El pozo de los deseos reprimidos

Mónica Garza: de la televisión al teatro

Qué ciegos están en Tv Azteca. Tienen a Mónica Garza, que además de ser una magnífica comunicadora es una espléndida creadora de contenidos.

Y en lugar de aprovecharla, la tienen en la banca. ¿Esperando qué? ¿Que vuelva a venir el papa? ¿Que les vuelva a demostrar a todos lo que es saber hacer bien las cosas?

Por eso tantos aztecos se están yendo a Televisa. Ya quisieran en el departamento de noticias del consorcio de Emilio Azcárraga Jean una periodista tan carismática y completa como esta señora, especialmente ahora que están anunciando tantos cambios.

¿Por qué le estoy escribiendo esto? Porque Mónica nos acaba de dar una gran lección a todos.

Y cuando digo todos, es todos. Desde Tv Azteca y Televisa hasta decenas de hombres y mujeres que, como ella, son excelentes y están siendo ignorados por las cabezas de la industria de la televisión nacional.

Esta periodista, en lugar de hacer lo que hace la mayoría de la gente, decidió reinventarse y ahora está comenzando, al lado de Ana Karina Guevara, una muy prometedora carrera como productora de teatro.

¿En dónde está la lección? En la manera como Mónica decidió salirse de su zona de confort, arriesgar su dinero, su prestigio, y crear desde inmensos contenidos hasta muchas muy respetables fuentes de trabajo.

¿Cuál es la nota? La admirable congruencia de esta queridísima reportera.

A diferencia de otras figuras que se traicionan a las primeras de cambio, Mónica no está asociando su nombre con la obra más boba que le pusieron enfrente.

No, ella decidió impulsar una propuesta escénica exactamente como la de sus programas y noticiarios:

Conflictos sociales y personales de alto nivel que combinan ideas muy profundas con emociones fuertes, intensas.

El resultado es una suerte de espectáculo inteligente y desgarrador, pero a diferencia de las obras elitistas, muy cercano al público.

Uno lo ve y lo entiende, y reflexiona, y se le parte el alma, y se purifica, y quiere salir a cambiar al mundo.

No se parece a nada que exista en los escenarios mexicanos.

Estamos ante el nacimiento de una nueva manera de contar historias, de acercarnos al teatro, de discutir y mejorar como personas y como sociedad.

El resultado se llama Sánchez Huerta y yo le voy a suplicar que corra a verlo al Teatro Milán de la Ciudad de México los viernes, sábados y domingos.

Y si vive en otro lado, busque la manera de llevarlo a su localidad.

Esto es tan importante y diferente que la función de estreno contó con la participación de Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México; de Gustavo Gamaliel Martínez Pacheco, director general del DIF del Distrito Federal, y de los presidentes de importantes asociaciones civiles.

¿Qué es Sánchez Huerta? ¿Por qué tanto escándalo? ¿En dónde radica su importancia y su diferencia?

Ésta es una obra sobre el suicidio infantil, uno de los conflictos más comunes y peligrosos en la realidad de éste y de muchos países y que nadie se había atrevido a abordar en teatro, mucho menos a abordarlo bien.

¿A qué me refiero cuando le digo abordarlo bien? A que, por un lado, tenemos un glorioso texto de Claudia Ríos y a que, por el otro, tenemos la asesoría de los más grandes expertos en esta materia.

Resultado: una obra poderosa, aterrizada, real, creíble, confiable.

Por si esto no fuera suficiente, al final de las últimas funciones de los sábados y domingos hay debates, donde el público cuenta sus historias y aclara sus dudas precisamente con la presencia de estos asesores.

Sánchez Huerta es un espectáculo obligado para los padres de familia y los maestros de hoy que muchas veces ni se imaginan lo que está pasando con sus hijos.

Además no sabe usted qué puesta en escena tan más divina.

Toda la obra está montada en una isla, literalmente. Agua por un lado, por el otro. ¡Y siempre está lloviendo!

Y mientras el agua cae, las lágrimas de los personajes se mezclan con las del público en una experiencia brutal dirigida increíblemente por Benjamín Cann.

Las actuaciones de Roberto Sosa, Ana Karina Guevara, Mónica Dionne, Damayanti Quintanar y Socorro Miranda son sublimes.

A cada uno le podría escribir una columna completa de tan precioso y rico trabajo.

¡Felicidades! ¡Felicidades por dejar el alma en el escenario! ¡Felicidades por sacudirnos de esa manera que tanta falta nos estaba haciendo!

¿Se fija todo lo que puede pasar cuando una periodista decide sacar la casta, reinventarse y pasar por encima del sistema?

¡Aquí hasta se van a salvar vidas!

¡Bendita Mónica Garza! ¡Qué manera de demostrarle al mundo lo que es querer comunicar! ¡Qué manera de cambiar las cosas! ¡Bravo!

Luche por ver esto. Vale mil veces más la pena que lo que los ciegos directivos de la industria de la televisión mexicana se están sacando de la manga mientras ignoran a sus verdaderos talentos. ¿O usted qué opina?

@AlvaroCueva