El pozo de los deseos reprimidos

¿Ofendido por la mala fama de México?

Ahora que todo el mundo está tan ofendido por la imagen de México y tan preocupado porque, en teoría, no tendríamos por qué estar celebrando los éxitos de nuestra gente (lo cual no tiene nada de malo y se festeja hasta en los países más civilizados), le quiero contar una historia de la vida real.

La publicó mi amiga Adriana Hammeken en su Facebook hace más o menos dos semanas y se la quiero compartir porque, al menos, a mí sí me marcó.

Tenía que ver con una señora muy humilde que entró a vender tortas en un banco.

Resulta que esa mujer, en lugar de entregarse a la depresión, de esperar algún regalo del gobierno o de quejarse de su mala suerte, para combatir su pobreza se puso a hacer tortas para vender.

Obviamente, como la señora no tenía recursos, hizo las tortas más sencillas del universo, pero las hizo con tanto amor, tan ricas y se las ofreció a todas las personas de esa sucursal bancaria con tanto cariño, con tanta honestidad, que nadie dudó en comprarle.

Ojo, un banco no es un lugar donde normalmente la gente compre comida. Al contrario, los vigilantes ven llegar a los vendedores y los sacan a empujones.

Bueno, esa señora triunfó porque, le guste a quien le guste, o le moleste a quien le moleste, en este país también hay gente que triunfa, que trabaja, que progresa.

Hombres y mujeres que en lugar de culpar a los políticos, al sistema o a Dios de todas sus tragedias y de entretenerse tirándole mierda a los demás a través de las redes sociales, salen adelante.

Esto viene mucho al caso con un programa maravilloso que se estrenó hace poco en el canal TLC, disponible en todo el país a través de diferentes sistemas de cable y antena directa al hogar.

Se llama Negociando con tiburones (el título en español es pésimo) y seguramente usted ya lo conoce.

Es un formato en donde personas como usted o como yo, que tienen el sueño de poner un negocio, van y se lo platican a un grupo de empresarios colocados en un estudio de televisión como si fueran los críticos de un reality show.

¿Para qué? Para que estos grandes inversionistas analicen sus proyectos o se asocien con ellos para financiarlos o los rechacen abiertamente.

¡Atención! ¿Sí se da cuenta de lo que le estoy diciendo?

Negociando con tiburones es un puente entre emprendedores e inversionistas. Esos jueces no van ahí a hacer chisme, van a arriesgar su dinero, a involucrarse de verdad.

¿Y qué tiene esto de divertido? Mucho, porque aunque usted no lo crea, tanto las exposiciones de cada uno de los proyectos que se van presentando, como las críticas a los mismos son sensacionales.

La diferencia entre ver esto y ver algún otro reality show donde haya jueces (incluyendo otros títulos que también tienen el perfil empresarial) es que aquí uno aprende mientras se divierte, se sensibiliza sobre las cosas que funcionan y las que no, en el mundo de los negocios, y se inspira, se motiva.

Esto, muy independientemente de la parte de los registros, procedimientos e impuestos que ahí se mencionan y que luego casi nadie toma en cuenta.

¿Quiénes son las personas que van a ofrecer ideas a Negociando con tiburones? ¿A poco son puros microempresarios con maestría?

No, son personas de todo tipo, hombres y mujeres de todas las edades, desde la muchachita que quiere hacer una lanita vendiendo galletas hasta el señor que está desarrollando una aplicación para celulares pasando por lo que usted quiera, guste y mande.

¿Se imagina si la señora de las tortas del banco fuera a Negociando con tiburones? Saldría con un restaurante entero. Su vida cambiaría por completo y muchas otras, también.

¿A dónde quiero llegar? A la importancia, uno, de ver esto todos los viernes a las 21:00 por TLC y, dos, de comprar este formato para la televisión mexicana.

¿Se imagina usted el éxito comercial y social que Negociando con tiburones podría tener en un país como el nuestro?

Usted nada más ponga de jueces a muchas de nuestras marcas patrocinadoras, a esos bancos que tantas ganas tienen de ofrecer sus créditos o a esas instancias de gobierno que tanto están peleando por darle oportunidades al pueblo y que se sepa.

Usted nada más ponga del otro lado a todas esas personas que no se dejan, que quieren poner desde un puesto de tacos hasta una estética pasando por ideas verdaderamente revolucionarias de productos y servicios.

Sería fantástico, positivo y divertido. ¿Por qué no lo intentamos? ¿Por qué nuestras grandes televisoras privadas no compran los derechos de esto para hacerlo y difundirlo?

¿Por qué no demostramos, con hechos, que somos algo más que esas entidades ociosas que se ofenden por todo? 

Luche por sintonizar Negociando con tiburones. Le recuerdo: la cita es los viernes a las 21:00 por TLC con varias repeticiones a lo largo de toda la semana. Le va a encantar. De veras que sí.

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