El pozo de los deseos reprimidos

Esto es delicado

Hay muchas cosas que le faltan a la televisión de este país y una de las más delicadas es la ausencia de programas cómicos.

¿No se supone que los mexicanos somos muy chistosos? ¿No se supone que somos muy ocurrentes y que nos reímos hasta de la muerte? ¿¡Entonces!?

Y no, no me salga con ese cuento barato de que la culpa la tienen las telenovelas fársicas, porque eso no se lo creen ni los productores mediocres que lo inventaron.

La inteligencia de todos los países se mide en función de la manera como sus habitantes se ríen de su realidad.

¿Qué cree usted que podamos decir de la inteligencia de los mexicanos cuando encendemos la tele y encontramos lo que encontramos?

¿Ahora entiende cuando le digo que esto es delicado?

Y no estoy hablando nada más del humor político. No, estoy hablando hasta de los pastelazos de Capulina. Nos hemos convertido en la más amargada de las sociedades.

Por eso soy el admirador número uno de un valiente grupo de artistas de internet que desde hace años manejan una serie animada que se llama La familia del barrio.

Seguramente usted los conoce y si no, le explico.

La familia del barrio es el más divertido retrato que se ha hecho de la realidad nacional desde los tiempos de La familia Burrón.

Es un acontecimiento, una obligación para todos los que amamos la cultura popular y que disfrutamos carcajeándonos hasta de nuestros dolores más íntimos.

Y no, no es una linda caricatura donde salen la mamá, el papá, los hijitos y el perrito viviendo tiernas aventuras que al final nos dejan una gran lección de la vida.

La familia del barrio es la cosa más irreverente, ruda y pelada que usted se pueda imaginar. Es como SouthPark, pero en Chilangolandia.

Su punto de partida es una familia disfuncional que vive en un apestoso departamento de un edificio típico de interés social de la Ciudad de México, pero de puros hombres. ¡Y qué hombres!

El más importante de todos es El Abuelo, un anciano calvo, cochino y libidinoso que siempre dice lo que no debería decir.

Luego está El Noruego, un güey horripilante, flojo y fracasado que maneja una alucinante dualidad entre lo tierno y lo repugnante, porque no puede superar el hecho de ser adoptado, pero al mismo tiempo es vicioso; vicioso, lo que le sigue.

Junto a ellos tenemos a Gaspar, hijo de El Abuelo, un tipo viudo, con un hijo, que con un desesperado afán por salir adelante se ha convertido en la conciencia de todos.

Y al final tenemos a Johnny, un chavito entre niño y adolescente que mira con aparente inocencia el mundo de horror de todos los demás.

Por supuesto que hay más personajes, pero preferiría que usted los fuera identificando, porque lo que le quiero decir es que todo esto, que suena tan oscuro, es chistosísimo.

Cuando no se están burlando de instituciones como el IMZZ, se burlan del mundo de la prostitución. Cuando no se están riendo de los Cinemas Turbo, se están riendo de los OCSOs.

Son geniales, porque no solo consiguen hacernos pasar un magnífico rato de diversión frente a nuestros monitores. ¡Estos señores hacen crítica social! 

Teco Lebrija y Arturo Navarro, los creadores de esta idea, tan aparentemente marranos, están haciendo algo inteligente, interesante, poderoso.

Y lo están haciendo a través de uno de los lenguajes más complicados de la industria: la animación.

¿Ya se puso usted a pensar en lo complicado que puede llegar a ser esto? ¡Es admirable! ¡Enorme!

La cantidad de conclusiones a la que podemos llegar por capítulo es insólita. Dese cuenta, por favor, cómo algo tan simple puede llegar a ser tan profundo: hombres, sexo, orfandad, irresponsabilidad.

¿Entonces no hay nada positivo en La familia del barrio? ¡No! Lo más increíble es que estos personajes tan enfermos acaban inyectándonos de una suerte de optimismo.

Este concepto de internet es como México: podemos estar sufriendo mucho, pero siempre vamos a salir adelante.

¿Cuál es la nota? Que desde hace varias semanas el canal MTV está transmitiendo en diferentes horarios la segunda temporada de la versión para televisión de esta magnífica idea.

¡Para que vea que los contenidos de internet son importantes y que sí llegan a la televisión tradicional!

¡Para que vea que sí hay esperanza para los que soñamos con el resurgimiento de la gran comedia mexicana!

Y si la primera temporada de este proyecto fue divertida, la segunda le dice: quítate que ahí te voy.

Ahora las situaciones son mucho más redondas en términos dramáticos, los personajes se sienten mucho más sólidos y hay muchas más aportaciones a la hora de las animaciones, los musicales y las escenas en general.

Por favor busque todo lo que pueda de La familia del barrio tanto en internet como en MTV.

Si a usted le gustan las series animadas para adultos entonadas en comedia, ésta le va a fascinar tanto como a mí. Se lo garantizo.

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