El pozo de los deseos reprimidos

Televisa y "Lo que la vida me robó"

Como usted sabe, el domingo 27 de julio se va a transmitir el capítulo final de la telenovela Lo que la vida merobó de El Canal de las Estrellas.

Estamos hablando de un éxito indiscutible y de un producto particularmente fino. Muchas veces le he escrito de él.

Todas las personas que participaron en la cadena de producción de esta joya se deben sentir particularmente satisfechas, desde el más humilde de sus técnicos hasta su gran productora ejecutiva pasando por actores, escritores, directores, editores y musicalizadores.

Las preguntas, obviamente, ya no son quién se va a quedar con quién, qué clase de castigo va a recibir el villano o cuál fue el beso más apasionado.

Aquí hay algo muy importante que se tiene que discutir entre fanáticos, anunciantes, ejecutivos y académicos: ¿Cómo debe ser, ahora, el melodrama estelar de Televisa?

Fíjese lo que le estoy preguntando porque ya no vivimos ni en los tiempos de Fuego en la sangre (2008) ni en los de Cuna de lobos (1986).

Tenemos una industria muy dispersa, un momento político francamente complicado, muchos tipos de televisión, la participación de países que en otros tiempos ni siquiera hubieran soñado con hacer telenovelas y el tema de las redes sociales.

Por más que los nostálgicos quieran volver a El extraño retorno de Diana Salazar (1987) o por más que los vanguardistas sueñen con que en el consorcio de Emilio Azcárraga se ponga a hacer puras emisiones como PabloEscobar, el patrón del mal (2012), no se puede.

Ése no es nuestro contexto. Ése no es nuestro mercado. Lo que la vida me robó nos debe poner a pensar.

¿Cómo debe ser, ahora, el melodrama estelar, la telenovela nocturna más importante de Televisa?

Si hacemos un recuento de las últimas producciones que han ocupado ese espacio podemos llegar a conclusiones fundamentales.

¿Como cuáles? Como que ese horario, más que servir para el lanzamiento de historias nuevas, se está quedando como el horario de los refritos.

Corríjame si me equivoco, pero desde que desaparecieron las telenovelas de las 22:00 como Alma de hierro, los melodramas que más han funcionado ahí han sido títulos como Amores verdaderos (2012), Abismo de pasión (2012) y Soy tu dueña (2010).

Amores verdaderos era remake de Amor en custodia (2006), Abismo de pasión de Cañaveral de pasiones (1996) y Soy tu dueña, de La dueña (1995).

Nada que ver ni a nivel comercial ni a nivel opinión pública con el “fracaso” de historias “nuevas” como Latempestad (2013) y Dos hogares (2011).

¿Qué nos está tratando de decir el público que se está quedando a ver televisión abierta nacional en este momento histórico al otorgarle su preferencia a esta clase de historias?

¿Que más que historias nuevas, prefiere las historias conocidas? ¿Que prefiere la certeza de lo viejo a la incertidumbre de lo nuevo?

¿Que somos un país de tradiciones y que las telenovelas ya entraron en ese rubro como las películas de Pedro Infante y las canciones de Agustín Lara?

Ahora, cuando hablamos de historias viejas no necesariamente nos estamos refiriendo a cuestiones antiguas.

Lo que la vida me robó ha tocado conflictos más que arriesgados para las audiencias conservadoras del siglo XXI como lo del villano sin testículos o como la relación entre ciertos políticos y el crimen organizado.

¿Entonces qué está pasando aquí? Tal vez los refritos solo sean un pretexto para cosas superiores. Tal vez estemos ante algo trascendental.

Hoy, la marca telenovela está más que desprestigiada. Tanto, que más de un productor, más de un actor y más de un escritor, en lugar de referirse a su trabajo por su nombre, prefiere llamarlo teleserie o serienovela.

Increíble pero cierto: ¡Les da vergüenza hacer lo que hacen!

Hoy, el sueño de nuestros mejores talentos ya no es ni trabajar en México ni hacer telenovelas.

Se quieren ir a Hollywood o, mínimo, a Miami, y hacer series, cine, lo que sea menos melodramas seriados. ¡Están despreciando sus propias raíces!

A esto súmele que hoy, como nunca, las telenovelas estelares de Televisa no tienen competencia. Azteca y Cadenatres están transmitiendo puros enlatados telenoveleros de Brasil o de Colombia.

¿Ya se había dado cuenta? Desde 1993 que no veíamos algo así.

Luche por ver los últimos capítulos de Lo que la vida me robó por El Canal de las Estrellas y reflexione: ¿Cómo deben ser, ahora, los melodramas nocturnos más importantes de Televisa?

¿Por qué tienen que ser así? ¿Qué pasaría si fueran diferentes? ¿Qué pasaría si los produjeran o si los protagonizaran personalidades diferentes? ¿Triunfarían? ¿Fracasarían?

¿Qué dice esto de nosotros como nación? ¿Es bueno? ¿Es malo? ¿Le podría servir a lo que viene en camino como Hasta el fin del mundo que se estrena el próximo lunes?

Usted tiene la última palabra. Espero su respuesta.  

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