El pozo de los deseos reprimidos

Televisa y Tv Azteca sin los Olímpicos

Ayer recibí un montón de mensajes de gente eufórica porque Carlos Slim se había fregado a Televisa y a Tv Azteca.

¿Con qué? Con los derechos de transmisión de los Juegos Olímpicos.

La verdad, me molesté muchísimo. Esta nota es vieja. No tiene razón de ser.

La televisión abierta privada nacional lleva años sin los derechos de los Juegos Olímpicos, porque sí, las empresas del señor Slim los compraron, pero hace siglos.

¡Ahora resulta que esto es novedad! Ahora resulta que: lero, lero, que se frieguen Televisa y Tv Azteca. ¿Así o más inmaduro? ¿Así o más instalados en el odio?

Vámonos por partes para que entienda la gravedad del fenómeno de ayer.

Primero, en cualquier lugar del mundo civilizado es común que los derechos de eventos como los Juegos Olímpicos sean adquiridos por una sola empresa para tener una ventaja sobre las otras.

¿Qué tendría de malo que esto sucediera en México si, se supone, vivimos en un marco de competencia?

¿Sí queremos eso o en realidad lo que nos gusta es el monopolio? Definamos, ¿no? Digo, para saber a qué le estamos tirando y dejar de jugar a la doble moral.

Segundo, con todo el dolor de mi corazón le debo decir que en nuestro país los Juegos Olímpicos siempre han sido un mal negocio.

Si no me cree, consulte los ratings. Aunque miles de cibernautas se rasguen las vestiduras, a los mexicanos nos gustan más otros eventos.

Por tanto, así que dijera usted: Slim se va a volver más millonario y Televisa y Azteca perderán hasta la camisa, pues no.

Los Olímpicos se habían convertido en algo así como un servicio a la comunidad. De veras.

Tercero, aquí alguien se quiso adelantar y al hacerlo, jugó mal las fichas.

Uno de los requisitos que el Comité Olímpico Internacional pone para vender los derechos de sus grandes fiestas es que se transmitan en televisión abierta nacional.

Sí, preciosos los cables. Sí, bellísima la internet. Pero digan lo que digan los enemigos de la industria, para esta clase de eventos no hay nada como la televisión abierta no nada más en México, en todo el mundo.

Tengo la impresión de que las empresas del señor Slim, cuando negociaron esto, imaginaron que algún día iban a tener una cadena abierta nacional.

Como a final de cuentas no pudieron, no quisieron o no les convino tenerla, tuvieron que hacer algo con este asunto.

¿Qué? Donárselo no a uno, a todos los canales públicos de México a través de organismos como La Red y el Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano.

Dígame usted con lujo de honestidad: ¿donar esto fue un buen negocio?

Y es que, por más que las maravillosas plataformas digitales de Carlos Slim vendan publicidad, las tarifas no se comparan a las de la televisión abierta nacional. Punto.

Cuarto, competencia es conveniencia. Bendito Dios que Slim les quiso meter un susto a sus rivales incluyendo ahora a Grupo Imagen Multimedia.

¿Qué me puede decir usted de las coberturas periodísticas que los canales y plataformas deportivas de las empresas del señor Slim han hecho de eventos como Sochi 2014?

¿Han tenido el impacto social que, en su momento, tuvieron Los protagonistas y La jugada olímpica?

¿Han sido de una calidad asombrosa? ¿Han sido dirigidas y conducidas por un auténtico líder del periodismo deportivo? ¿Han hecho historia?

Yo todavía recuerdo unas imágenes de Javier Solórzano tratando de hacer hablar a una modelo vestida con un traje como de leopardo que le pusieron de compañera en Sochi, y me quiero morir de las vergüenza.

¿Esto es lo que los tuiteros estaban celebrando ayer?

Quinto, póngale usted que la gente de Slim todavía no tiene la experiencia para manejar esto. Algún día la tendrá. Eso es lo que todos deseamos.

Concentrémonos en las coberturas especiales que los medios públicos, como Canal 22, han hecho de este regalo del destino.

¿Usted verdaderamente ha encontrado, en esos programas extraordinarios, dominio de la materia, producción de alto nivel y momento memorables?

Perdón, pero hasta en los medios públicos ha habido problemas gravísimos a raíz de estas transmisiones.

¿O qué, ya se le olvidó cuando corrieron al gran Mauricio Mejía de Ludens para poner comediantes?

Sí, es precioso que cada vez que nuestros medios públicos se montan en estas fiestas nos ofrezcan un poco de arte, ciencia y cultura, ¿pero y lo demás? ¡Los Olímpicos son algo más!

¿A dónde quiero llegar? A que esto es un asunto de odio tanto por el lado de los empresarios como por el de los cibernautas y nada que surja a partir del odio puede terminar bien.

Si no me cree, nada más contésteme las siguientes preguntas:

¿A alguien le ha importado el tema de los atletas en este lero, lero?

¿A alguien le ha importado el presente y el futuro del deporte mexicano?

¡Qué desgracia! Mientras sigamos así, odiando y celebrando el odio, no llegaremos a ningún lado. ¿O usted qué opina?


alvaro.cueva@milenio.com