El pozo de los deseos reprimidos

La crisis de las telenovelas

Yo sé, mejor que nadie, que Amor sin reserva es el gran estreno telenovelero de la semana por todo lo que ya le dije en mi videoblog Surtido rico.

Pero por mucho que me emocione este lanzamiento, estoy muy preocupado por el tema de las telenovelas mexicanas.

Las estamos matando y si no hacemos algo a la mayor brevedad posible las vamos a perder, como hemos perdido muchas industrias nacionales en las últimas décadas.

Ahorita todo es felicidad porque a pesar de la ausencia de propuestas y de la dudosa calidad de muchas producciones, los números son excelentes.

Pero mañana, cuando las condiciones del mercado sean otras y en términos tecnológicos las audiencias tengan la posibilidad de sintonizar melodramas de otras nacionales en igualdad de circunstancias, ahí sí vamos a llorar como alguna vez lloramos por nuestro cine.

No me cabe en la cabeza que México, el país que hizo de esto un arte, se está quedando atrás frente a otras naciones que hasta hace muy pocos años ni siquiera tenían industria televisiva.

No puedo creer que no estemos generando historias originales, las historias de este generación, que vivamos del archivo histórico de Televisa, que dependamos de lo que se esté inventando en Argentina, Colombia y hasta en Estados Unidos.

Me afecta mucho encender la televisión abierta nacional por las noches y ver, en el horario estelar, telenovelas gringas y brasileñas.

Y no lo digo porque no las quiera o porque sean malas, lo digo porque esos eran los horarios para nuestros melodramas.

¿Qué pasó? ¿En qué momento se nos olvidó hacer esto que nos salía muy bien? ¿En qué punto nos rendimos? ¿Adónde se fue el orgullo? ¿Adónde se fue todo eso que antes nos sostenía?

Y, perdón, pero lo que están haciendo las pequeñas casas productoras independientes, como Argos, desde hace mucho que dejó de ser una alternativa.

Primero, porque no lo están haciendo para nosotros. Lo están haciendo para otros países. Son maquiladoras culturales y maquila es maquila. No es arte.

Y no sé usted pero yo ya estoy harto de telenovelas de narcotraficantes, de conspiraciones políticas y de todas esas cuestiones.

Necesito volver al amor, a las ilusiones melodramáticas y si las pequeñas casas productoras independientes desprecian este género como lo están despreciando, ¿qué podemos esperar de las grandes corporaciones como Televisa y Azteca? ¡Qué!

Antes los mejores actores, escritores y directores de América Latina mataban por venir a México a trabajar haciendo telenovelas. La historia de la televisión nacional está llena de gente de un montón de países, incluso de otros continentes.

Bueno, ahora es al revés. Nuestros mejores talentos están migrando tanto al norte como al sur de nuestras fronteras, pero no están viajando en digno, están viajando como auténticos “mojados” con unos sueldos de limosna y bajo unas condiciones que yo quisiera que alguno de ellos se atreviera a denunciar públicamente.

Porque sí, para nosotros, cuando hablamos de telenovelas extranjeras, es muy fácil elogiarlas, pero usted ni se imagina el infierno que hay detrás de la producción melodramática fuera de México.

Hay países donde ni remotamente existen instancias como la ANDA o la Sogem, donde a los actores les dan llamado un día y no salen hasta tres días después, sin ninguna clase de pago extra, en un ejercicio como de trata de personas. ¡Horrible!

No y ni hablemos de los escritores porque entonces sí lloramos. Aquí nos quejamos de muchas cuestiones, pero tenemos una Sogem que vela por nuestras regalías.

En otras partes eso o no existe, o se está eliminando, lo cual es un abuso asqueroso.

Pero allá van nuestros mejores talentos, como verdaderos muertos de hambre porque ni modo de no trabajar.

Mire, yo sé que para muchas personas las telenovelas son algo estúpido que no merece el más mínimo respeto, pero le doy mi palabra de que no es así.

La industria de la telenovela es una de las más bellas y ricas del mundo entero, tanto que en países como Corea el mismísimo gobierno las considera una prioridad y tiene una especie de Conaculta que las apoya para que conquisten mercados.

¿Por qué nosotros no podemos ni siquiera organizarnos para denunciar lo que está pasando? ¿Por qué estamos permitiendo que esto muera? ¿Por pose? ¿Por odio hacia ciertas empresas?

Pues mucha pose, pues mucho odio, pero sí es tristísimo lo que está sucediendo, que no estemos creando, que no estemos innovando, que no estemos aportando, que otras naciones nos estén arrebatando lo que era nuestro.

Por favor, dejemos de fingir y levantemos la voz: necesitamos que así como las series están presumiendo de que están pasando por una nueva época de oro, nuestras televisoras, públicas y privadas, nos regresen a esa posición dorada que teníamos en el pasado.

Necesitamos impedir que esto muera. ¿O usted qué opina?

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