El pozo de los deseos reprimidos

Telenovelas/III

Yo quería que me gustara mucho El color de la pasión, la nueva telenovela de las 18:20 de El Canal de las Estrellas.

¿Por qué? Porque es una historia original, porque la escribieron Cuauhtémoc Blanco y María del Carmen Peña (Cadenas de amargura), dos de mis autores favoritos, y porque la produce Roberto Gómez Fernández (El juegode la vida), un hombre audaz que nos ha regalado muchas joyas.

Si uno, como crítico, aspira a que esto mejore, lo primero que debe hacer es apoyar la creación de historias originales y el trabajo de la gente valiosa.

¡Pero qué cree! Hasta el día de hoy no puedo con El color de la pasión, no me gusta y mire que hay muchas cosas peores en el firmamento telenovelero.

¿Y por qué no me gusta? Porque no siento que esté viendo una telenovela ni de Cuauhtémoc Blanco, ni de María del Carmen Peña ni de Roberto Gómez Fernández.

Siento que estoy viendo una lucha de poderes entre los escritores y el productor, siento que estoy viendo el trabajo de alguien que apenas está empezando en este negocio. ¡Está raro!

Vámonos por partes para que usted entienda lo que le quiero decir.

¿Cómo son las telenovelas de Cuauhtémoc y María del Carmen? Muy buenas, siempre tienen a unos villanos excepcionales y hay algo que las distingue: su manejo de los antecedentes.

¿Qué es esto? Muchos capítulos que narran cómo fue que nacieron los protagonistas, por qué son como son, por qué sus familias se odian, etcétera.

Sí, yo sé que algunas personas dicen: ¡Ay, qué flojera! La gente ya no tiene tiempo para esas cosas. Mejor vámonos directo sobre la acción y arreglemos todo con flashbacks.

Mire, yo respeto cualquier punto de vista, pero creo que hacer lo que hacen estos escritores se vale. Algunas de las mejores telenovelas de hoy y de siempre, como la mismísima Avenida Brasil, han utilizado este recurso con gran éxito.

El problema es que los antecedentes, aunque sean antecedentes, se deben producir con la misma calidad de lo que será el resto de la telenovela y en El color de la pasión no fue así.

La semana de antecedentes de este melodrama seriado fue una porquería, producida a mil por hora, con unos actores elegidos más por su apariencia que por lo que pudieran aportar y con un montón de irregularidades.

¿Me creería si le dijera que durante los tres primeros capítulos vimos completa la entrada de esta telenovela pero sin nombres? ¿Como para qué si al mirarla nos íbamos a enterar de todo lo que iba a pasar ahí?

El color de la pasión no es Marimar, no es una historia predecible tipo Cenicienta. Aquí sí importan los secretos, el factor sorpresa, todo. ¡La desgraciaron!

No, y ni perdamos el tiempo desmenuzando algunos acentos, algunas actuaciones o algunas escenas que eran cruciales, como la del viejo truco del barandal que se rompe, porque entonces sí nos deprimimos.

Si vas a contar antecedentes, cuéntalos bien o mejor no los cuentes. Lo más importante de una telenovela es su arranque y El color de la pasión arrancó mal. ¡No lo puedo creer!

Ahora hablemos del productor. ¿Cómo son las telenovelas de Roberto Gómez Fernández? Vanguardistas. Don Roberto, así haga cosas cómicas, así haga melodramas para chavos, siempre está en la innovación.

Uno ve El color de la pasión y no siente nada de eso, es como si no lo estuviera haciendo el responsable de Alma de hierro, como si no lo estuviera haciendo el genio que inventó Para volver a amar.

Y lo más triste de todo es que, aunque no la comparáramos con sus trabajos anteriores, internamente tiene inconsistencias gravísimas desde el título hasta el tema musical pasando por el reparto definitivo, la edición, el manejo de locaciones y más, mucho más.

¿Puede existir un título que nos diga menos que El color de la pasión? Suena a Angelitos negros, a El alma notiene color.

¿Qué tiene que ver ese nombre con la triste historia de una chica que está condenada a sufrir eternamente por el odio de su tía? ¡Qué!

¿Qué tiene que ver esa cancioncita que dice que hoy es un buen día y no sé cuántas cosas más ante una historia donde el valor predominante es el sufrimiento? ¡Qué!

¿Cómo es posible que un mujerón como el personaje de Claudia Ramírez haya luchado a muerte por quedarse con un señor como el que interpreta René Strickler y que, después de años, le ponga el cuerno con un escuincle insignificante? ¡Cómo!

¡Eso la deja como tarada! ¡Ella tiene que ser la más admirada, la más temida, la más respetada de todos! ¡Cómo!

¿Ahora entiende? Tenemos un buen texto, pero tenemos una mala interpretación. Ni se siente el peso de los escritores, ni se siente el estilo del productor. ¿Qué fue lo que pasó aquí?

Obviamente esto apenas está empezando y es casi un hecho que crecerá porque se siente el peso de una estructura pero yo esperaba unos capítulos iniciales mucho más dignos. ¿Usted no? 

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