El pozo de los deseos reprimidos

Ofendieron a la Virgen

Yo puedo entender que se le falte al respeto a los políticos, a las estrellas y a los empresarios, pero a la virgen de Guadalupe, no. Ahí sí, no.

¿Por qué? Porque México es México por santa María de Guadalupe. Esa imagen fue la que nos integró como nación.

¿Acaso a usted ya se le olvidó que en los momentos más difíciles de nuestra historia la virgen de Guadalupe se ha convertido hasta en nuestra bandera? ¿Entonces por qué la ofendemos?

Y éste no es un asunto de religión, es un asunto social que le debe importar tanto a la gente más conservadora como a la más liberal.

Si perdemos a santa María de Guadalupe nos vamos a perder como país.

¿Por qué le estoy escribiendo esto? Por el escandaloso atascadero de transmisiones dizque especiales que millones de personas padecimos la noche del jueves 11 de diciembre con el pretexto de cantarle “Las mañanitas” a la virgen morena.

¿A qué me refiero cuando le hablo de atascadero si compañías como Televisa y Azteca nos regalaron una noche memorable?

A un asunto muy penoso que ha estado sucediendo desde hace algunos años y que la semana pasada hizo crisis: al lamentable hecho de que lo que sintonizamos a través de la televisión se ha convertido en una mentira y no se vale mentirle a la Virgen.

En el catolicismo, que es la base de esta fiesta, la mentira es un pecado y es incongruente que los medios, en su afán por vender, fomenten el pecado, y peor aún que nuestras autoridades eclesiásticas lo permitan.

¿Qué le trato de decir cuando utilizo la palabra mentira? Que lo que la televisión nos está vendiendo como un evento en vivo, no es en vivo, está grabado.

Es mentira que las luminarias de Televisa y Azteca le estén cantando a la Virgen cuando usted y yo las estamos mirando en pantalla.

Todo eso es grabado, se graba con días de anticipación y por más que los responsables de esas transmisiones se esmeran por disimular este hecho tomando a las estrellas de abajo hacia arriba, sí se alcanza a ver que la Basílica o está vacía o tiene a otro público.

¡Es monstruoso! Se ve frío, sin alma, burocrático. Con todo y los intercortes entre las grabaciones y las imágenes en directo que algunos productores meten, se ve pésimo.

Antes esto no era así y ni santa María de Guadalupe, ni la Iglesia Católica, ni nuestros medios, ni sus anunciantes, ni usted ni yo nos lo merecemos.

Me encanta lo que hacen Julieta Lujambio y Monseñor Enrique Glennie con figuras como María Victoria, Daniela Romo, Guadalupe Pineda, Aída Cuevas y Pablo Montero para Televisa y Univisión.

Soy el fan número uno de lo que Edith González, Jorge Zarza y el padre José de Jesús Aguilar realizan con Tábata Jalil, Sergio Sepúlveda y Yahir, entre muchas otras personas, para Azteca.

Pero no es lo óptimo y tan no lo es que, a su lado, lo que Martín Espinosa transmitió en directo con el padre Rafael Jácome y un montón de reporteros para Grupo Imagen Multimedia, se vio patético.

¿A la Basílica de Guadalupe no le preocupa que se dé una mala impresión de su fiesta más importante? ¿A estos señores no les angustia perjudicar a la Virgen?

Pues yo creo que no, porque, para acabarla de amolar, así como han permitido que los chinos aniquilen a los artesanos mexicanos vendiendo libremente sus imágenes de santa María de Guadalupe, este año permitieron que una cadena extranjera se metiera a grabar a sus instalaciones en igualdad de circunstancias que Televisa y Azteca.

Por supuesto, me refiero a lo que Telemundo hizo esa misma noche y que muchas personas observamos.

¿Qué? Una grabación mediocre y barata con cuatro gatos: Lucero, Ángela Aguilar, Gerardo Ortiz y una Aracely Arámbula que en la cúspide de la explotación, la saturación y la locura, cantaba y conducía.  

Le juro que estoy preocupado, porque cuando las cadenas mexicanas quieren grabar en Estados Unidos no reciben ni la mitad de las facilidades que la Basílica le dio a Telemundo para que hiciera lo que hizo en sus instalaciones y eso se llama traición.

¿Por qué nadie dice nada? ¿Por qué nadie se queja? ¡Bueno, ni siquiera las cabezas de nuestras televisoras! Esto es el principio de algo atroz.

¿Por qué? Porque el próximo año, con las nuevas cadenas, esto que hoy fue un atascadero se va a convertir en la porquería de las porquerías, en televisión basura.

¿Eso es lo que queremos para la virgen de Guadalupe? ¿La queremos tirar a la basura?

Pues entonces vámonos poniendo de acuerdo para realizar una transmisión única en vivo entre todas las empresas, como se hace para otras cosas menos importantes, o vamos a ver cómo lo arreglamos.

Pero esto ya no puede seguir así. Urge que le devolvamos la dignidad a Las Mañanitas a Santa María de Guadalupe.

Urge que pongamos orden también en esto que, casualmente, podría ser ese punto de unidad nacional que tanto estamos necesitando. ¿O usted qué opina?

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