El pozo de los deseos reprimidos

"El Rey León"

No cabe duda, en los peores momentos de crisis es cuando se generan los mejores espectáculos de la historia.

Hoy, cuando México y el mundo se la están pasando tan mal, en medio de tantos y tantos conflictos, está a punto de ocurrir algo sensacional.

¿Qué? El estreno de El rey león, mañana, en el Teatro Telcel de la Ciudad de México.

Como usted sabe, muchas fuentes consideran esta obra como el musical más exitoso de Broadway.

Yo tendría que ser el más irresponsable de los periodistas de espectáculos para no rogarle desde hoy, con anticipación, que luche con uñas y dientes por ver esto.

El rey león que se va a presentar en México es precioso, bellísimo, emocionantísimo, chistoso, alucinante.

Cuando usted lo vea no solo se va a sentir orgulloso de México y de su teatro, se va a sentir orgulloso de estar vivo, de tener el privilegio de poder ver algo tan majestuoso, tan perfecto y, al mismo tiempo, hecho con tanto corazón, con tanta alma.

Porque esto no es una franquicia, es algo que se está produciendo bien, desde adentro, desde el corazón de todas y cada una de las personas que participan en su realización.

Se les nota en la mirada, en la entrega, en la manera como se mueven, como tocan cada una de las notas, en la forma en que interpretan cada una de las canciones.

El rey león es la esperanza convertida en teatro, la oportunidad perfecta para que usted y yo recuperemos la fe.

Uno sale tan de buenas después de gozarla que debería ser una obligación para todo el que vive y visita la capital del país.

Pero no, no se deje llevar ni por las apariencias de la película ni por lo que le hayan contado o haya visto de este portentoso show en Londres, Tokio o Madrid.

El rey león de México es nuestro, está tan bien hecho y tan bien adaptado que parece que nos lo diseñaron a nosotros, con nuestras inquietudes, con nuestra forma de ser y hasta con nuestras palabras cotidianas.

Se va a atacar de la risa cuando escuche algunos modismos. Se va a estremecer cuando encuentre la relación que hay entre los conflictos que están en el escenario y los que vive nuestra nación.

Y es que no, El rey león no es la típica obra para niños inspirada en una película famosa.

Esta puesta en escena tiene grandes lecturas políticas y sociales, es muy fuerte y poderosa, tanto en sus aspectos editoriales como en su propuesta estética.

Cuando usted esté en el Teatro Telcel, como estuve yo hace algunos días, no va a dar crédito de lo que va a presenciar.

Ahí, de la nada, entre las butacas, aparecerán elefantes, jirafas y rinocerontes.

África entera se convertirá en algo que le sacudirá el alma y poco a poco se irá involucrando con un montón de animales que le irán contando una historia como de Shakespeare.

Y digo lo de los animales porque los actores están tan bien dirigidos y tan bien caracterizados que su misma vista, como espectador, lo va a engañar.

Habrá momentos en los que no sabrá si vio al actor o al animal, y eso será fantástico, eso será algo que usted no vivirá en ninguna otra parte.

Tendrá toda la inocencia de la infancia, toda la dulzura del primer amor, toda la ternura de la familia, pero también todo el dolor de la pérdida, todo el conflicto de la búsqueda de la identidad, toda la lucha por la justicia y toda la magia de Disney.

Porque esto es Disney, un montaje mexicano con elementos de todas partes del mundo, pero ciento por ciento Disney.

Ninguna otra marca se puede sentir más satisfecha de estar trabajando en este momento en México que ésta. ¡Felicidades, Disney!

Y felicidades también a Ocesa, a Federico González Compeán, a Morris Gilbert, a Julieta González, al Teatro Telcel y a todas las instancias que están detrás de este proyecto.

Valió la pena esperar, valió la pena la inversión, valió la pena todo.

Julie Taymor debe ser la directora más feliz del universo en este momento, igual que Garth Fagan, el coreógrafo.

Lo que consiguieron es exquisito, sí, siempre lo es, pero con el componente mexicano adquirió otra dimensión.

Yo le puedo garantizar que esta adaptación de Armando Manzanero, Aleks Syntek, Erick Merino y Susana Moscatel es única, mucho más picante, romántica, alegre.

¡Es nuestro! ¡Nuestro Rey león!

Y tan lo es que cuando usted vea actuaciones como las de Flavio Medina (Scar), Carlos Rivera (Simba), Fela Domínguez (Nala), Ricardo Zárraga (Zazú), Alfonso Borbolla (Timón), Sergio Carranza (Pumba) y César Enríquez (Banzai), por mencionar solo unas cuantas, se quedará con la boca abierta.

Qué pena que no tenga más espacio para profundizar en esto o en los ensambles, pero nada más el caso de Flavio Medina es de una brillantez sublime. Scar es él. Punto. ¡Es él!    

No cabe duda, en los peores momentos de crisis es cuando se generan los mejores espectáculos de la historia. Estos son los tiempos de El rey león. ¡Hakuna matata! 

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