidencio está mal. Los que hemos estudiado ese fenómeno sabemos que ésa no es una historia ni de terror ni de todas las barbaridades que están saliendo en pantalla.

Y traigo a colación lo del Niño Fidencio porque estos señores, en su afán por verse muy intelectuales, han dicho que se inspiraron en él para esta serie y, pues, ¡para nada!

¿Resultado? Ni estamos viendo al Niño Fidencio, ni estamos viendo algo que nos entretenga ni estamos viendo algo que rompa esquemas como le corresponde a un proyecto de este tipo de televisión.

Qué desperdicio de talento porque, lo que sea de cada quien, ahí hay gente valiosa como José María de Tavira y Karla Souza. ¿A poco no? 

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