El pozo de los deseos reprimidos

Televisión para un país hipócrita y dividido

Lo que está pasando en la política, está pasando en el espectáculo.

Por un lado tenemos grupos religiosos luchando por regresarnos a la Edad Media. Por el otro, minorías tratando de sobrevivir.

Por un lado tenemos entidades ultraconservadoras censurando espectáculos como El Circo de los horrores en plazas como Monterrey.

Por el otro, una impresionante cantidad de talentos luchando por montar espectáculos hasta en versiones de 15 minutos.

Esto es una guerra donde todos quieren imponer sus creencias sobre las de los demás y donde, al final, todos vamos a salir perdiendo.

¿Sabe usted dónde se nota más esta inútil y desgastante situación? En industrias como la televisión.

¿Cómo le pueden hacer empresas como Televisa, Tv Azteca y Grupo Imagen para darle gusto a una nación dividida?

Si generan contenidos anticuados, nadie los ve. Si nadie los ve, no se venden.

Si no se venden, el público huye a otras plataformas y cada vez hay más gente, del negocio de la comunicación, con menos trabajo. 

Si se ponen a producir contenidos audaces, las audiencias los miran, pero las asociaciones como A Favor de lo Mejor, y una larga lista de patrocinadores, los rechazan.

Si las asociaciones y los patrocinadores los rechazan, no entra el dinero. Si no entra el dinero, cada vez hay más gente, del negocio de la comunicación, con menos trabajo.

En resumen: se haga lo que se haga, la televisión pierde. ¡No se vale!

O nos vamos educando y respetando con nuestras similitudes y nuestras diferencias o a todos nos va a ir muy mal.

Y no estoy hablando nada más de televisión. ¡Estoy hablando de México!

¿Por qué le estoy escribiendo esto? Por cuatro razones:

Uno, porque tuve el privilegio de ver por adelantado Llámame Bruna, una serie que se va estrenar este domingo a las 21:00 en el canal Fox1 del paquete Fox+.

Dos, porque llevo semanas observando la magnífica telenovela Verdades secretas todas las noches a las 22:30 en Azteca 13.

Tres, porque todavía recuerdo con muchísimo placer la serie The Girlfriend Experience del sistema Fox Play.

Y cuatro, porque estoy furioso.

Son títulos prodigiosos que jamás podríamos hacer en México por la maldita guerra moralista que estamos padeciendo. ¡Es injusto! ¡Es enfermo!

¡Es un dinero que está dejando de entrar! ¡Un conflicto que se está dejando de abordar! ¡Una aportación cultural que le estamos negando a las nuevas generaciones!

Tanto Llámame Bruna, como Verdades secretas como The Girlfriend Experience son emisiones que giran sobre el tema de la prostitución.

Nosotros, en diferentes momentos de nuestra historia, medio abordamos el asunto con ficciones como Viviana (1978), Santa (1978) y Colorina (1980)

Hoy, que supuestamente tenemos la libertad técnica y editorial para abordarlo como jamás lo habíamos hecho, estamos negados, no podemos, no queremos.

No vaya a ser que las autoridades, las asociaciones y los anunciantes se asusten. No vaya a ser la manga del muerto.

Mejor vayámonos o por asuntos como Tres veces Ana o por el otro extremo, por El Capo y Rosario Tijeras.

¿Sí se da cuenta de la desgracia que esto representa? Es tristísimo, porque si hay un país que lo tiene todo para hacer cosas grandes es el nuestro, pero así, ¡cómo!

Por nada del mundo se vaya a perder Llámame Bruna este domingo en Fox1.

Es una serie brasileña inspirada en la historia real de una adolescente que decide convertirse en la dueña de su vida, de su cuerpo y de su destino.

¿Cómo? Dedicándose a la prostitución hasta alcanzar la cima del éxito como trabajadora, como mujer y como ser humano.

Además, tiene algo fabuloso: es la primera serie selfie de la historia.

Su protagonista es quien nos la narra pero no solo a través de su voz.

Lo hace manejando ella misma la cámara como en esos famosos autorretratos que todos nos estamos tomando en la actualidad gracias al fenómeno de las redes sociales.

Verdades secretas es una maravilla alucinante, causalmente también de Brasil, sobre esa parte muy específica de la prostitución que se esconde detrás del oficio del modelaje.

No sabe usted qué joya, además de que si la compara con Llámame Bruna va a entender, como nadie, las diferencias entre drama y melodrama y la vigencia de ambos géneros.

Qué doloroso que algo tan bueno no pueda ser generado por nuestros canales.

Qué patético que ahora dependamos de las casas productoras extranjeras hasta para algo que antes dominábamos como la industria de las telenovelas.

Por último, si puede, vuelva a ver The Girlfriend Experience o descúbrala a través de Fox Play.

Es una profundísima obra maestra de Steven Soderbergh (Traffic) que lo va a dejar helado, extasiado.

Lo que está pasando en la política, está pasando en el espectáculo, está pasando en la televisión.

Nos estamos perdiendo de muchas cosas buenas y tengo miedo. ¿Usted no?

alvaro.cueva@milenio.com