El pozo de los deseos reprimidos

Netflix, Blim y el humor crítico

Creo que fui el primer periodista en escribir una crítica de Blim, el nuevo sistema de distribución de contenidos en línea de Televisa.

Para hacerlo, me suscribí, revisé el menú, sus contenidos y cuando presenté mi texto jamás, ni remotamente, me burlé de sus producciones con Jorge Ortiz de Pinedo o Pedro Fernández.

Si usted revisa esa columna encontrará, primero, un comparativo con otras compañías similares. Y después, las razones por las que el caso Blim me preocupa.

Ninguna de ellas tiene que ver con prejuicios de clase, género o con malinchismo.

¿Por qué le estoy escribiendo esto? Porque llevo varios días escandalizado con los memes que algunas mentes ingeniosas han estado sacando en diferentes redes sociales para burlarse de los supuestos contenidos de Blim en relación con los de Netflix.

Son la expresión más descarada del odio, el clasismo, la ignorancia y la mediocridad, una demostración muy deprimente de la basura que hay en el cerebro de miles de mexicanos.

Ahora resulta que todo lo que hemos hecho en la historia del espectáculo mediático nacional es una porquería en relación con la altísima calidad del cine y la televisión del resto del mundo.

Lamento mucho desilusionar a todas esas personas, pero México es uno de los países más importantes en la creación y consumo de entretenimiento de todo el planeta.

Y la guste a quien le guste o le moleste a quien le moleste, muchos de esos contenidos han sido creados por Televisa.

Por otro lado, con la pena, pero en Estados Unidos, Europa y Asia también han hecho basura y no todas sus películas, series, caricaturas y telenovelas son obras maestras.

Ya quisieran en muchos rincones del planeta haber tenido genios como Chespirito y Capulina.

Ya quisieran haber creado una trilogía melodramática tan exitosa e impactante como la que hizo Thalía en los años 90.

Ya quisieran tener un programa unitario tan bueno como La rosa de Guadalupe.

Por cierto, para todos aquellos que gozan atacando a esa producción del gran Miguel Ángel Herros, hay algo que a lo mejor no saben.

Esos capítulos, con esa virgen y con ese vientecito es uno de los títulos más exitosos de Netflix, pero no nada más en México. No, en el mismísimo Netflix USA.

¡Y qué creen! El Chavo, Doctor Cándido, María Mercedes y todos esos proyectos que ustedes desprecian, porque no son como las producciones gringas, son un hit absoluto, total, indiscutible, entre los suscriptores de esa marca a la que ustedes tanto veneran.

Si se sienten tan inferiores, ¿por qué no hacen un meme poniendo su cara al lado de Donald Trump, de Kim Kardashian o de Justin Bieber?

Seguramente ellos, por el simple hecho de no ser de aquí, son superiores a ustedes en todo, no nada más en belleza, talento e intelectualidad.

¿Cómo es posible que estas cosas estén pasando? ¿Cómo es posible que las consideremos chistosas?

Pocas veces me he sentido tan humillado, como mexicano, como en estos días en los que me la he pasado viendo esos chistoretes creados por mexicanos. No se vale.

Los hombres y las mujeres de este país somos muy apreciados en las mejores industrias mediáticas del mundo y muchos de los actores, directores, escritores y productores que hoy trabajan para Blim son gente del más alto nivel.

Se me hace una injusticia que los promotores de esos memes los ataquen de esa manera por no estar en Netflix cuando sí están ahí.

Y, lo peor de todo, cuando muchos de ellos están haciendo un esfuerzo muy admirable por crear otra clase de contenidos.

Usted no tiene ni la más remota idea de lo que es levantar cualquier producto de entretenimiento en el México de hoy.

¡Qué vergüenza esto que está sucediendo! ¡Qué gran error! Ojalá que se trate de un truco publicitario, porque de lo contrario, las únicas conclusiones a los que vamos a poder llegar van a ser terribles, demoledoras.

A propósito de críticas y de humor quiero hacerle una recomendación muy especial: compre en iTunes, Amazon o Google Play el libro Free, S.A. 10 años de Fabián Giles.

Es una antología de uno de los más valientes ejercicios de libertad de expresión y humor político que jamás se haya hecho en la historia del espectáculo mexicano, de las camisetas Free.

Se trata de playeras reales, que usted puede comprar y usar, y que desde 2006 han puesto en las calles unos chistes buenísimos sobre todos nuestros políticos sin importar partido, cargo ni nada de nada.

El libro es baratísimo, lo suficientemente rudo para que solo se venda en plataformas digitales y para que no cualquiera se atreva a entrevistar a Fabián o a recomendar su trabajo y, en serio, es de colección.

Si vamos a hacer chistes gráficos que critiquen, que sean como los del maestro Giles, no como los de los memes de Netflix contra Blim, que sean con inteligencia, no con odio, no evidenciando nuestras carencias. ¿O usted qué opina? 

alvaro.cueva@milenio.com