El pozo de los deseos reprimidos

Serie de culto

El domingo pasado terminó la segunda temporada de la serie True Detective y voy a tener que intervenir.

¿Por qué? Porque hay mucha gente muy molesta con esta producción de HBO que, por cierto, ha sido profundamente atacada por la crítica de países como Estados Unidos, Inglaterra y Brasil.

¿Qué pasó? ¿Por qué tantas molestias? ¿A qué se debe este increíble fenómeno de rechazo?

Yo creo que porque los responsables de esta obra cometieron dos errores: llamarla True Detective y venderla como la temporada dos de aquella joya, con ese nombre, que millones de personas disfrutamos el año pasado.

Por supuesto que sí hay una relación entre True Detective (1) y True Detective (2), pero es una relación muy íntima, solo para especialistas.

Nada qué ver entre el concepto, el reparto, la música y los escenarios de la inolvidable primera temporada de esta emisión y la segunda.

Está bien que de un tiempo a la fecha se hayan puesto de moda las series que cuentan historias que comienzan y acaban en cada una de sus temporadas como American Horror Story.

Pero hasta en esta clase de formatos, a los que yo llamo series de miniseries, hay vasos comunicantes, personajes que continúan, actores que vuelven a participar.

True Detective (2) va por un lado tan diferente que le pudieron haber puesto otro nombre y nadie se hubiera enterado que formaba parte de lo que en 2014 inició con Matthew McConaughey.

Resultado: muchas personas pensaron que iban a recibir una cosa cuando, en realidad, recibieron otra.

¿Pero sabe qué fue lo peor? Que se pusieron a comparar.

Y qué triste porque esta segunda temporada protagonizada por Colin Farrell vale por si misma y es una de las mejores series de televisión de los últimos años.

Solo que para apreciarla hay que entender por dónde va. True Detective (2), aunque sea televisión premium, no es para un público masivo como Game of Thrones.

Estamos hablando de un tipo de televisión que es como alta literatura, donde uno debe tener el cerebro muy bien puesto para entender la historia, para estudiar a los personajes y atar cabos con la realidad.

A lo mejor no es algo que “venda” mucho, pero es algo que se debe hacer por el bien de la industria y de las audiencias. Es algo que se tiene que hacer para demostrar que la televisión también es arte.

No sé usted pero yo sigo impresionadísimo de todo lo que vi en los ocho capítulos que forman este ejercicio de creación colectiva.

Vi la denuncia más pavorosa que jamás se haya hecho en televisión de la decadencia de nuestro sistema a través de unos personajes brutales, hombres y mujeres tan opuestos que al final todos estaban unidos.

Unidos por la degradación, por el fracaso, pero también por la sed de justicia y por algo tan noble como la paternidad.

Es increíble todo lo que se dijo en esta ficción que aparentemente solo trataba de la resolución de un caso policiaco pero que creció hasta tocar, por un lado, las más altas esferas de poder político y, por el otro, las más bajas pasiones del ser humano.

Hay algunas ideas de True Detective (2) que me gustaría discutir con usted porque vienen mucho al caso con lo que estamos viviendo en México, Estados Unidos y el resto del mundo.

Por ejemplo: ¿conocer la verdad de los abusos que se han cometido, de las cosas que nos han robado y de las historia de muerte que nos rodean, hace alguna diferencia? 

Piénselo bien. ¿De qué sirve conocer la verdad si no va a pasar nada, si jamás se van a reparar los daños y si nunca se va a hacer justicia?

Es todo un tema como lo de la corrupción. Usted no me lo va a creer, porque este prodigio de la televisión internacional se desarrolla en California, pero comienza y acaba con un conflicto inmenso de corrupción política, empresarial y hasta sexual.

¿Y sabe cuál es la única conclusión posible a la que se puede llegar después de verlo? Que la corrupción nunca muere.

Antes lo único que no moría era el amor. Por eso historias como Romeo y Julieta acaban como acaban.

Ahora, gracias a HBO, también podemos establecer una relación entre la corrupción y la muerte, entre la putrefacción y la eternidad.

En este contexto, me parece lógico el triste desenlace de muchos de los personajes de esta historia.

No podían acabar de ningún otro modo. Eran tan sucios que tenían que trascender.

Por eso, en las últimas escenas del capítulo final hay tantas revelaciones tan desgarradoras.

Por eso, insisto, esto que parecía que iba a cerrar mal, acabó cerrando bien, en positivo, esperanzador e, incluso, en femenino.

Mire, no le quiero contar detalles para no echarle a perder la experiencia de True Detective (2).

Lo que quiero es que entienda lo que pasó con esta exquisitez, que la vea como se tiene que ver y que la busque.

True Detective (2) tiene todo para convertirse en una serie de culto. ¿O usted qué opina?

http://twitter.com/AlvaroCueva

www.facebook.com/AlvaroCuevaTV