El pozo de los deseos reprimidos

¿Recuperar o retroceder?

Cuando escribo de Canal Once pasa una cosa muy curiosa: me tengo que poner el chaleco antibalas.

¿Por qué? Porque sus fanáticos y los empleados de esa televisora del Instituto Politécnico Nacional (IPN) son canela fina.

Imposible criticar a ese canal. Es culto, divino, lo máximo del universo. Ahí solo están los mejores contenidos, los máximos intelectuales.

Si te metes con ellos, mueres. Te lo mereces porque significa que eres tonto, que le vas a Televisa.

Pues con la pena, pero el hecho de que Canal Once sea la señal pública de una institución de educación superior no significa que sea perfecta. Eso es pura pose. Doble moral.

Tan insoportable es un canal público arrogante y lleno de programas inofensivos y aburridos como un canal privado estúpido y saturado de contenidos ofensivos y superficiales.

¿Por qué le estoy contando esto? Porque hoy voy a criticar a Canal Once y ya sé lo que va a pasar:

Un montón de personas me van a despedazar por diferentes medios por haberme metido con su “licenciada”, su “ingeniero” y su
“doctora” como si en lugar de hablar de crítica de televisión estuviéramos hablando de grilla entre burócratas.

¿Y qué es lo que voy a criticar? Lo que pasó la semana pasada.

¿Qué? La presentación de su “nueva” imagen y de su “nueva” programación que no fue otra cosa más que un lamentable ejercicio de política lleno de verdades a medias por no decir que de mentiras.

¿En qué me baso para decirle esto? En lo que usted va a leer a continuación.

Como usted sabe, desde hace tiempo, Canal Once ya no se llamaba Canal Once. Se llamaba Once TV México.

El gran anuncio de la ceremonia de la semana pasada fue que Once TV México recuperaba su identidad, que volvía a ser Canal Once, lo cual, se supone, tenía que ser una gran noticia para el IPN.

¿Así o más patético? Canal Once no había cambiado de nombre ni por el capricho de una persona o de un gobierno, ni porque alguna entidad macabra se lo hubiera querido robar al Poli.

Cambió de nombre porque se iba a convertir en TV México, en el gran canal público de este país, en el equivalente mexicano de la BBC, de TVE, de Arirang.

TV México iba a ser el orgullo de esta nación, la casa productora de los mejores contenidos mexicanos, la frecuencia que iba a poner a temblar a Televisa y a Azteca.

Obviamente la palabra once ya no se iba a utilizar porque, en ninguna otra parte del planeta, más allá del Distrito Federal, Once TV México iba a llegar por la frecuencia 11. El número representaba un problema.

El caso es que todos, comenzando por usted y los fans, y
acabando por la gente que trabaja en la industria de la televisión nacional, tendríamos que estar de luto por esta noticia.

Canal Once no está recuperando su identidad, está retrocediendo y al hacerlo está enterrando todo aquel maravilloso proyecto de TV México.

Dicho en otras palabras, le está entregando en charola de plata a Televisa y a Azteca la parte más rica de la televisión nacional.

De haber sido la antesala de ese gran canal global que México merece y necesita, ahora Canal Once ha vuelto a ser la humilde señal de televisión de una institución de educación superior chilanga.

Y los más afectados tendrían que ser los señores del Politécnico porque no, esto no les están “devolviendo” su canal, les está quitando la oportunidad histórica de ser la sede de la Deutsche Welle mexicana.

¿Sabe usted la cantidad de universidades que matarían por tener una posibilidad así? Bueno, el IPN, no. Está como hipnotizado, como anestesiado.

Si en verdad el “nuevo” Canal Once estuviera recuperando su espíritu politécnico, estaría anunciando la reprogramación de los títulos fundamentales de esa institución como “A la cachi cachi porra” en horario estelar, estaría anunciando otro trato para los partidos de futbol americano del Poli.

En cambio, está anunciando puras cosas que, en lugar de beneficiar a esa escuela, beneficia a las autoridades de este sexenio, programas light que, o jamás darán nota, o que son prolongación de lo que inventó en otros sexenios como la serie Paramédicos.

¡Ah, claro! Pero como todo esto es cultural, prohibido criticar, prohibido meterse. Esto es lo que tiene que ser, lo mejor para este pobre pueblo necesitado de educación y te callas.

¿Entonces todo lo que está presentando el hoy renombrado Canal Once está mal? No, a usted le consta que aquí me la he pasado elogiando algunas de sus aportaciones.

Lo que está mal es perder el primer gran proyecto de canal público que íbamos a tener a nivel nacional e internacional, que se trate de engañar a los espectadores con el cuento de la “recuperación” y retroceder, retroceder sin crítica, retroceder sin esperanza.

¡Bienvenido de lleno a este sexenio, Canal Once! ¡Bienvenido, señor, señora, a lo que a partir de la semana pasada es el esquema de televisión pública que vamos a tener! ¡Bienvenido!