El pozo de los deseos reprimidos

"Regalo de Dios"

Si usted estaba buscando una buena telenovela, un melodrama diferente, precioso, pero al mismo tiempo moderno, actual y original, ya lo encontró.

Me refiero a Regalo de Dios, una maravilla de la televisión coreana que desde hace varias semanas está disponible completa en Netflix.

Como usted sabe, los coreanos son unos genios a la hora de hacer telenovelas.

Es más, su nivel es tan superior al de la mayoría de las naciones que hacen esta clase de emisiones que, para efectos prácticos, ya ni siquiera las llamamos telenovelas. Les decimos K-Dramas.

Así como hay K-Pop, hay K-Dramas. La marca es K, de Corea en inglés.

Regalo de Dios es un K-Drama magistral, prodigioso. ¿Pero sabe qué es lo más sorprendente? Que haga de cuenta que nos lo hicieron a nosotros, a los mexicanos y, en general, a todos los latinos.

Si le cambiáramos la geografía y dos o tres minúsculas situaciones legales, su acción se podría desarrollar en Jalisco, Nuevo León o Tamaulipas.

¿Sabe de qué trata esto? De secuestro, de asesinato, de violencia.

Sí, ya sé lo que está pensando. ¿Cómo es posible que yo le hable de estas tres cuestiones tan oscuras si los K-Dramas son, por definición, luminosos?

Ahí está la gracia de Regalo de Dios. Éste es otro tipo de televisión.

Usted la puede ver con sus hijos o con sus abuelos y jamás, ni remotamente, se va a sentir agredido.

Al contrario, le va a pegar en el alma, se va a identificar con sus situaciones y en algún momento, le juro, va a reír y a llorar con sus personajes.

Regalo de Dios es la más clara demostración de que sí se pueden tocar temas de actualidad en telenovela sin caer en la promoción del delito o en la idealización de los delincuentes como en nuestras cada vez más patéticas narcotelenovelas.

¿De qué trata? Antes de decírselo le voy a hacer una advertencia. Aunque parezca que le estoy vendiendo trama, no le voy a decir nada que comprometa la acción.

Pero sí es necesario que se le diga lo que le voy a decir para que la aprecie.

Ésta es la historia de una mujer común y corriente a la que le secuestran y le matan a su hija.

¿Sabe usted cómo acaba cualquier madre de familia después de haber vivido semejante desgracia? No mal, lo que le sigue.

Bueno, esta señora, al quedarse sin su chiquita, pierde el sentido de la vida y en un sorprendente acto de amor, se suicida, pero no muere.

Sin entrar en detalles, ocurre un milagro y Dios le da la oportunidad de regresar 14 días en el tiempo para buscar al asesino e impedir que mate a su niña.

A partir de este punto, comienza el verdadero K-Drama, una telenovela que lo va a dejar con el ojo cuadrado, porque lo va a llegar por emociones que, estoy seguro, usted jamás ha sentido mirando Hasta el fin del mundo teamaré.

En Regalo de Dios, desde el primer segundo, uno va viajando del suspenso a la ternura, del amor a la tristeza y de la comedia al espectáculo.

¿Sabe usted el talento que se necesita para que, a estar alturas de la historia de los medios, el público crea en milagros?

Bueno, los responsables de esta joya asiática lo tuvieron, porque uno no solo es capaz de creerlo, es capaz de ilusionarse, de volver a soñar con estas cosas que creíamos tan superadas por el tiempo, el espacio y la tecnología.

Regalo de Dios es eso, un auténtico regalo que nos da una cátedra de optimismo en tiempos de crisis. Usted la tiene que ver, porque la tiene que ver. Punto.

Además, solo son 16 capítulos y usted los puede ver cuando quiera, como quiera o, como me pasó a mí, en maratones familiares.

Ahora, si usted le tiene miedo a las telenovelas, porque las considera nefastas, chafas o producidas al aventón, siéntase seguro con este título.

Sus valores de producción son exquisitos. No hay elemento que no sea competitivo a nivel mundial. Desde la selección de reparto y locaciones hasta la música y el vestuario.

Estamos ante algo grande y bello, ante algo que le debería doler a las cabezas de la industria de la televisión mexicana que, en una suerte de discurso político, siguen insistiendo en que son los mejores productores de telenovelas del mundo.

¿Sabe usted cómo inicia este K-Drama? Con una animación finísima que, en pocos segundos, nos prepara emocionalmente para lo que vamos a ver?

Nada más ese segmento es una obra de arte. Luego vienen el horror, el suspenso, el amor y la inteligencia.

¿Me creería si le dijera que Regalo de Dios, más allá de todo lo que le acabo de decir, es una muy profunda reflexión sobre la pena de muerte, la impartición de la justicia y el manejo de los contenidos en los medios de comunicación?

Es televisión de primera, una emisión que usted no se puede perder si en verdad ama el espectáculo y las telenovelas.

Luche por ver Regalo de Dios en Netflix. Está hablada en su idioma original con subtítulos en español latinoamericano. Le va a encantar.

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