El pozo de los deseos reprimidos

Televisa, Azteca, ESPN y Fox Sports

Estoy emocionado, pero al mismo tiempo asustado. ¿Por qué? Por la final de la UEFA Champions League que millones de personas sintonizamos en vivo el sábado pasado.

Obviamente no necesito decirle por qué estoy emocionado. Fue un partidazo. Y los últimos minutos, sensacionales. ¡Adrenalina al 100!

Ahí es donde uno entiende la belleza del futbol. Ahí es donde uno entiende que los deportes y la televisión son los aliados perfectos.

Todavía me acuerdo y no puedo evitar que se dibuje una sonrisa en mis labios. Fui tan feliz que lo menos que espero es que toda esa euforia se repita en Brasil.

¿Entonces por qué estoy asustado? Por las coberturas. Así como detecté unas cosas fantásticas, detecté otras que me pusieron muy mal.

No puedo creer que a estas alturas de la historia empresas como Fox Sports y Televisa se equivoquen de semejante manera.

Pero vámonos por partes para que nos podamos entender.

Independientemente de mil y un opciones que muchas personas tuvieron para ver ese partido por internet o por sofisticados sistemas que las conectaron con Europa o con Estados Unidos, ¿cuáles fueron las transmisiones más socorridas en México?

En televisión abierta, las de Televisa y Azteca. En televisión de paga, las de ESPN y Fox Sports. Que me disculpen los demás, pero por razones de audiencias, solo me voy a meter con estas cuatro señales.

¿Quién lo hizo mejor en televisión abierta? Azteca.

Es increíble la magia que los narradores de la televisora del Ajusco han conseguido en materia de futbol, pero esa tarde Luis García y Christian Martinoli estuvieron de alarido.

No había manera de escucharlos y de no pasarla bien, de no divertirse, de no gozar escuchándolos gozar a ellos, de lo bien que se llevan, de lo bien que se entienden, de lo mucho que saben y de lo muchísimo que disfrutan del futbol.

No solo estamos hablando de comunicación deportiva, estamos hablando de comunicación emocional y de comunicación aplicada al entretenimiento. Es de lo más completo que hay en toda la industria. ¡Felicidades!

¿Quién lo hizo mejor en televisión de paga? ESPN. Nadie trabajó más horas en un equilibrio más perfecto que estos señores.

Lo más admirable es que supieron, una vez más, establecer una diferencia respecto a las nuevas reglas de la televisión abierta y de los cables y de las antenas directas al hogar.

Esa mesa entre José Ramón Fernández, Fernando Palomo, Hugo Sánchez y Tato Noriega fue espectacular porque representaba posturas, mercados, ideologías. ¡Lo tenía todo!

¿Y sabe qué fue lo más gratificante? Que nadie, ni por un momento, se dejó de mostrar entusiasmado, apasionado e inteligente. ¡Tremenda! ¡La cobertura de ESPN fue tremenda! 

Ahora hablemos de lo malo. Vámonos en orden ascendente, de lo menos peor a lo pésimo. Arranquemos, por eso mismo, con Fox Sports.

Me queda claro que Fox Sports es una gran marca, que tiene muy buenos aparatos, y talentos, para dar y regalar.

¿Entonces por qué digo que ESPN le ganó en la final de la Champions? Porque siento un problema muy grande de identidad e integración.

Ver Fox Sports no es ver un canal especializado en deportes, es ver a dos canales que todo el tiempo están tratando de competir entre ellos en lugar de competir contra sus verdaderos enemigos.

¿Y cuáles son esos canales? El del norte y el del sur, el de los norteamericanos y el de los sudamericanos.

Es horrible que Raúl Orvañanos, Mariano Closs, Luis Omar Tapia y Fernando Niembro estén en una misma mesa, que unos digan que somos Sudamérica y que los otros, por evitar el conflicto, se queden callados.

Por lo mismo, ahí todo es frío, diplomático, más como de canal de noticias que de deportes. Urge corregir.

Hace rato le dije que íbamos de lo menos peor a lo pésimo. ¿Quiénes fueron lo pésimo? Televisa.

Sí, sus ejecutivos tienen la sartén por el mango porque cuentan con muchas de las más importantes plataformas de distribución y porque decidieron poner aquello en El Canal de las Estrellas, lo cual es garantía de rating aún sin hacer televisión.

Pero su gente de deportes está no mal, lo que le sigue, y a las pruebas me remito:

No puede ser que Javier Alarcón se ponga a pelear al aire, de verdad, no en broma, con su gente, y que sus subordinados le contesten en mal plan, también de verdad, no broma, tal y como se puede constatar en el minuto 87:55 de la transmisión.

Javier le preguntó a uno de sus narradores que si no vio una toma, lo cual, para cualquier narrador que se respete, es una auténtica falta de respeto.

Y el señor, harto, le respondió con un cortante “Yo insisto” y remató con un “¡En fin!”, como para callarle la boca. Javier es su jefe. Ni modo de ponérsele al tú por tú.

Estas cosas no pueden suceder, punto, ni en deportes ni en ninguna otra fuente. Si no hay armonía, no hay televisión. ¿O usted qué opina?

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