El pozo de los deseos reprimidos

Qué complicado ¿verdad?

Dígame, ¿cuál es el más grande reto al que se enfrenta la industria de la televisión tanto en México como en el resto del mundo?

Es todo un tema porque tiene que ver con dinero, leyes, globalización y un montón de cuestiones, más allá de nuestros gustos personales.

¿Le digo cuál es para mí el más grande reto al que se enfrenta la televisión en este instante? La relación producto-distribución.

Déjeme le explico para que me entienda: a estas alturas de la historia de la televisión, todas las casas productoras de todos los países del planeta, incluyendo el nuestro, saben hacer su trabajo.

Desde películas, series, miniseries y documentales hasta comedias, animaciones, telenovelas y videoblogs.

Jamás habíamos tenido tantas opciones tan magníficas para ver en tantas pantallas.

Desde auténticas obras de arte hasta emisiones perfectamente bien diseñadas para la televisión abierta mundial.

Lo que le estoy diciendo es en serio. Nuestro peor problema, como espectadores, no son los malos programas, son los buenos. ¿A qué horas vemos tantas maravillas?

Aquí es donde entra el tema de la distribución. Cuando un título está saliendo en Seúl, por ejemplo, al día siguiente alguien ya lo está filtrando al mercado mexicano.

Esto, por supuesto, disminuye las posibilidades que alguna compañía lo quiera poner en alguna otra ventana a nuestro país.

Conclusión: nadie lo va a ver.

Por otro lado, hay proyectos de los que súbitamente nos enteramos porque cierta página, revista o festival los menciona, pero que por ene cantidad de razones, o se tardan años en llegar a México, como le pasó a DowntonAbbey, o no llegan como Las mil y una noches, sin mencionar a los que únicamente aparecen en DVD. 

Esto que le estoy diciendo es desesperante y urge que se resuelva en los próximos años porque si seguimos por donde vamos, solo unos cuántos privilegiados van a tener acceso a los mejores contenidos del mundo y toda la industria, toda, va a perder millones de dólares en utilidades.

¿De qué nos sirve vivir en la nueva época de oro de la televisión si no la podemos ver? ¡De qué!

¿Por qué le estoy contando esto? Por el caso de una serie excepcional: Mr. Selfridge.

Hace años comencé a escuchar hablar de esta pieza magistral. Supuse que llegaría por un sistema. No. Supuse que llegaría por otro. Tampoco.

Nadie nos la trajo y yo, como seguramente muchos otros televidentes de hueso colorado, mataba por verla bien, en grande, de manera legal.

Como estamos hablando de una producción de Sundance Channel, cuando esta señal apareció en nuestro país, supuse que arrancaría, entre otras cuestiones, con esta serie, pero no.

Sundance llegó a México como en el entendido de que usted y yo ya la conocíamos y de que íbamos a ver en ella cualquier cosa que nos pusieran como si fuéramos viejos amigos. ¡Mal!

El miércoles de la próxima semana, a las 19:00 horas, se va a estrenar la tercera temporada de Mr. Selfridge. ¿Y sabe quién la va a ver? Nadie.

Yo no lo puedo permitir. Por eso le suplico que apunte este título y que luche por verlo a partir del 18 de marzo.

Sí, ya sé lo que está pensando. ¿Cómo me atrevo a recomendarle la tercera temporada de algo si usted no ha visto las primeras dos?

Ésa es la razón por la que decidí escribirle este jueves de esta maravilla.

Hoy, a las 17:00, comienza la retransmisión de la temporada dos de Mr. Selfridge en Sundance a un ritmo de dos capítulo diarios.

En el remoto caso de que usted no pueda verla por la hora, porque no alcanzó a grabarla o por cualquier otro motivo, búsquela en Netflix.

Ahí están la temporada uno y dos completas. La tercera viene en exclusiva por Sundance Channel y si usted la sintoniza ahí, estará a la par de los mejores televidentes del mundo.

Qué complicado, ¿verdad? ¡Lo que tiene que hacer uno para ver buena televisión!

¿Qué es Mr. Selfridge? ¿De qué trata? ¿Quiénes salen?

Es una serie de época, deliciosa, entrañable, positiva, que narra las insólitas aventuras de un hombre que se atreve a convertir sus sueños en realidad.

Estamos hablando de Harry Selfridge, el señor que inventó, en la Inglaterra de 1908, muchas de las cosas que hoy gozamos cuando vamos a las tiendas departamentales.

Es una locura de serie, verdaderamente hermosa y con un montón de historias paralelas que le van a fascinar.

Hay ricos, pobres, amor, intriga y mucha, muchísima producción de época de ésa que a muchos nos gusta.

Su protagonista es Jeremy Piven (Entourage). Lo va a amar cuando lo vea. Su personaje está tan lleno de energía. Nos ayuda tanto en términos de motivación. Y él lo hace tan bien.

Mr. Selfridge es una gran serie. Punto. Además, lo va a poner de magnífico humor cuando la vea porque es una serie de éxito.

Luche por estar ahí a pesar de este enorme problema de la relación producto-distribución. Vale la pena. ¿A poco no? 

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