El pozo de los deseos reprimidos

Vuelve 'El pecado de Oyuki'

Tengo un montón de sentimientos encontrados. Por un lado, tenemos propuestas tan increíbles y revolucionarias como Game of Thrones.

Por el otro, aberraciones insólitas como Yago.

Y en medio, el reestreno, a 28 años de distancia, de la telenovela El pecado de Oyuki.

Desde que se transmitió el primer anuncio de este relanzamiento a través del canal TL Telenovelas, un montón de gente se comenzó a poner en contacto conmigo hiperentusiasmada.

Me pedían críticas, elogios y yo, por dentro, me quería morir.

¿Por qué? Porque creo que al hacerle fiesta al pasado lo único que estamos consiguiendo es impedir el presente.

El pecado de Oyuki fue, en su momento, una joya de la televisión mundial, un producto que se podía presumir con orgullo en los mercados más exigentes del planeta.

Pero eso fue, insisto, en su momento, en la realidad de la segunda mitad de los años 80 cuando en México solo había una cadena nacional privada de televisión.

Cuando las telenovelas eran el formato más impresionante de América Latina, cuando los hábitos y costumbres de las audiencias permitían que la gente luchara por llegar temprano a su casa para mirar, todos los días, a la misma hora, esta clase de espectáculos.

Pensar que hoy, la solución a los numerosísimos problemas de la televisión mexicana está en El pecado de Oyuki es un error, es darle la razón a los empresarios que no quieren invertir en crear más y mejores historias originales.

Es, de alguna manera, apoyar que se sigan grabando refritos como Las amazonas.

¿Pero quiere que le diga la parte más deprimente del regreso de esta obra maestra de la gran Yolanda Vargas Dulché?

Que es millones de veces mejor que la más ambiciosa de las producciones que existen en este momento en toda la industria de la televisión mexicana incluyendo series y miniseries.

Y para que le dé todavía más rabia, ¿sabe usted dónde está la señora Lucy Orozco, la productora de esta maravilla? En su casa.

Televisa, en lugar de tenerla generando más propuestas de ese nivel, la tiene desempleada si no es que vetada en secreto como a muchas personalidades clave de la época de oro del melodrama nacional.

¿Y dónde está Ana Martin, la protagonista de esta emisión? Muy activa, pero interpretando puros personajes secundarios cuando su empresa la tendría que tener en un pedestal haciendo primerísimas interpretaciones.

Le puedo escribir un libro entero de las virtudes, tanto en fondo como en forma, de El pecado de Oyuki.

¿Por dónde empezamos? ¿Por el respeto que Televisa le daba a los escritores en aquella época, otorgándoles el primer crédito de sus melodramas seriados?

¿Por las técnicas cinematográficas que Lucy Orozco utilizó en la grabación de esta telenovela, que hoy son tan comunes, y que en aquellos tiempos dejaban con la boca abierta a propios y extraños?

Y cuando hablo de técnicas cinematográficas no solo me refiero a movimientos de cámara.

Estamos hablando de un melodrama que se grababa locación por locación, obligando a los actores a ir del capítulo 1 al 20, al 40 y al 80 en un mismo día para sacarle provecho a un viaje internacional justo cuando no existía el concepto de globalización.

Para El pecado de Oyuki se construyó una villa japonesa en la Ciudad de México, se gastó una fortuna en vestuario y asesores porque cada mirada, cada movimiento, estaba tan perfectamente bien estudiado que los japoneses juraban y perjuraban que Ana Martín era de allá.

Y es que, por favor abra los ojos, aprecie el trabajo de caracterización, de fotografía, la música original, el manejo de los foros de Televisa San Ángel.

¿Me creería si le dijera que El pecado de Oyuki, por primera vez en toda mi vida, vi lluvia en una telenovela?

Y no me refiero a lluvia como la que cualquier productor graba en las calles con sus personajes.

No, aquí estamos hablando de lluvia creada para efectos dramáticos, como en el cine.

¿Y qué me dice de los guiones? Tan bien escritos, tan transparentes.

Esta no es la historia de una María, es un melodramón que viaja en el tiempo y el espacio donde la autora se da el lujo de hacer una actuación especial y donde muchas personas, especialmente las más humildes, soñaron y pueden volver a soñar con un mundo de amor, valores y maternidad.

Siento tan feo que El pecado de Oyuki esté regresando en 2016, que no tengamos nada mejor, que sus creadores estén tan mal, que los mexicanos le hayamos entregado esta parte fundamental de nuestra cultura popular a países como Turquía.

¿En qué momento se jodió todo? ¿En qué punto? ¿De quién es la culpa?

¿Ahora entiende cuando le digo que tengo un montón de sentimientos encontrados?

¿Qué hago? ¿Finjo demencia y me entrego a la nostalgia como si se tratara de una droga? ¿Doblo las manos y comienzo a elogiar las porquerías que tenemos al aire nada más porque sí? 

¿Qué hago? ¿Qué?

alvaro.cueva@milenio.com