El pozo de los deseos reprimidos

Dos de Televisa


Le voy a hacer una confesión: Marjorie de Sousa no era santa de mi devoción.

A lo mejor la señora es un magnífico ser humano, una mujer tierna, inteligente y llena de cualidades, pero a mí me caía mal. Punto.

Su llegada a las telenovelas de este país se me hizo demasiado forzada, su estilo de actuación no me convencía y si nos detenemos en sus primeros personajes, peor.

¡A quién se le ocurrió ponerle a esta actriz la etiqueta negativa, la etiqueta de villana, para luego convertirla en víctima, en heroína! ¡A quién!

El caso es que yo no daba ni dos pesos por ella y lo único que estaba esperando era que se fuera a otro país a continuar con su carrera.

Pero ocurrió un milagro, la integraron al elenco de Sueño de amor y la adoré.

¿Por qué? Porque su gran encuentro con el galán de este historia, con Cristian de la Fuente, fue maravilloso.

Imagínesela preciosa, interpretando a una mujer que sale a correr a los parques de la Ciudad de México.

Por ahí, de repente, trota al lado de Ricardo Alegría (Cristian de la Fuente), quien está calentando sus músculos, agachado, distraído.

¡Pero qué cree! En ese momento pasa un tipo, como hay muchos, y aprovechando la situación, manosea las nalgas de la señora y sale corriendo.

Ella, digna, se voltea molesta, mira a Ricardo, cree que fue él quien le faltó al respeto, lo cachetea y le reclama.

Los dos discuten, ninguno se deja y al final ambos acaban más que enemistados para lo que seguramente sucederá en esta producción de Juan Osorio.

¿Qué tiene esto de milagroso? Que Marjorie cambió su posicionamiento por el de una persona comprometida con el respeto hacia los demás, con el respeto hacia las mujeres.

Si a esto le sumamos que justo lo que su personaje vivió es uno de los temas que más se están discutiendo en todos lados en este momento, el resultado es sensacional.

Yo, por lo pronto, ya creo en Marjorie de Sousa y ya me acabé de convencer de que Sueño de amor es una de las mejores telenovelas que se han hecho en este país en los últimos años.

Todos los conflictos que se están manejando son de una actualidad sorprendente, tenemos magníficos momentos de comicidad a cargo de figurones como Carmen Salinas y Rodrigo Vidal, ¿y qué me dice del asunto del cáncer?

¿A usted no se le hace todo esto una oportunidad de oro para acabar de celebrar esta telenovela?

Por favor, mírela. Creo que la llegada de la señora De Sousa a este elenco lo va a convertir en algo todavía más impresionante. ¿O usted qué opina?

‘EL JUEGO DE LAS ESTRELLAS’

A propósito de Televisa, en El Canal de las Estrellas, desde la semana pasada, los martes y jueves, se está transmitiendo un programa de concursos titulado El juego de las estrellas.

¿Qué le puedo decir de él? Que es buenísimo, realmente grande, chistoso, emocionante, adictivo.

Las razones son muy simples: se trata de un concepto novedoso que combina ideas con destreza física, un espectáculo que hace que uno se involucre en casa.

La conducción de Héctor Sandarti se me hace espléndida, dinámica, atinada, y la selección de invitados, de lo mejor.

¿Sabe quiénes son las personas que participan en estas dinámicas?

Grandes figuras de Televisa que a diferencia de las que salen en Recuerda y gana, no están choteadas, hombres y mujeres con excelente imagen pública, talentos de verdad.

Desde Ernesto Laguardia hasta Cynthia Klitbo pasando por quien usted quiera, guste y mande de las telenovelas y la animación.

Qué pena que este excelente concepto esté programado en una frecuencia tan rara porque nadie mira la televisión solo los martes y los jueves, y porque si estuviera diario o una vez a la semana, en una posición todavía más estratégica, sería un cañonazo de audiencia.

¡Pues de qué trata El juego de las estrellas! De poner a las luminarias a parir chayotes tratando de responder preguntas de lo más básicas de cultura general, espectáculos y hasta de matemáticas pero con algo muy especial.

¿Qué? Que mientras lo hacen tienen que estar resolviendo diferentes tareas físicas, como acomodar botellas en movimiento o ponerle pilas a unos juguetes, a lo largo y ancho de una plataforma en movimiento.

No sabe usted qué proyecto tan más divertido porque hay problemas razonados que a lo mejor suenan muy bobos cuando uno los escucha, pero que a la hora de tratar de resolverlos mientras se están haciendo otras actividades, se convierten en la cosa más complicada e hilarante del universo.

Claro, si El juego de las estrellas, en lugar de durar una hora, durara solamente 30 minutos, estaría mucho mejor.

Pero no importa, la televisión abierta privada nacional necesitaba algo nuevo, algo bueno y El juego de las estrellas va precisamente en ese sentido.

Por favor, búsquelo porque tengo la impresión de que le va a gustar mucho y que se va a convertir en uno de sus programas favoritos. ¿A poco no?

alvaro.cueva@milenio.com