El pozo de los deseos reprimidos

Telenovelas /II

Lo que sucedió el domingo pasado es grave. ¿Por qué? Porque representa un atentado contra una parte muy sensible del patrimonio cultural-mediático de los mexicanos.

Por supuesto, me refiero a los Premios TVyNovelas que, como nunca en su historia, se esmeraron en agredirnos como público, en faltarle al respeto al producto más importante de la televisión nacional y en terminar de desprestigiar a Televisa.

Jamás habíamos visto una ceremonia tan mala, tan barata y tan cínica, y mire que esta premiación tiene una larga historia de terror.

Se lo voy a decir una vez más: una revista que se dedica a destruir la reputación de las estrellas no puede jugar a “Fíjate que ahora soy muy digna y que te voy a entregar un premio por la calidad de tu trabajo”.

¡Es demencial! Es la doble moral llevada al extremo.

Igual, usted no puede fingir que está organizando un evento de gala si cada cinco minutos va a interrumpir la transmisión para anunciar toallas íntimas o zapatos de catálogo.

La menstruación no es chic. ¡No lo es! Los zapatos de catálogo no son sinónimo de glamour. ¡No lo son!

Volvemos a lo mismo. ¿Qué es lo que le estamos enseñando a la gente? ¡A torcer sus valores!

¿A qué me refiero cuando le hablo de que los Premios TVyNovelas nos agredieron como público?

A un momento muy, pero muy delicado, cuando un grupo de estrellitas marineras se tomó una foto con un celular, para las redes sociales, imitando a las grandes luminarias del Oscar.

Obviamente fue algo lamentable, pero a mí lo que me preocupa no es eso, sino el mensaje.

Esos actores saben que no son las leyendas de Hollywood, saben que esa asquerosa fiesta de empleados no es el Oscar y a pesar de eso, lo hicieron como diciéndonos:

“Somos mediocres y no nos importa. Nosotros hacemos lo que queremos, nosotros tenemos el poder y nos vale madre lo que tú y la gente del Oscar piensen de esto o de cualquier otra cosa”.

¿Ya le quedó claro lo de la agresión? ¿Ya le quedó claro cuando le hablo de cinismo?

Esto debió haber sido grande, debió haber sido precioso y no fue, lo improvisaron en el patio de unas oficinas de Televisa olvidando que la elegancia de esta clase de ceremonias comienza por el teatro que les sirve de sede.

Cero sentido de la emoción, del suspenso. Todo era frío, acelerado.

La bronca no es de credibilidad, como han insistido en corregir los organizadores de esta fiesta en los últimos años poniendo a votar en vivo a unos jueces que, por supuesto, no pertenecen a un cuerpo colegiado y que no tienen más criterio para votar que sus gustos personales.

La bronca es que da lo mismo que perengano o que perengana se lleven la estatuilla porque el Premio TVyNovelas no significa que les vayan a pegar más, que les vayan a dar mejores papeles ni nada de nada.

Es más, el Premio TVyNovelas no cumple con el punto número uno de este tipo de eventos que es impulsar la calidad y estimular a la industria para que crezca, para que mejore.

Yo sí estoy muy decepcionado porque, independientemente de que éste es un evento de una sola televisora, es un ejercicio de autoengaño.

Es hacerle creer a un puñado de empleados que están viviendo su Golden Globe cuando la triste realidad de las cosas es que lo que se está haciendo en esa pantalla tiende a ser cada vez más repetitivo y limitado.

Obviamente nunca falta el ganador o el perdedor que se la cree, porque en el mundo del espectáculo el reconocimiento es básico, pero, por favor, abramos los ojos. Nadie merece un trato así.

¿A usted no le dio pena, por ejemplo, el homenaje a los muertos?

Deje usted el playback y la sobreactuación de Edith Márquez, no había manera de ver esas imágenes ni de entender esas letras góticas tamaño minimosca que entraban y salían a toda velocidad.

¡Y eso que se trata de los muertos! ¡De respeto total!

¿A usted no le dio pena ajena la porquería de guión de ese evento?

¡Pobres conductores! Obligados, por la falta de contenidos, a decir todo el tiempo que se veían muy guapos. ¡Bueno, ni la directora de la revista pudo decir algo interesante!

¿De qué sirven 20 mil plataformas y todo lo que se anunció si no había nada que decir y si lo único importante era escupir estatuillas contra reloj en un asunto predecible y lleno de ausencias?

Este no es un asunto ni de televisoras, ni de lógica, ni de buen o de mal gusto. Es un tema que se tiene que discutir por su valor simbólico y por todo lo que representa para nuestros medios y para nuestra sociedad.

Le guste a quien le guste o le moleste a quien le moleste, las telenovelas son importantes y mientras sigan recibiendo el trato de subproducto de cuarta que recibieron el domingo pasado, jamás van a volver a brillar como brillaron en alguna época.

En consecuencia, nuestros estándares de calidad se seguirán relajando en caída libre y al final todos saldremos perdiendo. ¿A poco no?

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