El pozo de los deseos reprimidos

¡Pésima noticia!

Hay una noticia que no le puedo dejar de comentar, porque va a ser ciento por ciento perjudicial tanto para los anunciantes como para las televisoras como para el público.

¿Cuál? La puesta en marcha, el martes pasado, de esa nueva ley que prohíbe que los alimentos chatarra se anuncien en México, en horario infantil, tanto en televisión abierta como en televisión de paga.

Sí, yo sé que lo normal sería que le dijera: ¡Qué gusto! ¡Qué felicidad!

Gracias a esto nuestros pobres niños dejarán de ser gordos, dejarán de padecer enfermedades como la diabetes y todos nos volveremos más sanos y fuertes.

¿Por qué esto sería lo normal? Porque es lo que se ve bien tanto en términos políticos como sociales.

Pero la verdad es que esta ley es una aberración que lo único que confirma es la falta de pantalones de nuestra televisión, como industria, para ponérsele al tú por tú al gobierno en estos tiempos de reformas y de otorgamiento de nuevas concesiones.

¿En dónde está ese gran estudio, certificado por una poderosa institución mundial, que dice que la culpa de que México tenga el inmenso problema de obesidad infantil que tiene es de la televisión y nada más de la televisión?

¿Por qué la televisión tiene que ser la mala del cuento? ¿Por qué, cuando hablamos del posicionamiento de políticos, la televisión es buena para nuestras autoridades, y por qué, cuando hablamos de negocios, no?

Y, lo peor de todo, ¿por qué el público siempre tiene que aparecer como la parte estúpida de esta historia?

¿Qué acaso la gente no tiene la capacidad para diferenciar algo bueno de algo malo?

¿Qué acaso los padres de familia no son los que más culpa tienen de que sus hijos coman porquerías y de que se conviertan en obesos sedentarios de lo peor?

¿Entonces, por qué nadie dice nada? ¿Será porque a nuestros ejecutivos les da miedo que la autoridad tome represalias a través de las reformas que se están autorizando? ¿Les da miedo lo que pudiera ocurrir después?

Pues yo nada más les digo que lo que va a ocurrir después va a ser peor, independientemente de lo que suceda con las leyes, las reformas, la competencia y la tecnología.

Comencemos por lo más básico: ¿de dónde piensan nuestros legisladores y la opinión pública que las televisoras van a sacar el dinero que van a dejar de recibir por parte de las compañías que ya no se van a poder anunciar en ellas?

Porque estamos hablando de una fortuna, de programas que o se van a cancelar, o les van a bajar el presupuesto, y de gente que, o se va a quedar en la calle o le van a bajar el salario.

Programas con menos presupuesto no son programas más creativos, son programas más chafas.

Gente con menos salario no es gente más efectiva, es gente más necesitada.

¿Cómo quiere el gobierno que los canales repongan ese dinero? ¿¡Cómo!?

Y estamos hablando lo mismo de las más conocidas señales de televisión abierta, como Canal 5 y Azteca 7, hasta de los más sólidos canales de televisión de paga, como Cartoon Network y Discovery Kids.

Qué lindos nuestros gobernantes que están pensando en nuestros niños gordos, ¿pero quién piensa en la televisión?

¿Quién piensa en todas esas familias? ¿Quién piensa en estrategias para compensar ese dinero que va a dejar de entrar con alguna otra cosa? ¿¡Quién!?

No se necesita ser muy listo para imaginar lo que va a pasar aquí. La televisión, toda, se va a tener que volver corrupta para salir de este atolladero.

Como los canales no van a poder meter spots de ciertas marcas, van a tener que negociar con ellas, en lo oscurito, para venderles entrevistas, reportajes, promociones, concursos, programas especiales, banners en sus páginas de internet o lo que se pueda, y colocarlo de manera disfrazada en los lugares indicados.

Y las compañías que se dedican a la elaboración de alimentos, mágicamente, se van a inventar golosinas adicionadas con vitaminas y minerales, porciones reducidas y un montón de estrategias para quedar bien con la ley, no con la salud.

¿Resultado? Un problemón marca monstruo, porque todo este escándalo, en lugar de servir para solucionar la epidemia de obesidad infantil que padece nuestro México, la va a dejar igual o peor.

¿Y todo por qué? Por una ley que se debió haber discutido más, por un tema que se debió haber puesto en la mesa de manera diferente.

Tan sencillo como esto: ¿qué es comida chatarra? ¿En base a qué criterios se determina qué alimento tiene un alto contenido calórico y qué alimento no?

¿Bajo qué norma se estableció que el horario infantil era de 14:30 a 19:30 de lunes a viernes y no cuando nuestros hijos realmente se sientan a ver la televisión?

¿Ahora entiende la magnitud de esta noticia? Nuestros niños seguirán gordos y enfermos, nuestra industria televisiva se volverá más pobre y corrupta, y al final todos saldremos perdiendo. Qué horrible, ¿no?

http://twitter.com/AlvaroCueva

www.facebook.com/AlvaroCuevaTV