El pozo de los deseos reprimidos

Termina "El color de la pasión"

Redondo, a pesar de que este melodrama seriado se vio obligado a terminar en domingo a través de una transmisión extraordinaria en horario nocturno, El color de la pasión tuvo un desenlace redondo.

¿Qué quiere decir esto? Que esta telenovela vespertina de El Canal de las Estrellas tuvo un desenlace digno que sí tuvo relación con lo que millones de personas vimos en su programación regular de lunes a viernes.

Esto, que suena tan básico, sí es importante, porque la gente que se dedica a hacer melodramas seriados en nuestro país, ante este caprichosa modalidad, se ha visto en la necesidad de grabar barbaridad y media con tal de agregarle tiempo a sus proyectos regulares.

¿Cuál es la nota? La flexibilidad de esta producción de Roberto Gómez Fernández (Alma de hierro) y el aguante del pueblo de México.

No cualquiera se avienta un desenlace dominical que funcione y no cualquier público está dispuesto a ver el final de su telenovela favorita el día y a la hora que otros quieran.

Roberto Gómez Fernández es uno de los mejores productores de televisión que tenemos en México y el público mexicano es poco menos que un santo.

Adonde le digan que vayan sus televisoras, va, y no hablo nada más de Televisa. No, esto se ha hecho con resultados increíblemente exitosos tanto en XEW-TV como en los canales 13, Cadenatres y Telemundo.

¿Qué es lo que más llama la atención del cierre de El color de la pasión? El uso político de esta transmisión.

¿A qué me refiero con esto? A que fue muy significativo que aquí, a diferencia de la conclusión de otras telenovelas que también se han grabado en alguno de los estados de la República, se hizo mucho, pero mucho hincapié en las maravillosas locaciones de este estado tan lleno de progreso que es Puebla.

Y lo digo en estos términos, porque hasta en el programa promocional previo, conducido por Aurora Valle y Martha Carrillo, el análisis de esta obra se detuvo para anunciar al estado de Puebla.

¿Me creería si le dijera que esa noche, en redes sociales, hubo un curioso movimiento de mensajes que vinculaban la gran calidad de esta emisión con las facilidades proporcionadas por su padrino, el gobernador Rafael Moreno Valle?

Por supuesto que ya se volvió normal que los gobiernos estatales utilicen la popularidad de las telenovelas nacionales para hacerse campaña.

Lo que no es normal es que esto, que es tan controlable, trascienda de un medio tradicional como la televisión abierta a algo tan aparentemente espontáneo como Twitter.

¿O usted qué opina? ¿Sí se imagina a los fanáticos de esta clase de historias interrumpiendo las revelaciones de última hora de El color de la pasión para meterse a las redes sociales y dale las gracias al gobernador de Puebla por su apoyo?

¿Sí es común que las audiencias telenoveleras reconozcan a un político como padrino de esta clase de divertimentos y que, a nivel opinión pública, le den el mismo trato que a sus galanes y protagonistas? 

¿Y del final? ¿Qué le puedo decir del final de este concepto? Que dado el hecho de que se trata de una de las pocas telenovelas originales que se han realizado en este país en los últimos años, yo esperaba otra cosa.

¿Qué cosa? Algo más o menos como lo que vimos en la conclusión de Qué pobres tan ricos, un cierre que no tuviera que recurrir a la violencia y a otros lugares comunes para llamar la atención del público.

Con la pena, pero el desenlace de este proyecto fue exactamente igual que el de títulos tan penosos como Siempre tuya Acapulco y La tempestad.

Ahí viene el villano armado a secuestrar a su pobre víctima. Gritos por aquí, fuego por allá. Que saquen una pistola. No, que saquen dos.

Y hago como que te voy a disparar, pero a la hora de la hora, me suicido y esto, en lugar de verse como un acto que termina por cerrar algo que fue lo que le dio origen a este concepto, de tan visto en tantas telenovelas, se termina por perder.

No, ¿y qué me dice de los castigos carcelarios o del montón de escenas de relleno previas a la boda?

Salvo por ese repartazo de inmensas figuras como Claudia Ramírez, Helena Rojo, Érick Elías y Moisés Arizmendi, no hay mucho que decir, y esto genuinamente me preocupa.

¿Por qué? Porque manda un mensaje de desesperanza, el mensaje de que en esta industria, aunque se hagan historias nuevas, es inevitable hacer lo mismo que se hace cuando se graban adaptaciones de telenovelas viejas o de otros países.

No hay escape. Estamos condenados a ver el mismo cuento, con el mismo desenlace, una y otra y otra vez.

¿Qué caso tiene entonces invertir en historias originales? Cualquier remake puede tener dos o tres secuencias espectaculares.

Una golondrina no hace verano y para muestra vale el botón de algunas maravillas que están en este momento en pantalla como La gata y Mi corazón es tuyo.

¿O usted qué opina?   

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