El pozo de los deseos reprimidos

'Pasión y poder'

Yo puedo entender que una televisora nueva como Cadenatres cometa errores en su camino hacia la producción de telenovelas.

¿Por qué? Porque se trata de una empresa sin experiencia.

Pero no me cabe en la cabeza que Televisa, la máxima creadora de melodramas seriados de todo el mundo, se equivoque como se está equivocando con Pasión y poder, su nueva producción de las 21:25.

Es como si usted y yo fuéramos a la tiendita de la esquina, compráramos una barra de pan Bimbo y nos saliera cruda.

No hay manera de entender lo que está pasando ahí. ¿En qué momento a Televisa se le olvidó hacer telenovelas? ¿Por qué parece como si a nadie le importara?

A estas alturas de la historia de México no solo se trata de un vil programa de televisión. Se trata de un esquema cultural, político y social. Se trata de algo muy delicado.

Y si no me cree, pregúntele a los actores y actrices de la industria telenovelera nacional que ahora forman parte de nuestro universo político.

¿De esta clase de producciones van a salir nuestro próximos representantes?

¿Por este tipo de elementos va a votar el pueblo de México como antes votó por los que salían en Hasta que el dinero nos separe y Triunfo del amor?

Sí está de pensarse, especialmente ahora que los candidatos independientes, los ajenos a este tipo de espectáculos, están siendo aclamados por las multitudes.

Cuidado. Mucho cuidado. Las telenovelas están a punto de perder lo único que las sostiene: su influencia. ¡Cuidado!

¿Qué es Pasión y poder? ¿A qué me refiero cuando le hablo de errores?

Pasión y poder es un refrito de una telenovela bastante peculiar que Televisa hizo, con el mismo nombre, en 1988.

¿En qué consistía su peculiaridad? Que era el resultado de un taller literario que la gran escritora Marissa Garrido (La Leona) trabajó con un grupo de jóvenes talentos para que hicieran oficio.

Era la época de "Televisa miente", la de las audiencias cautivas, pero también la de las telenovelas que abordaban temas escabrosos en una época donde no había talk shows, reality shows ni internet.

Si Quinceañera hablaba de violación, Pasión y poder era como Romeo y Julieta pero con violencia intrafamiliar y travestismo.

Resultado: un gran éxito producido por Carlos Sotomayor, dirigido por Pedro Damián e interpretado por figurones como Diana Bracho, Enrique Rocha, Carlos Bracho y Claudia Islas.

Quiero que analice la imagen pública de estos cuatro talentos en ese momento.

Diana venía de Cuna de lobos, todo el mundo la quería volver a ver y, en términos melodramáticos, era perfecta porque proyectaba toda la fragilidad que su personaje requería.

Enrique no solo era en galán maduro, era el vampiro, un devorador de mujeres, un señor que iba de lo elegante y sensual a lo perverso y macabro.

Carlos era el marido ideal, el tipo bueno, confiable, pero al mismo tiempo vulnerable. No había manera de que las mujeres no lo adoraran.

Claudia, por su parte, era la señora más despampanante del universo, una figura, con clase, a la que se le podía creer que enloqueciera de lujuria al más encumbrado de los millonarios.

Pasión y poder 2015 está mal. Ahí toda está mal.

Susana González es una espléndida actriz, pero nadie muere por volver a verla en un papel protagónico y nadie le cree que sea frágil.

Fernando Colunga es uno de los actores más queridos de la industria telenovelera mundial, ya le había dado un giro interesantísimo a su carrera gracias a Porque el amor manda.

¿Pero dónde está la maldad en él? ¿Quién se puede tragar el cuento de que ahora sea el golpeador de mujeres número uno de la nación?

Esto es telenovela, estereotipos. No es serie. No va a funcionar.

Jorge Salinas, igual, él era el papá de México, el de Mi corazón es tuyo. ¿Cómo es posible que ahora sea el peor de los pusilánimes?

Porque no es lo mismo ser vulnerable a tolerar desgracias, a permitir que lo manipulen en barato.

Ni hablar de Marlene Favela. A lo mejor ella, en la vida real, es una reina, pero su imagen pública no tiene nada de clase. Nada.

Si un empresario se dejara engatusar por lo que ella proyecta, ese empresario tendría que estar muy mal.

¿Quién armó ese reparto? ¿En base a qué criterios?

No, y ni me meto con la parte del elenco juvenil, del maquillaje, vestuario o escenas tan patéticas como la del choque entre una pobre estúpida vestida de novia y un tarado que a pesar de semejante excentricidad, no ve el bulto que se le está viniendo encima.

¡Qué decepción! De veras. Qué manera de olvidar un oficio, de sacar la chamba solo para cobrar, de no querer entender una época y hasta de faltarle al respeto a un joven clásico de la televisión mexicana.

¿O usted qué opina? ¿Está conmovido, escandalizado e involucrado con esta "enorme" telenovela plagada de conflictos sociales? ¿Luchará por verla todas las noches?


alvaro.cueva@milenio.com