El pozo de los deseos reprimidos

Crítica a Azteca 7

Llevo dos semanas reportándole una parte de lo mucho que ha sucedido con Imagen Televisión y Azteca 7, nuestras dos nuevas cadenas de televisión abierta privada nacional.

¿Por qué? Porque más allá de mi responsabilidad como crítico de televisión, ésta es una noticia fundamental, un acontecimiento histórico.

El detalle es que no me puedo quedar más tiempo aquí. Hay otras notas, de otros canales, que se deben de comentar.

Tal y como se lo prometí hace dos semanas, voy a cerrar este ejercicio con mis conclusiones.

Obviamente hay programas en los que no profundicé. Ya lo haré después.

Y como cuando arranqué esto lo hice con Imagen Televisión, en un acto de equidad, voy a comenzar el cierre de mi reporte dedicándole esta columna a Azteca 7.

Mañana criticaré, a nivel macro, a Imagen Televisión.

¿Qué le puedo decir de Azteca 7? ¿Cuál sería mi crítica?

Que percibo unas broncas de comunicación tan grandes que ponen en riesgo el futuro inmediato de este proyecto.

Le voy a explicar: por primera vez desde que Grupo Salinas compró el famoso paquete de medios que dio origen a la televisora del Ajusco en los años 90, Azteca 7 obtuvo un peso.

Ya no es un canal de segunda, la sombra de Azteca 13. Aunque suene extraño, acaba de comenzar a vivir.

¿Y cómo lo están manejando en Tv Azteca? Como todo menos como lo que es: el nacimiento de una nueva cadena de televisión.

Por tanto, de este lado del mundo, la gente piensa que está viendo un cambio de programación como el de Las Estrellas, que es pan con lo mismo.

Y, perdón, Azteca 7 no es pan con lo mismo. Nos podrán gustar o no sus programas, podrán o no tener broncas técnicas y de ritmo, pero ahí está ocurriendo el que tal vez sea el milagro más grande de toda la industria de la televisión mexicana.

¿Cuál? El primer gran paquete de producciones propias diseñado por y para la gente.

Los shows de Azteca 7 no son la copia de los de Televisa ni el capricho de un ejecutivo ocioso. Son el resultado de unos estudios increíblemente profesionales donde las audiencias dijeron lo que querían ver.

El recién nacido Azteca 7 es una señal de servicio, una frecuencia que escucha, atiende y ayuda a las multitudes desde que aparece Jorge Garralda hasta que se despide Carolina Rocha pasando por los Cocineros mexicanos, las personas que buscan pareja, los jóvenes de Más allá del chisme y más, mucho más.

Esto es único, precioso, y si le sumamos series cien por ciento originales como Entre correr y vivir y un paquete de interesantísimos lanzamientos como el de las chicas que acompañan a Roberto Ruiz en su noticiario, el resultado es una gloria.

¿Queríamos ver gente nueva? Aquí está. ¿Queríamos contenidos diferentes? Aquí los tenemos. ¿Queríamos que nos tomaran en cuenta?
 Aquí sí nos hacen caso.

Por si esto no fuera suficiente, hay otra narrativa visual.

Sí, de repente tenemos una cocina o unos sillones como en todos lados, pero los estudios están aprovechados de una manera distinta, los videos de apoyo tienen una frescura que rompe con lo establecido, la gente no se sienta igual que en Cuéntamelo ya o Diálogos en confianza.

¿Y qué me dice de la apertura que se siente en detalles como la alianza Tv Azteca–Blim? Ojo: esto es una revolución. La tenemos que apreciar.

No se vale estar exigiéndole apertura a los canales y fingir demencia cuando nos la dan. Aquí está pasando algo buenísimo.

¿Entonces Azteca 7 es el canal que México esperaba? Todavía no, pero lo podría hacer.

¿Cuándo? Cuando sus responsable se liberen a nivel contenidos.

Es una vergüenza que una señal con tantas propuestas sea tan light, que su servicio informativo le tenga miedo a las verdaderas noticias del momento, que se niegue a criticar, a meterse con los poderosos.

Igual, es tristísimo que teniendo tanta gente tan joven y vigorosa, emisiones como la de chismes, no digan nada incómodo, picante, ocurrente, que trascienda.

No y ni nos metamos con el talk show o con la revista de enamorados porque entonces sí nos ponemos a llorar.

¿De qué sirve haber invertido tanto en foros y talentos si se pueden decir tan pocas cosas? ¿De qué sirve tener tantas producciones propias si no hay nada qué contar?

Al final, ya sea por censura, autocensura, prudencia, conservadurismo o por lo que sea, ese eslogan que están manejando de “Menos bla bla” acaba siendo todo lo contrario.

Puro “bla bla”, o casi puro “bla bla”, para no burlarse de un presidente que “no piensa en joder”, para no debatir sobre los usos recreativos de la marihuana, para no buscarle novio a un gay.

¿Qué va a suceder aquí? No sé. Todo va a depender de usted y de la manera como Azteca 7 dé nota.

Lo peor que podría pasar sería que no pasara nada, que este esfuerzo histórico se diluyera, que siguiera sin entenderse como el nacimiento de una nueva cadena nacional. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com