El pozo de los deseos reprimidos

La amenaza cubana

Yo creo que a muchas personas todavía no les queda claro lo que va a pasar cuando Estados Unidos se termine de reconciliar con Cuba.

¿Qué? Que México dejará de ser el vecino favorito del sur y, lo peor de todo, que La Habana se va apoderar de la más poderosa de las industrias culturales de toda América Latina: de la televisión.

Me da mucha pena decirlo en estos términos, porque se podría malinterpretar, pero los cubanos son los grandes genios del espectáculo de habla hispana.

Ellos, mucho antes que nosotros, inventaron la telenovela y, por una impresionante combinación de factores dominan, como nadie, el tema de la pasión.

Pasión que aplican también a las noticias, los programas deportivos, los musicales, los cómicos y los talk shows.

Si no hicieron nada relevante de los años 50 para acá no fue por falta de ganas, fue porque el bloqueo económico los congeló en el tiempo y en el espacio.

Pero espérese a que se descongelen, espérese a que despierten. Ahí va a pasar algo que va a poner a temblar a Televisa, a Azteca y a todo el continente excepto a Miami.

Porque por el lado de la comercialización, todas las inversiones se van a querer ir para allá, pero por el lado de la creación, todo lo que venga de La Habana será nuevo, fresco, ideal.

Sus actores y cantantes se van a cotizar como no se cotiza ahora ninguna de nuestras estrellas y ni hablemos de lo que va a pasar con escritores, productores y periodistas, porque esto se va a poner tremendo.

Todo el mundo en la industria de la televisión o va a querer tener a un cubano en la familia o va a comprar lo que se genere en la isla.

Y si en los años 90 nos quedó claro lo que los cubanos podían hacer con la televisión nacional cuando una pequeña, pero significativa ola de hombres y mujeres emigró de allá para acá, imagínese cuando esto sea a gran escala.

¿Qué va a pasar con los talentos mexicanos frente a esta situación?

¿Qué va a pasar con los muchachos que hoy se están preparando en nuestras universidades cuando tengan que competir, por una plaza, ya sea en México, ya sea en el extranjero, contra todos esos chicos de la isla?

Ojo, no estoy diciendo que los cubanos sean malos. Al contrario, estoy diciendo que son extraordinariamente buenos y que, ante eso, no siento que nuestras empresas, que nuestros medios ni que nuestras escuelas estén tomando medidas.

¿Medidas para qué? Para ir a invertir o a trabajar allá, o para recibir tanto a los productos como a los talentos que se generen en La Habana.

Yo le podría escribir un libro entero con las aportaciones que Cuba le ha hecho al mundo del espectáculo.

¿Por dónde quiere que empiece? ¿Por la música, por el cine, por la literatura, por la radio, por las mujeres?

Nada más por el lado de las telenovelas, con esta noticia de la reconciliación entre Estados Unidos y Cuba, los mexicanos tenemos motivos para deprimirnos de aquí a la eternidad.

Muchos de los más grandes autores de la telenovela latinoamericana como Felix B. Caignet, Delia Fiallo e Inés Rodena son cubanos y los que no, como nuestra mexicanísima Caridad Bravo Adams, se convirtieron en lo que se convirtieron, porque lo aprendieron en Cuba.

Sin Cuba jamás hubiera habido El derecho de nacer, pero tampoco María Mercedes, Marimar ni María la delbarrio como tampoco Esmeralda, El privilegio de amar, Marielena, Corazón salvaje, La mentira y Bodas de odio.

Todas estas obras son tan poderosas, tan importantes, que México, desde los años 50 y hasta la actualidad, ha dependido de ellas o de sus autores para entretener a las multitudes de todo el planeta.

Si México no ha hecho más es porque Cuba, antes de la bronca con Estados Unidos, no generó más, no capacitó a más escritores.

¿Se da cuenta de lo que va a pasar cuando las nuevas generaciones de libretistas cubanos reciban la oportunidad que Estados Unidos les arrebató de crear los nuevos clásicos del melodrama mundial?

¿Se da cuenta de lo que va a pasar cuando aparezca el nuevo Félix B. Caignet, la nueva Delia Fiallo o la nueva Inés Rodena?

Nos van a hacer pomada, porque ellos sí, a diferencia de nuestros autores, van a tener libertad creativa, libertad para inventar, no para adaptar libertad para escribir en un mercado que va a estar más que receptivo para adquirir todo lo que hagan.

Si le futuro pintaba oscuro para la televisión mexicana por todo el tema de las reformas estructurales, con esto, pinta todavía más negro.

Si no nos cuidamos, llegará un punto en que hasta nos podríamos volver dependientes de Cuba.

¿Ahora sí ya le quedó claro lo que va a pasar cuando Estados Unidos se termine de reconciliar con Cuba?

De seguro mis colegas internacionalistas tendrán su versión de los hechos.

Yo, como crítico de televisión, lo menos que le puedo decir es que si no despertamos nos va a ir mal, muy mal. ¿A poco no?  

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