El pozo de los deseos reprimidos

"Cocineros mexicanos"

Qué programazo tan más maravilloso es Cocineros mexicanos del nuevo canal azteca 7.

¿Por qué? Porque estos señores, en lugar de estarle rogando a los millennials, que ni remotamente van a cambiar sus hábitos y costumbres para sentarse a ver comunicación tradicional, están haciendo televisión abierta.

¡Y de eso se trata la televisión abierta! ¡De hacer televisión abierta!

Perdón si esto suena estúpido y repetitivo, pero, la verdad, así de estúpidos y repetitivos se han vuelto muchos de los más recientes y espantosos lanzamientos de la industria de la televisión mexicana.

Cocineros mexicanos es volver a la televisión que hacía Paco Stanley, a ese punto en que uno pone la televisión nada más para echar relajo, para pasársela bien.

Sin estos cuentos de los contenidos, las agendas y los valores que tanto daño le han hecho a lo que queda de nuestros pobres canales.

Y sí, es la versión nacional de un formato argentino.

¿Pero sabe qué? Prefiero invertir dos horas de mi tiempo, de lunes a viernes, a las 18 horas, con este concepto, que es precioso, a regalárselo a unas telenovelas que ya no son telenovelas y a unos noticiarios que ya no son noticiarios.

¿Qué es esto? ¿De qué trata? ¿Por qué me emociona?

Aunque su nombre parezca indicar lo contrario, Cocineros mexicanos no es un programa de cocina, es un programa de entretenimiento que divierte a la gente a partir de algo tan entrañable como la cocina.

¿Y sabe qué es lo más divino? Que sus conductores, personalidades de todo nombre y currículum, a diferencia de otros, no son clasistas, no son racistas y no le tienen miedo ni al ridículo, ni al trabajo ni a los animales.

Este es un show para la tamalera, para el señor de la tiendita de la esquina y para la chava que ama a los perritos.

Pero también para la señora que está a dieta, para el empresario que come gourmet y para los chicos que aman salir de viaje.

Es volver a estar juntos, en armonía, felices. Si yo fuera anunciante estaría matando por invertir ahí.

¿Entonces esto es lo máximo de lo máximo? Todavía no, porque a la mayoría de sus conductores les hace falta proyectar más seguridad, más autoridad.

Porque a algunos se les nota demasiado que están leyendo lo que dicen, porque no se abordan los temas del día y porque no vemos público en el estudio.

Pero el día en que esto se corrija, cuidado con Cocineros mexicanos. Será un fenómeno. ¿O usted qué opina?

¡¿QUÉ IMPORTA?!

Fabuloso, ¡¿Qué importa?!, el programa de humorismo político que el nuevo canal Imagen Televisión transmite de lunes a viernes a las 22:45, es fabuloso.

La razón es muy simple: no tiene censura. Ahí, sus conductores se agarran de bajada lo mismo a Enrique Peña Nieto que a los homosexuales sin que a nadie le preocupe en lo más mínimo si éstos se enojan o les aplauden.

Es reír por reír en un momento histórico en que casi nadie está apostando por la risa de verdad en la industria de la televisión nacional.

En el remoto caso de que usted no sepa de qué le estoy escribiendo, ¡¿Qué importa?! es algo así como la versión para televisión del famosísimo programa que Eduardo Videgaray y José Ramón San Cristóbal tienen en la radio.

Esto sin contar a sus compañeras y colaboradores que están particularmente preparados para lo que sea, desde responder el más corriente de los albures hasta para exponer algún tema con autoridad.

¿Cuáles la nota? Algo que habla muy mal o de nuestras autoridades, o de nuestros anunciantes o de nuestros ejecutivos.

¿Qué? La inequidad a la hora de aplicar la ley, de invertir dinero o de tomar decisiones.

Me parece injusto que Televisa haya cancelado el más reciente programa de Brozo, que jamás estuvo en el horario estelar de una gran cadena abierta privada nacional, y que Imagen Televisión tenga ¡¿Qué importa?!

¿De qué privilegios gozan Videgaray y San Cristóbal que no goce Víctor Trujillo?

Será censura, autocensura, un problema de anunciantes, de asociaciones o de rencores personales, que nunca faltan, pero es algo que se tiene que poner en la mesa.

Y es que, en contraste con Eduardo y José Ramón, quienes echan relajo sin aportar nada más, Brozo lo hacía como parte de un discurso, nos dejaba algo, nos ponía a pensar. 

Luche con todas sus fuerzas por ver ¡¿Qué importa?! en el nuevo canal Imagen Televisión, gócelo, ahóguese de la risa.

Pero mientras lo hace, pregúntese hasta qué punto estos señores están haciendo comedia nada más por fregar y si es así, por qué otros no pueden.

Pregúntese si en verdad lo que está viendo es humorismo político o un paquete de estupideces aventadas al aire con la más absoluta irresponsabilidad nada más para jalar rating fácil como bien lo haría una Laura Bozzo solo que con otro formato.

Su respuesta será fundamental, porque para esto no queríamos una nueva cadena de televisión abierta privada nacional, ¿o sí?

alvaro.cueva@milenio.com