El pozo de los deseos reprimidos

Televisa, Azteca y el futuro

Muchas personas me han estado escribiendo para pedirme mi opinión sobre asuntos como la decadencia de El Canal de las Estrellas y el próximo estreno de una producción brasileña en el horario más importante de Azteca 13.

Lo hacen porque asumen que es algo malo, que nuestras televisoras están fracasando y hasta le echan la culpa a Carlos Slim.

Mire, aquí está pasando algo importante, pero no va por ahí.

Nuestras televisoras, las de toda la vida, desde Televisa hasta el canal público más pequeño de la ciudad chica, siguen funcionando como siempre.

¡Pero cómo si los ratings dicen otra cosa, si cada vez hay más personas en la televisión de paga, y si las redes sociales están acaparando a las multitudes!

Lo que pasa es que estamos viviendo un fenómeno de compactación maravilloso, espectacular, y, tristemente, casi nadie se ha dado a la tarea de explicárselo a usted, el televidente.

Quienes tenemos un poco más de edad y vivimos los tiempos de Raúl Velasco, Chespirito y Mirada de mujer, crecimos con una idea muy específica de la televisión abierta.

¿Cuál? Que este medio era la cosa más poderosa del universo, que ahí se hacían producciones que paralizaban países enteros y que ahí el dinero brotaba de las paredes.

Tal vez así fue antes. Hoy, no. La televisión abierta del siglo XXI, por mil razones, ya no puede ser así.

¿Entonces se está muriendo? Sí, yo sé que muchos especialistas, sobre todo en las universidades, gozan anunciando el fin de la televisión.

La verdad es que no. Así como la radio y el cine no murieron cuando dejaron de convocar a las multitudes en aquellos teatros monumentales, la televisión no morirá, evolucionará.

¿Hacia dónde? Hacia un esquema mucho más efectivo que seguirá cumpliendo con sus objetivos de ventas, información, entretenimiento y formación.

¡Es que ahora estamos llenos de puros programas basura, de importaciones, de refritos! ¡Es lo peor!

Sí y no. La mayoría de esos programas existen por desesperación, porque, ante el no saber asumir los cambios, muchos productores están luchando por convocar y vender como se convocaba y como se vendía antes, y la única manera que han encontrado para llamar la atención ha sido la estridencia.

Esto, con el paso el tiempo, desaparecerá porque es una trampa, un espejismo que terminará por fastidiar al público y a los anunciantes.

En la televisión del futuro, como en la del pasado, la clave del éxito va a estar en los repartos y en los contenidos. Solo en eso.

A todo esto que le estoy diciendo, súmele una peculiaridad de la televisión mexicana: aquí, las televisoras, producen y transmiten.

En otras partes del mundo, no. Una cosa es la televisión, las señales. Y otra, la televisión, las casas productoras.

Por eso, si usted se fija, al final de muchos programas extranjeros aparecen dos, tres y hasta cuatro logotipos de diferentes compañías.

En México, no. Aquí nos aferramos a un modelo que a lo mejor nos funcionaba en el pasado, pero que hoy es insostenible.

¿Para qué quiere una televisora, por ejemplo, tener más de 10 foros gigantescos, carísimos, con una planta laboral inmensa y teniendo que pagar barbaridad y media en servicios, sindicatos y sucursales anexas si hoy se puede producir mucho mejor, más barato y bajo otras condiciones? ¡Para qué!

Lo que está pasando en Televisa y Azteca es una reacción lógica ante los nuevos tiempos.

Cada vez van a producir menos, apelando a recursos mucho más eficientes en términos económicos, e incluyendo más refritos y más enlatados como parte de su programación.

Y lo mismo va a pasar con los canales que lleguen en los próximos años.

Por nada del mundo se vaya usted a imaginar que quienes ganen las concesiones que el gobierno va a otorgar próximamente van a producir como se producía en los tiempos de Raúl Velasco, Chespirito y Mirada de mujer.

Eso ya fue, pasó, terminó. La nueva televisión abierta va a ser como Cadenatres: poca producción propia dramatizada, pero compartida, mucha importación, presupuestos mesurados y un gran reality de vez en cuando. No hay de otra.

El mercado nacional no da para más. No va a haber más anunciantes. Los que hay, van a dividir sus presupuestos en rebanadas cada vez más pequeñas y al final, hasta El Canal de las Estrellas y Azteca 13 terminarán por ajustarse a esto.

¿Entonces por qué le digo que esto es maravilloso y espectacular? Suena horrible.

Para mí es maravilloso y espectacular porque todo esto va a purificar al medio. Se van a quedar quienes realmente quieran trabajar, quienes realmente quieran crear y atender al público.

Y eso será sensacional, obligará a la industria a ser más fértil. creativa, competitiva. Al final, todos saldremos ganando. La cosa es que aprendamos a vivir y a sobrevivir a este período de transición, de recortes, de hacer más con menos. ¿O usted qué opina?

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