El pozo de los deseos reprimidos

Telenovelas I

Desde hace mucho que le quería escribir de Siempre tuya Acapulco pero, entre Sochi 2014, que fue cuando se estrenó, y 14 mil estímulos periodísticos más importantes que esta telenovela de Azteca 13, no había podido.

Siempre tuya Acapulco es una de las aberraciones más grandes de la televisión mexicana reciente, un error que no termina nunca.

¿En qué me baso para decirle que esto es una aberración? ¿Acaso en una cuestión de lógica o de mal gusto?

No, en el profundo desconocimiento de las reglas de este género por parte de las personas que compraron esta historia.

Mire, le voy a explicar: en el negocio de las telenovelas hay algo que se llama formatos internacionales.

No es lo mismo una telenovela mexicana que una telenovela colombiana, que una telenovela rusa o que una telenovela coreana.

Cuando el mundo habla de telenovelas mexicanas, habla de un tipo muy específico de melodrama donde, aunque se digan las cosas más rudas del universo, como en Las trampas del deseo, o aunque se cuente la historia más vista de todos los tiempos, como en Lo que la vida me robó, siempre se espera lo mismo.

¿Qué? Un espectáculo de sentimientos que gira alrededor de cuestiones absolutas como el amor, el odio, la maternidad, la fidelidad y la virginidad.

Por lo mismo, nuestros melodramas son muy lacrimógenos, muy intensos y obedecen a un montón de reglas que, a pesar de las adaptaciones de títulos de otras épocas y de otros países, funcionan.

Siempre tuya Acapulco no es una telenovela del formato México, es una telenovela del formato Miami.

Si la hubiera hecho Univisión y Azteca la hubiera comprado enlatada, la estaríamos elogiando como elogiamos Sacrificio de mujer.

Pero no, la televisora del Ajusco la está haciendo como suya y el resultado es un conflicto de marca, de identidad, pavoroso. Aquello no parece de Azteca, no parece mexicano. ¡Es de Miami!

En el formato Miami nada es absoluto, es más importante que pasen 90 cosas por capítulo a que exista la más mínima noción de lógica, se vale que cada actor hable con un acento diferente y no pasa nada si todos nos encueramos a la menor provocación.

Aquí no. Aquí es México. Aquí nadie, por ejemplo, le puede poner a la heroína de una telenovela el nombre de Olvido, porque no suena como debe sonar, suena a mentada de madre, a broma, a burla.

¡Bueno, qué acaso aquí no le ponemos a muchas de nuestras heroínas el nombre de la Virgen, porque quien protagoniza una telenovela representa nuestros más altos valores!

¡Qué aquí no buscamos el nombre más barroco de todo el planeta, porque estelarizar una telenovela es el más grande de los honores! ¡Hasta en los anuncios de Ace juegan con eso!

¡Cómo fue que alguien permitió que una heroína de telenovela mexicana se llamara Olvido!

¿A dónde se fueron María Inés, Marimar, Maricruz, Victoria, Valeria, Viviana, Teresa, Alejandra Pastora y Natalia de Jesús? ¿Cómo fue que pasamos de eso a Olvido? 

No, y ni hablemos del título de esta emisión, porque nos podemos morir del coraje. En la expresión Siempretuya Acapulco, la palabra Acapulco es una imposición.

Aquello se debió haber llamado Siempre tuya en Acapulco, pero puesto así está mal. No es inglés como en Gossip Girl Acapulco. ¿Será que no hablan español las personas que diseñaron eso o qué?

Tan bonita que es la palabra Acapulco de Acapulco, cuerpo y alma. Tan bonito que es nuestro idioma. ¿Por qué no lo podemos usar bien? ¡Por qué!

Y esto es una crítica a escala macro, ¿qué me dice a escala micro?

¿Qué me dice de esa historia donde los personajes hacen lo que nadie haría el día de su boda? Sobreviven a un avionazo, pero quedan ciegos por un golpecito, luego pierden la memoria, más tarde la recuperan pero, cuando la recuperan, no se acuerdan ni a quién embarazaron.

¡Y esos son los galanes! ¡Los tipos que debemos admirar! ¡No, y qué me dice de las mujeres, de los villanos y de unos personajes cómicos que andan por ahí y que, ante las incongruencias de este modelo, se ven más serios que los otros caracteres!

Siempre tuya Acapulco no tiene perdón de Dios y, ojo, no estoy hablando mal de su reparto o de la indiscutible fortuna que sus responsables están invirtiendo en locaciones.

Muchos de esos actores, incluso los nuevos, valen oro, y por ahí se observan destellos de todo tipo, de algo que, con otro sustento, pudo haber sido importante.

Pero este proyecto no era para México, no era para Azteca. A ojo de buen cubero, alguien lo tenía ahí, para Estados Unidos, pero algo raro pasó y terminó acá, entre un remake colombiano (Corazón en condominio) y un enlatado brasileño (Avenida Brasil).

¿Resultado? La aniquilación total de la identidad de la barra telenovelera de Azteca 13.

¿Ahora entiende la gravedad de este asunto?  No es una cuestión de lógica o de mal gusto, es un conflicto de marca. ¿A poco no?

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