El pozo de los deseos reprimidos

"Raquel y Daniel"

Cuando me enteré de que Raquel Bigorra y Daniel Bisogno iban a tener un programa juntos en Azteca 13, me puse muy feliz.

Raquel es una reina y Daniel, muy chistoso. ¡Imagíneselos juntos! ¡Qué gran idea!

Pues más me tardé en alimentar mis ilusiones que los responsables de este proyecto en acabar con ellas.

Raquel y Daniel, el famoso concepto del que le estoy hablando, se estrenó el sábado pasado a las 18:00 horas y no es malo. ¡Es pésimo!

¿Por qué? Porque no es el show de Raquel Bigorra y de Daniel Bisogno.

Es un programa de revista más del montón que hubiera dado lo mismo que lo condujeran estas personas o cualquier otra pareja de cualquier otro canal.

No tiene ni el estilo de Raquel ni el de Daniel. Se nota que no nació de ellos, que no se juntaron a diseñarlo, a proponerlo, que se los ofrecieron.

Cuando uno está en el programa que uno inventó, se siente. Uno está involucrado, al pendiente de todos los detalles, sabe de lo que va a hablar, deja el alma.

Bigorra y Bisogno, no. Se ve que están leyendo parte de lo que dicen y que ahí, sobre la marcha, van improvisando, lo cual es la antítesis del profesionalismo, un acto de soberbia.

Por eso hay tantos problemas de ritmo y de contenidos, porque es obvio que estos personajes no se coordinaron, que se sienten Silvia y Enrique, Sonny y Cher.

Pero Silvia Pinal y Enrique Guzmán se la pasaban ensayando y trabajando de la mano de escritores de comedia tan geniales como Mauricio Kleiff.

Sonny y Cher ya eran los magníficos Sonny y Cher cuando llegaron a la gran pantalla chica.

Y ninguno de los programas de estas legendarias parejas duraba tres horas al aire. Raquel y Daniel, sí.

¿Quién en sus cinco sentidos le puede imprimir su sello a algo tan largo en la actualidad? ¿Quién? Ni Raúl Velasco reencarnado.

Aquello debió haber comenzado como una modesta emisión de 30 o de 60 minutos, perfectamente bien cuidada, e ir creciendo de acuerdo a la respuesta del público. ¡Pero no! ¡Comenzó al revés!

Resultado: un mazacote insoportable de errores técnicos puestos al aire sin la más mínima noción de lo que es una estructura de programa de variedades y con un sentido del humor que va de lo muy viejo a lo muy corriente.

A esto súmele una avalancha de secciones caprichosas copiadas de cualquier programa de las últimas cuatro décadas, pero no de Azteca, no, de cuando GalaTv era Galavisión y de cuando ForoTv era 4Tv.

Raquel y Daniel es tan malo que no parece un producto de la televisora del Ajusco.

Parece un enlatado de Televisa, pero no de la Televisa de hoy, de la Televisa de Tv de noche, Vida tv y Se vale. Aquí hay un problema de identidad muy profundo.

¿Por qué el público tendría que buscar a Raquel Bigorra y a Daniel Bisogno para ver una sección como Cántamela suavecita, donde un niño tararea algo raro para que varios concursantes adivinen de qué canción se trata, si llevan años viéndola con decenas conductores en mil y un canales?

¿Por qué las audiencias tendrían que sintonizar Raquel y Daniel para chutarse una Mesa caliente, donde diferentes periodistas del corazón critican la vida privada de los famosos, cuando es algo que hacen hasta en Nuestro día de Cadenatres?

¿Qué tiene de especial, de diferente o de Raquel Bigorra o de Daniel Bisogno una sección de moda donde un especialista presenta una colección y es obligado a viborear a algunos famosos que ni siquiera son los famosos que están dando nota en este momento?

¡Estos señores se copiaron hasta Karaoke, canta y no te rajes de Canal 5!

Si voy a ver Raquel y Daniel es porque voy a ver a Raquel y a Daniel, sus aportaciones, su estilo, su talento, no las aportaciones de un productor, el estilo de otra empresa o el talento de otras personas.

Por ahí hubo destellos de algo parecido a la gran Raquel Bigorra del canal AZmundo cuando llevaron a la chica del anuncio de: “se compran colchones, tambores, refrigeradores, estufas…”

Pero a la muchacha nada más la llevaron para exhibirla unos cuantos segundos en aquella inmensidad de transmisión en lugar de aprovecharla.

¡Caray, ni siquiera le dijeron que tenía que cerrar la boca para crear suspenso durante su presentación!

Igual, por ahí pudimos ver algo parecido al enorme Daniel Bisogno de los teatros en una especie de sketch que medio alcanzaron a grabar y a presentar.

¡Pero no explotaron ni la mitad del talento de los actores! ¡Ni la mitad de los recursos de producción! Aquello fue espantoso, de mal gusto, decadente.

¿Pero sabe qué fue lo peor? “El reto”, ese momento donde la señora Bigorra y el señor Bisogno se “rebajaron” a pedir cooperación en el Metro como si fueran pobres.

No se vale burlarse de las necesidades de los demás. No se vale desperdiciar tantos recursos en un programa que, desde su nombre, debió haber sido diferente. ¿O usted qué opina?

http://twitter.com/AlvaroCueva

www.facebook.com/AlvaroCuevaTV