El pozo de los deseos reprimidos

Recesión

Le tengo dos noticias: una buena y otra mala. La buena es que hoy, a las 23 horas, Canal Once va a estrenar JO, una maravillosa serie europea.

La mala, que lo va a hacer en un horario que hasta hace poco estaba destinado a la transmisión de series mexicanas de producción propia.

¿Qué significa esto? Algo muy triste, que se nos acabó el gusto de ver más títulos como XY, Paramédicos y Crónica de castas, que comenzó el sexenio de a de veras en la televisión pública de este país.

Y es que hasta Crónica de castas, todo lo que usted había estado viendo era lo que se había firmado durante la administración de Felipe Calderón.

El señor habrá sido lo que habrá sido, pero le dio un gran impulso a la creación de contenidos que compitieran directamente contra los de los grandes consorcios de la televisión privada.

En más de una ocasión, por ejemplo, empresas como Televisa se vieron obligadas a contratar a los actores de las series del Once para impedir que siguieran destacando en el canal del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y, de paso, frenarles la carrera a cambio de personajes secundarios en sus telenovelas.

Eso ya terminó porque, salvo dos o tres rumores, no se sabe de un nuevo título que vaya a salir próximamente al aire, de una serie que vaya a tener el lenguaje de Soy tu fan, el espíritu crítico de Estado de gracia o la trascendencia de Bienes raíces.

Sí es algo como para deprimirse porque, por un lado, se traduce en menos oportunidades de trabajo para cientos de grandes talentos de todas las áreas del quehacer televisivo.

Porque como la televisión pública ya no va a hacer series, la televisión privada se va a poder dormir en sus laureles.

Y porque usted y yo, a menos que dispongamos de otros medios, vamos a estar condenados a ver puras telenovelas de otros tiempos o de otros países.

¿Por qué la gente que hizo las grandes series del sexenio pasado no protesta? ¿Tienen miedo de que los vayan a vetar?

¿Por qué los numerosos fanáticos de Canal Once no se quejan? ¿Es porque en el fondo son igual de pasivos que los admiradores de las grandes cadenas privadas?

¿Por qué todos esos grupos dizque revolucionarios que van y se plantan afuera de Televisa y Azteca exigiendo calidad no van y hacen lo mismo en la puerta de las instalaciones del canal del IPN?

¿Será porque en el fondo lo que menos les interesa es la calidad? ¿Será porque en el fondo lo que menos les interesa es la televisión?

Y si el tema es económico, pues con más razón hay que hacer escándalo.

¿Qué mejor ejemplo quieren las cabezas de los medios públicos nacionales para demostrarles a diputados y senadores que urge corregir las leyes que éste?

Si se corrigen las leyes, van a poder vender. Si pueden vender, van a poder invertir. Y si van a poder invertir, van a poder hacer más títulos como Niño santo.

¿Qué están esperando? Muévanse para ver si, de paso, consiguen que la reforma en materia de telecomunicaciones reconozca su existencia porque, como usted sabe, en este país, legalmente, los medios públicos no existen y si las cosas siguen como van, jamás van a existir.

Ahora, yo no quiero que usted piense que esto es una campaña de desprestigio contra Canal Once.

Al contrario, escribo esta columna porque quiero poner el reflector en esa señal para algo más que el chisme del salario de sus ejecutivos, porque quiero que le vaya bien.

Por lo mismo, le suplico que le eche un ojo a JO. A mí me da una flojera infinita volver a escribirle de ella porque, como usted recordará, ya le dediqué mil y un comentarios en un montón de plataformas cuando la pasaron en el canal FX.

Es maravillosa, una serie policiaca con lo mejor tanto del espíritu europeo como del espíritu estadunidense.

Es seria, emocionante, bella y, por si esto fuera poco, el protagonista es el increíble Jean Reno.

¿Cuál sería la nota si no estuviéramos ante la peor recesión de contenidos nacionales de los últimos años en la televisión pública mexicana?

Que JO es un tipo de concepto policiaco que apuesta por la inteligencia.

Aquí, más que efectos especiales, el público y los personajes se ponen a atar cabos como en los mejores tiempos de Columbo. ¿Se acuerda?

A propósito, porque luego tengo crisis de espacio y ante todo lo que se está transmitiendo cada vez va a ser más difícil que le escriba de ella, si a usted le gustan esta clase de contenidos, hay una serie de estreno en TVE Internacional que pasa los viernes a las 19:30 y que también apela por el raciocinio.

Se llama Los misterios de Laura, es muy atractiva y como su espíritu es mucho más familiar, hasta le va a servir de pretexto para convivir con sus hijos y jugar a encontrar al asesino.

Le tengo dos noticias: una buena y otra mala. La buena es que siempre hay alternativas. La mala, que no son mexicanas. Qué triste, ¿no? 

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