El pozo de los deseos reprimidos

A calzón quitado

Vamos a hablar a calzón quitado. ¿Cómo es su vida? ¿Cómo se mueve usted en este sistema tan asqueroso y tan lleno de mediocridad y tonterías?

Vamos, dígamelo. ¿Usted no se desespera cuando sale a la calle y se topa con que va a tener que llegar tarde al trabajo o a la escuela porque no hay manera de circular entre tantas obras tan mal planeadas, entre tantas marchas tan caprichosas y tantos automovilistas incapaces de respetar las reglas?

¿A usted no le toca luchar a muerte por un espacio en el Metro, por alcanzar a entrar al Metrobús o por ir colgado de un pesero cuyo chofer jamás ha pasado ni por la mitad de los trámites que usted y yo hemos tenido que padecer para obtener una licencia?

¿Cuántas horas ha perdido tratando de hacerle un pago, ¡un pago!, al gobierno?

¿Por cuántas estupideces ha tenido que pasar para obtener algo, desde la verificación hasta el cambio de tarjeta de circulación pasando por el más elemental certificado escolar, el acta de nacimiento o el pasaporte? ¡Por cuántas!

Pero vámonos a lo que verdaderamente duele. ¿A usted le gusta su trabajo? ¿Está donde siempre había soñado? ¿Lo que hace, lo llena, le da placer, felicidad?

¿Su jefe es una persona admirable que sabe más que usted? ¿Cuando usted trabaja, lo respetan? ¿Las cosas que le enseñan en sus cursos de capacitación son edificantes? ¿Cuando le pagan, le pagan lo justo y le pagan a tiempo?

Por lo mismo, ¿cómo andan sus finanzas? ¿Está pagando sus deudas? ¿Nadie lo molesta llamándolo para cobrarle de la manera más grosera que pueda existir? ¿Está ahorrando? ¿Está ahorrando mucho?

Entremos ahora a la parte íntima. ¿Cómo le va en su relación de pareja? ¿Cómo le va con su familia? ¿Cómo es su vida sexual? ¿Cómo está su salud?

¿Come bien y sano? ¿Hace ejercicio? ¿Duerme lo que le toca dormir? ¿Sale de vacaciones? ¿Le encanta su cuerpo? ¿Le fascina su vida?

Le dije que íbamos a hablar a calzón quitado y, pues ni modo, hay que tocar estos temas.

¿Para qué? Para acabar de convencernos de que el sistema, nuestro sistema, no está funcionando.

Casi nada fluye, casi nada funciona, casi nada sale y, al final, todos somos peores, todos somos infelices.

Pero, ojo, esto no nada más pasa en México, pasa en toda América Latina, en el resto de Norteamérica, en Asia, en Europa. ¡Es mundial!

Nada de que México, nuestros políticos y que si la manga del muerto. Abra los ojos. Está pasando en todas partes.

¿Por qué le estoy escribiendo esto? Porque precisamente por esto amo Better Call Saul, la serie que Netflix acaba de traer a nuestras pantallas.

Better Call Saul es una maravillosa propuesta que denuncia la porquería en la que estamos viviendo.

¿Pero sabe qué es lo más fantástico? Que esto, que podría ser una oda a la furia o a la depresión, termina por convertirse en una válvula de escape, en un derroche de optimismo, en una opción para salir adelante.

¿Por qué? Porque su protagonista, como usted, como muchos personajes que han salido en las noticias últimamente y yo, ya se cansó.

¿Y qué está haciendo? Aprendiendo a crecer en la mierda, a divertirse, a jugar.

Le juro que es una gran serie, de lo mejor que usted puede ver en este momento y está hecha como la más fina de las películas.

Ya la veo y le doy no el Emmy: el Oscar. La encuentro fabulosa, profunda, artística, revolucionaria.

No sé usted, pero yo pagaría con gusto por ir a verla al cine, a una muestra, a un foro, a un festival.

Y aunque la primera temporada va a estar apareciendo poco a poco en ese importante sistema de distribución de contenidos en línea, vale la pena que usted la busque ya.

Sí, yo sé que la nota es que se trata de un producto derivado de Breaking Bad, una de las más grandes obras maestras de la televisión de todos los tiempos.

Pero si usted se queda con eso, por un lado, va a esperar algo que tal vez nunca llegará y, por el otro, jamás la va a ver en su real magnitud.

Breaking Bad fue, es y seguirá siendo Breaking Bad de aquí a la eternidad.

Better Call Saul, aunque comparte su muy peculiar visión de la realidad, es otra cosa. No sé si mejor o peor, pero otra cosa.

Por favor, no juegue a las sagas. Si algo está hundiendo a la industria del entretenimiento mundial es esa pavorosa estrategia de explotación económica del público. 

Anímese a darle a cada cosa su justo valor por separado, a gozar de lo nuevo y a vibrar con una de las propuestas más sorprendentes de este joven 2015.

Better Call Saul es más que la historia de un personaje de Breaking Bad. Es nuestra historia, la historia de nuestras vidas, con su oscuridad, su violencia, su luz y su paz.

Luche por verla. No solo le va a encantar, lo va a enloquecer como a mí.

¡Hasta que por fin alguien se atrevió a poner el dedo en la llaga! ¡Hasta que por fin alguien se atrevió a criticar al sistema! ¡Gracias, Netflix! ¡Te amo! 

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