El pozo de los deseos reprimidos

"A que no me dejas"

Por supuesto que no me perdí el estreno de A que no me dejas, la telenovela que entró en lugar de esa porquería inmunda titulada Que te perdone Dios. Yo, no en El Canal de las Estrellas.

Me interesaba porque, desde la perspectiva periodística, siempre que inicia un melodrama seriado, sea de la televisora que sea, todavía se trata de algo con un muy marcado valor noticioso.

Pero esta me importaba, de manera particular, porque se trataba del primer refrito que Televisa le hacía a Amoren silencio, una de las telenovelas más queridas e importantes de los años 80.

Quería saber qué habían hecho con ella, si la habían respetado, si la habían mejorado.

Estaba ansioso por saber cómo le iban a hacer los responsables de este concepto para impedir que la prensa del corazón le dijera a las nuevas generaciones las tres o cuatro sorpresas sobre las que se sostenía este título arruinando así la mitad de su impacto.

Además, imagínese. Si el consorcio de Emilio Azcárraga había recuperado los derechos de esta joya significaba que había “perdonado” a Eric Vonn, su autor original.

Eric es uno de los mejores escritores de televisión de todo el continente.

Con Amor en silencio dentro de Televisa, ¿qué tanto puede faltar para que los más altos ejecutivos de esa empresa la pidan la creación de una nueva obra?

¿Ya se puso a pensar en el impacto que algo así puede tener en la industria, en el resto de los escritores de melodramas o incluso en Azteca donde este señor redactó maravillas como Vivir a destiempo?

En resumen, moría de ganas por ver A que no me dejas. Ahí está la nota. ¿Y con qué me encontré? Con una telenovela preciosa.

A que no me dejas es, para acabar pronto, la mejor producción que Carlos Moreno, el responsable de éxitos como En nombre del amor y Amor bravío, ha hecho en su carrera.

Se lo voy a explicar así: para don Carlos, como para cualquier productor que se respete, hubiera sido muy fácil llamar a las estrellas de siempre para que hicieran lo mismo de siempre en esto que, sin profundizar mucho, pintaba para ser lo mismo de siempre.

Pero no, se la jugó y llamó a dos figuras de verdad, a actores que se han vuelto famosos por algo más que salir en las telenovelas de Televisa, a figuras a las que muchos hemos aplaudido en el cine, el teatro y el universo de las series.

Por supuesto que me refiero a Camila Sodi y a Osvaldo Benavides.

Dígame si, más allá de que hacen una pareja hermosa, ambos no representan algo que vale la pena respetar.

Están sensacionales, tienen química, sí se les cree que estén enamorados en pantalla, saben lo que hacen, dominan la materia y esto, que a lo mejor suena demasiado bobo en un género tan menospreciado como el de la telenovela, ya no es frecuente.

Por lo mismo: ¡gracias, productor Carlos Moreno! ¡Gracias por regalarnos una pareja protagónica juvenil de actores profesionales! ¡Gracias por romper esquemas!

Después, y sin salir de las cuestiones de producción, hay que destacar al resto del reparto, una amalgama exquisita de gente a la que llevamos años amando como Leticia Calderón y Alfredo Adame con elementos del mejor cine y teatro nacional como Moisés Arizmendi y Odiseo Bichir.

A esto que le acabo de decir súmele la dirección de escena de Lily Garza y Fernando Nesme, y la presencia de Arturo Peniche, que por venir de la primera versión de este clásico, le imprime un sello especial.

¿Y qué me dice de las locaciones? ¿Y qué me dice de la canción, de la escenografía, de la fotografía, de las caracterizaciones, de la iluminación, del vestuario, de la musicalización?

Sin dejar de ser una telenovela típica de Televisa, grabada en esa peculiar combinación de técnicas ancestrales que combinan foros acartonados con escenarios naturales, es excelente.

¿Pero sabe qué es lo verdaderamente admirable de este trabajo? La adaptación.

Martha Carrillo, Cristina García y Denisse Pfeiffer, sus escritoras, le imprimieron un ritmazo a esta obra, nos la trajeron al presente, la volvieron todavía más atractiva y le inyectaron frescura, sin descomponerla.

Ver y oír A que no me dejas es muy rico, muy emocionante, muy divertido. Es como hace mucho que no eran las telenovelas en este país independientemente de si se trata de originales o refritos.

No le voy a decir nada de esta historia porque no se la quiero echar a perder pero, por lo que más quiera en la vida, búsquela.

Es un asunto de amor imposible, de trascendencia, de sentimientos que pasan de generación en generación.

Es una de las mejores opciones para ver en este momento en nuestra castigadísima televisión abierta nacional, tan llena de mediocridades como La vecina, tan llena de cortes comerciales tan largos que pueden llegar a arruinar cualquier suspenso.

¡Bienvenida a casa, A que no me dejas! No te voy a dejar. ¿Usted sí? ¡Felicidades! 

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