El pozo de los deseos reprimidos

¡Vivan las drogas y la injusticia!

Ayer me quejaba en mi videoblog Surtido rico de milenio.com del asqueroso final de Lo imperdonable.

No hay manera de justificar lo que pasó ahí. Fue un atentado directo contra el patrimonio literario de Televisa, un asunto que en cualquier otra televisora del mundo hubiera generado cualquier cantidad de sanciones.

Pero hay algo que no le puedo dejar de decir: esta obsesión enferma de los medios de comunicación por estirar el dinero sin importar las consecuencias no es exclusiva ni de El Canal de las Estrellas ni de México.

Es una tendencia global que se tiene que corregir antes de que lleve a la ruina a los máximos exponentes del espectáculo de todo el planeta.

Lo vivimos en televisión, pero también en cine, música, teatro, literatura. ¡Es delicadísimo! Y se lo voy a demostrar con dos casos muy especiales.

En teoría, yo, como decenas de críticos, debería estar en el orgasmo por el estreno de Minority Report y Limitless.

Estamos hablando de enormes propuestas económicas y artísticas de esas que deslumbran a cualquiera por el nombre de sus responsables y por sus efectos especiales.

Pero, la verdad, son tan malas, contradictorias, negativas e innecesarias para su país de origen como Lo imperdonable para el nuestro.

¿Por qué no las atacamos con la misma furia con la que despedazamos cualquier telenovela nacional? ¿Por qué los programas de chismes de la radio no le dedican horas enteras a su debate?

¿Será por malinchismo, por ignorancia, flojera, pose o facilismo intelectual?

Minority Report es la versión serie de la grandiosa película del mismo nombre que Tom Cruise protagonizó en 2002 que, a su vez, estaba inspirada en una espléndida novela de ciencia ficción de 1956.

Se transmite los martes a las 22 por el canal Fox y ha recibido cualquier cantidad de elogios y publicidad.

Limitless, por su parte, es la versión serie de una película que Bradley Cooper estelarizó en 2011 sobre una novela también de ciencia ficción, bastante buena, que se publicó en 2001.

Pasa los jueves a las 21:00 por el canal Space y representa su gran apuesta para esta temporada.

¿Cuál es la bronca? Que tanto Minority Report como Limitless se oponen a todo lo que se propuso en sus respectivas películas y novelas.

Son una falta de respeto monumental para sus autores, para los fanáticos y, en general, para toda la industria del entretenimiento global.

Y no solo eso, mandan mensajes bastante oscuros que tendrían que ser cuestionados por los anunciantes y las audiencias.

Minority Report y Limitless son, en resumen, tan nocivas para el público como Lo imperdonable. ¿Por qué nadie dice nada?

Si aspiramos a ser justos, las tendríamos que estas destrozando hasta acabar con ellas.

En el remoto caso de que usted no sepa de lo que le estoy escribiendo, ¿qué era y que es Minority Report?

Originalmente era una historia gloriosa que se desarrollaba en el futuro donde, gracias al trabajo mancomunado de tres psíquicos, la policía se encargaba de castigar a la gente que iba a cometer algún crimen antes de que éste ocurriera.

Obviamente, se trata de un gran cuestionamiento a la justicia porque si una persona no ha hecho nada, ¿cómo se le puede juzgar? ¿¡Cómo se le puede castigar!?

Por si esto no fuera suficiente, estos psíquicos eran poco menos que unos esclavos del sistema, cuya máxima aspiración era recuperar su libertad y sus más elementales derechos humanos.

Ahora, gracias a la bonita serie del canal Fox, Minority Report es la búsqueda de que se haga justicia antes de que los delitos ocurran.

O sea, castiguemos antes de tiempo, juzguemos antes de tiempo. ¡A diablo con la inocencia, la culpabilidad y cualquier noción de justicia!

Por si esto no fuera poco, hay un conflicto muy peligroso con los psíquicos. Uno de ellos, por ejemplo, está desesperado por volver a ser esclavizado, por volver a perder sus derechos.

¿¡Pues de qué se trata!? ¿Sí se da cuenta?

Limitless era una historia sobre un artista mediocre que, gracias al consumo de una droga, potencializaba su actividad cerebral hasta convertirse en genio y millonario.

Pero había una moraleja, porque todo ese crecimiento terminaba sirviendo a fines macabros y porque, finalmente, no era real. Era el resultado de una sustancia artificial.

En Limitless, la serie, el protagonista se droga para ayudar al FBI.

¿Cuál es la conclusión? ¡Vivan las drogas! Consumir esta clase de cochinadas es bueno, se justifica, cualquier se puede divertir y hasta hacerle el bien a los demás.

¿No es terrible? ¿No es enfermo?

La obsesión de los medios de comunicación por estirar el dinero sin importar las consecuencias se está poniendo cada vez peor y no es exclusiva ni de México ni de América Latina.

Hagamos algo, por favor. Critiquemos antes de que sea demasiado tarde. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com