El pozo de los deseos reprimidos

‘Bailando por un sueño’ o el día que Televisa se convirtió en Univision

Ofendido, como crítico, como periodista pero sobre todo como mexicano, me siento ofendido con el estreno de Bailando por un sueño de Las Estrellas.

¿Por qué? Porque no me cabe en la cabeza que los responsables de este reality show cuya ventaja competitiva es la responsabilidad social no hayan aprovechado el regalo que Dios les hizo con el terremoto del 7 de septiembre.

Cualquier producción de cualquier país civilizado hubiera tenido la sensatez de recomenzar todo para poner a los participantes a bailar por los damnificados de los distintos rincones de la nación.

Estos señores no tuvieron la sensibilidad ni para improvisar unas tristes capsulitas con su conductor, el señor Javier Poza, para mandarle un mensaje de esperanza al pueblo de México.

Eso es simple y sencillamente imperdonable, una prueba irrefutable de que todo ese cuento de los sueños es una vil mentira, un chantaje sentimental para manipular al público.

Pero, además, este Bailando por un sueño no es el Bailando por un sueño que millones de mexicanos recordamos con amor. ¿Dónde está Adal Ramones? ¿Dónde está la muñequita viviente? ¿Dónde está aquel escenario monumental?

Bueno, ya, el colmo, ¿dónde están aquellos jueces que tenían una credibilidad a prueba de balas como Emma Pulido, Roberto y Mitzuko? ¡Dónde!

Esto no es el regreso del Bailando por un sueño de México, es la imposición del Bailando por un sueño de Univision, una tristísima demostración de que la Televisa de hoy ya no trabaja para los hombres y mujeres de este país sino para las audiencias latinas de Estados Unidos.

Yo no tengo nada en contra de ninguna comunidad de ningún país, pero se me hace tristísimo y culturalmente trágico que Televisa nos haya abandonado, que nos trate como consumidores de segunda y que esté utilizando a nuestros talentos como mano de obra barata para los gringos.

Lo invito a revisar los videos que quiera del Bailando por un sueño de Miami (el que se repetía los sábados por la tarde en el viejo Canal de las Estrellas) y que los compare con lo que Televisa nos ofreció el domingo pasado.

¡Es lo mismo! Por eso el conductor es el que es. Por eso los participantes son los que son. Por eso están los jueces que están.

La idea no es divertirnos a nosotros. La idea es que nosotros divirtamos a las audiencias gringas. ¡Justo lo que no necesitamos en tiempos de Donald Trump!

Y qué pena, porque si hay un magnífico conductor en México es Javier Poza.

¿Sí se dio cuenta de que el pobre está como abandonado a su suerte tratando de darle sentido, por ejemplo, a las valoraciones de un señor que prefiere hablar de calenturas antes que analizar una coreografía y cuya única gracia es haber triunfado en Argentina?

¡A usted y a mí qué nos importa lo que haya pasado en Buenos Aires!

Esto no es un programa panregional de los cables. Es televisión abierta privada nacional. ¡Nacional!

¿Quién es Gente de Zona para las familia mexicanas? ¿Con qué cara María León se atreve a mirar a los ojos a los participantes de Bailando por un sueño?

¿Se da cuenta, una vez más, del mensaje demoledor que Televisa nos está mandando con su nuevo esquema de producción?

La única jurado que en verdad le echa ganas a sus comentarios es María José, pero como la caracterizaron como si la odiaran, ni quién se pueda concentrar.

No, y ni nos metamos con los participantes porque entonces sí lloramos.

No hay una estrategia de talentos que conmueva al pueblo de México, pesa más el morbo que la supuesta responsabilidad social que se persigue en cada presentación y personalidades como Jolette solo fueron a hacer el ridículo.

Jolette merecía hacer una carrera en Televisa pero solo se aprovecharon de ella para que les hiciera ruido con su carácter.

¡Qué desgracia! Esta mujer se acaba de volver a cerrar las puertas de una televisora importante.

¿Quién va a creer en ella después de sus antecedentes de La academia y después de lo del domingo pasado? ¿Imagen Televisión?

¿Pero sabe qué es lo más terrible de este reality show de baile? Que se nota que lo grabaron hace meses y que a sus responsables lo único que les interesa es terminar antes de que se les acabe el presupuesto?

No es televisión, es un ejercicio de finanzas. Por tanto, carece de alma, de pasión.

A su lado, Bailadísimo de Multimedios Televisión de Monterrey, que tanta polémica genera en las redes sociales, es una obra maestra digna de la BBC.

Usted está en su derecho de ver lo que quiera pero ya solo le digo una cosa: si le sigue el juego a Bailando por un sueño 2017 estará aceptando que los mexicanos valemos menos que los gringos.

Estará aceptando la humillación, estará demostrando conformidad ante el despojo de un formato que a lo mejor era un plagio, que a lo mejor no era la gran cosa, pero que cuando menos era nuestro. ¡Nuestro! ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com