El pozo de los deseos reprimidos

Querido HBO:

He decidido escribirte esta carta para darte las gracias por todo lo que has hecho por la industria de la televisión y por lo mucho que has hecho por mí a través de tus canales y producciones.

Tú no eres una televisora, tú no eres una casa productora, eres una bendición, la marca que se atrevió a creer que la televisión se podía convertir en arte, la marca que cambió la historia.

Si hoy estamos viviendo la época de oro de la televisión es porque tú, un día, te atreviste a transformar las cosas, a decir lo que nadie había dicho, a hacer lo que nadie había hecho.

Desde The Hitchhiker y Tales From The Crypt hasta True Detective y Looking, pasando por tus producciones latinoamericanas como Capadocia y Prófugos, y por clásicos tan amados y admirados.

¿Como cuáles? Como Sex and The City, The Sopranos y la serie que me motivó a dedicarte estas líneas: Game of Thrones.

¿Sabes? Jamás te voy a terminar de agradecer que hayas hecho Game of Thrones.

¿Por qué? Te lo voy a explicar de esta manera: soy un hombre que cree en la fantasía. Adoro todo lo que tiene que ver con seres mitológicos y leyendas.

Por eso y por muchas razones más, me la paso defendiendo la ciencia ficción, las animaciones japonesas y los superhéroes.

Por lo mismo, desde niño he sido el objeto de burla favorito de las buenas conciencias.

Imagínate, un hombre que adora todo esto, que lo dice en público y que lo defiende.

¡Eso no está bien! ¡Es de tontos! ¡De gente ociosa! ¡De personas ridículas!

Tú, con Game of Thrones, me diste la razón. La fantasía es hermosa, es inteligente, es profunda, es lo que es y los que creemos en ella no estamos mal, no somos tontos, no somos gente ociosa, no somos personas ridículas.

¿Te das cuenta de lo que esta producción significa para nosotros? Es nuestra reivindicación, la confirmación de que vale la pena soñar, el más generoso acto de justicia que nos pudiste haber regalado.

Game of Thrones vale como la mejor de las obras de arte. En ella está Shakespeare, en ella están los griegos, en ella está todo lo elevado que ha creado la humanidad y tú la estás metiendo en nuestros hogares de una manera espectacular.

Jamás se había hecho algo así en la historia de los medios de comunicación. ¡Jamás!

Y es que no solo estamos hablando de una obra del género fantástico convertida en televisión, estamos hablando de un nuevo nivel de fantasía.

Aquí los personajes cometen errores, tienen vida sexual, representan cosas y la historia se construye, y se destruye, y se vuelve a construir, y se vuelve a destruir.

Game of Thrones es tan buena que, aunque está rompiendo con muchos esquemas, nadie se atreve a cuestionarla.

A ver, ¿en qué otro programa se muestra el incesto y muchas otras perversiones con esa claridad?

¿En qué otro título se mata constantemente a los protagonistas sin que el público se sienta ofendido? ¿En qué otra serie se ven esas masacres?

¿Ahora me entiendes? Hay un antes y un después de Game of Thrones, y te puedo contar cualquier cantidad de anécdotas, porque creo tanto en este título que por él he hecho lo que nunca hubiera imaginado.

Desde viajes, entrevistas y programas especiales, hasta fiestas, visitas y alfombras rojas, pasando por funciones de prensa, compras internacionales y análisis literarios.

Si alguien ha vivido la intensidad de Game of Thrones, desde un principio, he sido yo y soy el más emocionado con el estreno de la cuarta temporada.

Imagínate, va a ser este domingo a las 22:00, exactamente a la misma hora que en Estados Unidos.

Como yo ya vi ese capítulo, me voy a estar mordiendo la lengua para no decirle a nadie lo que va a pasar pero va a ser sensacional. 

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