El pozo de los deseos reprimidos

De Televisa, Tv Azteca e Imagen Televisión

Me siento muy desconcertado: Blim nos regaló de Semana Santa la tercera y última temporada de la serie Blue Demon y no estoy muy seguro de que haya sido un acierto.

¿Por qué? Porque ni siquiera habían pasado tres meses del estreno de la temporada dos ni seis de la temporada uno.

Como le dije en febrero, es maravilloso que Blim haya conseguido lo que casi nadie más había podido en este país:

Crear una serie de televisión de varias temporadas dándole buen seguimiento a la historia, respetando al elenco original y sin que tuvieran que pasar años entre temporada y temporada.

La bronca es que como que se engolosinaron y comenzaron a aventar capítulos a lo loco, sin darle oportunidad al público de ver bien el material, sin trabajar a la opinión pública y a las redes para crear expectativas.

Por si esto no fuera suficiente, el gran desenlace definitivo de este concepto dejó mucho qué desear.

Sí, se cerró la historia, hubo acción, suspenso y cuestiones sentimentales, desgarradoras, pero no vimos esas grandes secuencias épicas que muchos estábamos esperando.

Y ni modo de decir que fue un desenlace hacia el interior de los personajes como en Big Little Lies.

Ojo: no estoy comentando que Blue Demon sea una serie mala, que sus actores no se merezcan toda nuestra admiración y respeto o que aquello no valga la pena. Estoy diciendo que por primera vez, en su joven historia, Blim tuvo la oportunidad de hacer algo inolvidable, de demostrar sus capacidades, de trascender.

Pero como que solo se conformó con sacar el producto, con hacer la chamba, con cumplir. Y no se trataba solo de eso. ¿O sí?

NI TAN SILENCIOSAS

Fíjese que Mujeres rompiendo el silencio, el programa que sustituyó a Lo que callamos las mujeres en Azteca 13, está mejor cada día. Soy el primer sorprendido porque usted sabe que la dinámica en Tv Azteca consiste en sacar un buen capítulo uno de cualquier cosa, dejar que se hunda y moverle y moverle hasta matarlo.

Aquí no. Para empezar, cada episodio es más sólido que el anterior. Y para acabar, nadie le ha movido a nada. Se siente seguridad, solidez, certeza.

Uno en verdad puede gozar de esa experiencia que sí, es muy entretenida pero, lo más importante, tiene un corte didáctico, social. Mujeres rompiendo el silencio toca una inmensa variedad de temas, desde los grandes conflictos de México y del mundo hasta situaciones mucho más pintorescas que a cualquier persona le pueden ocurrir sin olvidar asuntos psicológicos o de salud.

El “detalle” es que cuando uno observa aquello se sensibiliza, aprende, crece y hasta tiene la opción de ser canalizado a la institución adecuada para obtener más información y llevar la tele a otro nivel.

Perdón pero en estos tiempo de absoluto mercantilismo sí es un milagro que alguien quiera pensar en los demás, ofrecer alternativas y ayudar respetando a las audiencias y a los anunciantes.

Además, es un buen pretexto para unir a la familia en discusiones que difícilmente se darían de otra forma y de conocer a nuevos talentos tanto de la actuación como de la dramaturgia.

Porque, ¡ah, qué actores jóvenes tan más excelentes los que están recibiendo su primera oportunidad ahí! Y ni hablar de los escritores.

En Mujeres rompiendo el silencio está pasando algo mucho muy interesante. ¿O usted qué opina?

BIEN ILUMINADOS POR EL SOL

Creo que llego el momento de redefinir lo que deben ser los programas de revista de la industria de la televisión mexicana.

Las mayoría de los canales privados, locales y nacionales, llevan años, décadas, haciendo lo mismo y sí hay un punto en que uno se harta.

¿De qué? De ver a toda esa gente, que es muchísima, fingiendo que se quiere, que divierte, poniéndose a bailar de la manera más grotesca del mundo a la menor provocación, aventándole guayabazos a cosas que en realidad odian o desprecian, y jugando tonterías nada más para matar el tiempo.

¿Sabe por dónde creo que deberían ir las cosas? Por el lado de Sale el sol de Imagen Televisión.

Esos señores, sin ser perfectos, proyectan congruencia, serenidad y respeto.

Tienen los chismes de la farándula, pero también información de muy alto nivel periodístico y aportaciones que orientan a las familias. ¡Lo tienen todo!

Y sus conductores, que no son pocos, jamás presentan ese caótico atascadero audiovisual de la mayoría de los programas de revista.

Son un punto intermedio entre las estridencias de las grandes cadenas privadas y las profundidades de los pequeños canales públicos, entre los derroches de los canales ricos y las miserias de las frecuencias chicas de algunas regiones o, incluso, de las de algunas señales del cable.

Creo que llego el momento de redefinir lo que deben ser los programas de revista de la industria de la televisión mexicana. Creo que llegó el momento de voltear bien a Sale el sol. ¿A poco no?

alvaro.cueva@milenio.com