El pozo de los deseos reprimidos

'Simplemente' un desastre

Pocas cosas son más fáciles en la vida que hacer garras el arranque de Simplemente María, la nueva telenovela de las 16:15 de El Canal de las Estrellas.

¿Por qué? Porque es el lugar común del lugar común y no de hoy, de siempre.

¿Por qué cree usted que la adaptación de 1989 con Victoria Ruffo era fársica? Porque aquello, en aquella época, estaba más que superado por el tiempo y el espacio. ¡Imagínese ahora!

¿Cuál es el problema de esta versión? Que sus responsables ni le dieron el lugar que le corresponde como gran clásico del melodrama latinoamericano, ni aprovecharon su espíritu para construir un nuevo fenómeno social.

Simplemente María, con otra adaptación, pudo haber sido la telenovela de ruptura que México esperaba. Ya no lo fue.

¿Y por qué ya no lo fue? Porque se hizo sin el más mínimo entusiasmo, sin estrellas de verdad.

Veo aquello y me quiero morir del coraje, parece sketch de Parodiando con una niña bien haciéndola de indígena y con unos galanes que van de lo choteado a lo insignificante.

Jamás nadie nos define ni la etnia ni el lugar de donde viene la protagonista como para no comprometerse con nada y todo es como una fantasía del Fonart, pero en chafa.

¿Por qué? Porque la india no es buena ni para hacer tortillas y las chicas ricas ni para jugar tenis. ¡Entonces, para qué diablos sí es bueno ese reparto! ¡Para qué!

Se nota que grabaron a la carrera, que se preocuparon más por ahorrar que por crear y se olvidaron de lo más importante: el respeto al público.

¿En qué me baso para decirle esto? En la falta de un espíritu genuinamente popular y en un montón de descuidos como haberle puesto el nombre del gobernador del Estado de México al peón más menso de la historia.

No, ¿y qué me dice de la parte del maltrato a los animales en el capítulo uno? Por poco menos que la pelea de gallos que vimos, a Emilio Larrosa lo quisieron quemar en leña verde cuando grabó Amores con trampa.

¿Por qué un televidente del siglo XXI tendría que ver esta telenovela? ¿Cuál es su atractivo? ¿Dónde está su gancho publicitario? ¡En ningún lado!

Es más, ni siquiera hay manera de que nos identifiquemos con los personajes. ¿O qué, usted conoce a muchas chavas de hoy que maten por entrar a un colegio de señoritas?

Caray, qué vergüenza, porque aquí había un clásico, porque la fotografía es espléndida y porque nos urgía ver algo bueno. ¿O usted qué opina?

'DESVENAR'

Hace algunas semanas tuve el enorme privilegio de ver Desvenar en el Centro Nacional de las Artes y hasta el día de hoy no la puedo olvidar.

¿Por qué? Porque no es una obra de teatro, es, como dice su programa, un mole escénico.

Y se lo tengo que decir así porque su autor y director también es el responsable de Psico/embutidos, esa otra gran joya del espectáculo nacional que casualmente también crea arte a partir de la comida.

¿De quién le estoy hablando? Del genial Richard Viqueira.

¿Por qué le estoy escribiendo esto hoy? Porque ocurrió un milagro. Se está reponiendo por una muy corta temporada los viernes a las 20:30 en el Centro Cultural Carretera 45 de la Ciudad de México.

Se lo voy a decir con todas sus letras: ¡no se la puede perder!

Desvenar es una de las más grandiosas experiencias teatrales que jamás se han escrito para definir a México y a los mexicanos.

¿Sabe usted cuál es su punto de partida? El chile.

México es el país del chile y mientras los actores de esta maravilla se la pasan devorando chiles, usted y yo vamos de la historia patria a la religión, de los albures a la botánica y de la risa al horror.

No me volví loco de placer mientras miraba esta maravilla nada más porque Dios es muy grande, pero es de una genialidad inmensa.

Dice lo que yo nunca había visto que se dijera en un teatro, o al menos, que se dijera así, con esa brutalidad, con ese salvajismo, y seduciéndonos con algo que todos adoramos, con la comida.

Acompañan a Richard Viqueira, actuando, Valentina Garibay y Ángel Luna, y no sabe usted qué voces para cantar, qué forma de tocar los instrumentos y qué manera de hacer locuras con las palabras, con el fuego y, por supuesto, con los chiles.

Richard, Valentina y Ángel dejan el alma en el escenario. Le juro que no sé cómo le hacen para recuperarse después de entregarse tanto, pero es algo que uno, como espectador, agradece y que se contagia.

Le juro que me sentí en algo así como un nuevo Laberinto de la soledad, pero teatral y para los hombres y las mujeres de hoy, partiendo de nuestra realidad del siglo XXI, de nuestros referentes, de nuestra eternidad.

No solo se la recomiendo, le suplico que corra a verla y que pase la voz.

Por eso me atrevo a escribirle esto desde ahora, para que aparte la noche del viernes, para que no se vaya a quedar sin su chile.

Larga vida a Desvenar. Larga vida a quienes se atreven a romper esquemas.


alvaro.cueva@milenio.com