El pozo de los deseos reprimidos

Satán vive

A veces la televisión nos sorprende y hoy, por fin, llegará a nuestras pantallas una de las sorpresas más maravillosas de toda la industria a escala mundial: Outcast.

Como usted sabe, es una serie de Robert Kirkman, el creador de The Walking Dead, que se va a estrenar a las 21:00 por el canal Fox1 del paquete Fox+.

Esto es exactamente al mismo tiempo que en Estados Unidos, en su idioma original. ¡Un acontecimiento de verdad!

¿Por qué habría que verla? Porque después del fenómeno global de The Walking Dead cualquier cosa que haga Kirkman es garantía de éxito comercial y artístico.

Pero, además, yo agregaría algo fundamental: esta es la contraparte de las series de zombis, algo que nos estaba haciendo falta y que, por su magnitud, va a conmocionar a las multitudes de todo el planeta.

Estamos de acuerdo en que The Walking Dead es un espectáculo social, ¿verdad?

¿En qué me baso para decirle esto? En que su planteamiento es una gran metáfora de lo que los seres humanos estamos padeciendo en la actualidad.

¿Qué? Nuestra vida horrible, vacía y sin sentido. Nuestra monstruosidad oculta. Nuestra desesperación.

Outcast es todo lo contrario. Una serie individual, personal, íntima.

Kirkman, aquí, no retrata lo que pasa en el mundo, retrata lo que pasa en nuestros corazones, en nuestra alma.

Este programa de televisión es una alegoría de la lucha que todos tenemos con nuestros demonios internos, sean los que sean.

Por eso es muy significativo que el origen de cada uno de los infiernos que se van planteando a lo largo de esta serie esté en el pasado, en la infancia, con una figura materna, con los secretos de familia, con los conflictos no resuletos.

Créame, aunque usted se va a entretener como energúmeno con este show de terror, es una obra mucho muy profunda sobre el dolor, las ausencias y la culpa.

¿Entonces es un concepto denso solo para intelectuales o para gente que quiere tomar terapia mirando la televisión?

No, Outcast es para todos, comenzando por los adolescentes, y tiene algo que la une a The Walking Dead que me enloquece:

Atrás de toda esa acción, de toda esa sangre, de esos gritos y de esos sustos, se esconde un mensaje increíblemente positivo que nos invita a resolver nuestros problemas y a soñar con un futuro mejor.

Cuando vea el capítulo de hoy me entenderá, pero le suplico que lo vea completo, desde el segundo uno.

Si al minuto 3 usted no ha gritado, preocúpese, porque significa que no tiene sangre en las venas.

Es fabuloso lo que esta pieza consigue en los espectadores a través de imágenes tan simples, pero al mismo tiempo tan poderosas, como la de una cucaracha caminando por una pared o como la de un niño encerrado en una alacena de las de antes.

Ojo con esto, con lo de antes y con lo de los niños, porque estoy convencido de que ahí se esconden las claves del impacto de este producto.

Así como The Walking Dead revolucionó el mercado de la televisión de terror rescatando algo tan viejo y aparentemente poco atractivo como la figura de los zombis, Outcast no juega a inventar el hilo negro, recupera elementos de nuestro pasado cultural.

¿Cuáles? Yo no quisiera decírselos para no arruinarle la experiencia, pero son cosas que hace mucho tiempo nadie consideraba a la hora de escribir series de alto impacto.

Satán, por ejemplo, ¿a quién le podría preocupar en la actualidad?

Bueno, aquí no solo preocupa, ocupa y, lo más importante, es tomado muy en serio.

No por nada el pueblo donde se desarrolla la acción se llama Roma, como la Ciudad Eterna, como ese lugar a donde conducen todos los caminos, como ese espacio tan cerca de la santidad.

Y no le he dicho nada, pero observe con detenimiento lo que hacen y dicen los personajes infantiles.

No es de a gratis que muchas de las más importantes películas de terror de todos los tiempos como El Exorcista, La profecía, El resplandor y Poltergeist hayan partido de esta clase de elementos.

¿Y qué me dice de ciertas tomas que van a aparecer por ahí y que van a hacer alusión a algunos de estos filmes o de frases como la gran fusión no se puede detener?

Ni le platico de las aportaciones cinematográficas, de los efectos especiales, de la riqueza y diversidad de personajes o del tono que se utiliza en las actuaciones, producto de una magnífica dirección de escena, porque entonces sí no acabamos.

Aquí va a pasar algo tremendo. Abónese desde hoy y no olvide consultar la guía electrónica de su sistema de televisión de paga o el menú de series de la plataforma Fox Play, porque de repente hay horarios que cambian, repeticiones que no teníamos consideradas u otras posibilidades para ver esto en diferentes dispositivos.

A veces la televisión nos sorprende. Déjese sorprender. Déjese llegar. Satán vive y Outcast está que ni mandada a hacer para eso. ¿A poco no?

alvaro.cueva@milenio.com