El pozo de los deseos reprimidos

‘Las chicas del cable’

El fenómeno del momento es, definitivamente, Las chicas del cable, la nueva serie original de Netflix que tomó por sorpresa a miles de mexicanos el pasado fin de semana.

¿Por qué? Porque nadie se la esperaba, porque Netflix no la promovió como luego promueve otras cosas.

El caso es que no había manera de comenzar a ver aquello y de no dejar de mirarlo hasta el final.

¿Cuál es la nota? Que Las chicas del cable es la primera serie de producción propia de Netflix en España.

Es una suerte de serie combinada con telenovela en el mejor estilo de Gran hotel, Velvet y El tiempo entre costuras.

¿De qué trata? De una muy afortunada mezcla de historias de mujeres en el Madrid de 1928.

Todo gira alrededor de una monumental compañía telefónica y de aquellas chicas que se atrevieron a luchar contra el sistema para salir de sus casas, muchas veces de sus pueblos, e independizarse trabajando como las primeras telefonistas de la historia.

Lo más interesante es que esto, que podría ser asquerosamente cursi, es mucho muy atractivo porque combina cuestiones de robo, suspenso, manipulación, chantaje, asesinato y negocios.

El resultado es un espectáculo suculento, en especial para las nuevas generaciones que ni remotamente se habían enfrentado a una propuesta que las sensibilizara sobre el milagro de la telefonía y de su impacto en la vida íntima y social de los seres humanos.

¿Sabe usted lo que es para un millennial o para un chico de la generación Z mirar a aquellas muchachas moviendo a mano aquellas conexiones mientras le daban vuelta a una manivela y le pedían a la gente que las esperara en la línea para ver si una persona, del otro lado del Atlántico, les quería contestar?

Es hermoso y doloroso. Hermoso por las formas, hermoso por la manera como ese oficio permitió un cambio en la manera de ser y de pensar de la gente.

Doloroso porque, tal y como está sucediendo hoy con muchas industrias, las telefonistas entendidas así, como las mujeres que hacían todo a mano, fueron sustituidas en muy poco tiempo por conexiones automáticas.

Ver Las chicas del cable no es solo gozar con una exquisita fantasía de época. Es, como en las mejores series históricas del mundo, un pretexto para reflexionar sobre el presente.

¿Qué tan liberadas están las mujeres de 2017 en relación con las de 1928? ¿Qué tanto han cambiado las cosas? ¿Qué tanto pueden cambiar?

Y sí, para Netflix esto es el principio de un muy buen negocio con España, pero hay algo que yo creo que ellos no tomaron en cuenta y que está sucediendo aquí:

México, un mercado consumidor de contenidos mucho más rico y poderoso que el de toda la península ibérica, ama las series españolas.

Nos encantan sus historias, nos fascinan sus personajes y somos capaces de adorar a sus estrellas. No por nada una de nuestras raíces culturales más profundas viene de allá.

Los mexicanos sufríamos para ver producciones españolas porque los canales de paga que nos llegan desde Europa pocas veces invierten en la promoción de sus series de este lado del mundo.

Pero además porque como la mayoría de esas señales son públicas, en lugar de mandar sus materiales a nuestras grandes televisoras privadas, están condenadas a hacerlo, por diferentes convenios internacionales, a las de gobierno, que aquí no son las más populares.

Y si a esto le sumamos que en contraste con las televisoras asiáticas, las españolas se mueven poco por acá por internet y apps, el resultado nunca fue el mejor.

Ahora, gracias a Netflix, los mexicanos podremos ver series españolas nuevas bien, al mismo tiempo que en Madrid y, lo mejor de todo, completas.

Créame que aquí va a suceder algo muy fuerte que va a beneficiar a México, a España y, por supuesto, a Netflix.

Las chicas del cable es un título más importante de lo que muchas personas se hubieran imaginado y está bien hecho.

¡Qué libretos tan más gloriosos! Son de lo más moderno, pero como se desarrollan en un contexto de nostalgia, producen un efecto alucinante.

¿Y qué me dice de las actuaciones? Usted no solo va a reconocer a figuras queridísima de un montón de títulos como El internado y Bajo sospecha, va a flotar con la capacidad cinematográfica de esos talentos para decir tantas cosas, tan complejas, nada más con una mirada, con un suspiro o con una lágrima.

No sé usted, pero yo todavía no me repongo después de haber gozado con esa dirección de arte tan perfecta ni del shock de haber visto ese mundo art decó combinado con la música más moderna de hoy.

Es como para volverse loco pero yo no sé si de felicidad, de angustia, de emoción o de qué.

Lo único que sé es que Las chicas del cable es grande y que usted merece verla inmediatamente.

Por lo que más quiera, no se pierda esta joya de la televisión española en Netflix. Le va a encantar. De veras que sí. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com