El pozo de los deseos reprimidos

"Narcos"

La gran noticia en materia de televisión de esta semana es el estreno de la serie Narcos, el próximo viernes 28 de agosto, por Netflix.

Se lo aviso desde ahora para que tome sus precauciones, para que lo anote en su agenda.

¿Y? ¿Qué tiene esto de importante? ¿Por qué ésta es la gran noticia en materia de televisión de esta semana?

Por la combinación de tres elementos que nos pegan como país, como creadores de televisión y como consumidores de contenidos: El narcotráfico, las narconovelas y la invención de un lenguaje.

Narcotráfico: no se puede tapar el sol con un dedo. México ha vibrado al ritmo del crimen organizado desde hace muchos años.

Cualquier cosa que se diga alrededor de este asunto, ya sea en la noticias, ya sea en las telenovelas o incluso en la música y el deporte, es nota, interesa, aporta, trasciende, tiene cualquier cantidad de lecturas.

Narconovelas: hay todo un debate sobre las narcoseries y las narconovelas no solo en México, sino en todo el mundo.

Hay gente que dice que las odia. Hay otra que, sin decir nada, las sigue con impresionante devoción.

Para bien o para mal, Narcos no es ni una narcoserie ni una telenovela. No opine antes de ver. No se deje llevar ni por sus prejuicios ni por los de otras personas.

Invención de un lenguaje: Hay algo muy importante que está pasando con las producciones originales de Netflix que casi no se ha comentado.

Como estos señores no obedecen ni a los requerimientos del cine ni a las necesidades de la televisión, están creando otras maneras de contar historias.

Como en Sense8, en la que se inventó una nueva dramaturgia, o como en Bloodline, en la que los golpes dramáticos que tradicionalmente ocurrían en el capítulo uno, se movieron al tres y hasta al cuatro.

Narcos es algo completamente nuevo, porque ni es una serie de ficción ni es una serie documental, pero al mismo tiempo es una serie de ficción y es una serie documental.

En consecuencia, cuando uno mira sus capítulos, se emociona como con la mejor de las series políticas y policiacas de la actualidad pero, paralelamente, recibe información periodística.

Es una locura que consigue algo complicadísimo: involucrar emocionalmente a las audiencias y darle verosimilitud a situaciones que, planteadas de otra manera, se prestan o a exageraciones o a malas interpretaciones.

Resultado: Narcos, a diferencia de muchas producciones que abordan el tema del crimen organizado, es todo menos una apología del delito.

Fíjese, por favor, qué inteligentes los señores de Netlix. Inventaron una técnica, crearon un lenguaje, para distinguirse del resto de los contenidos criminales que existen en el mercado.

Por si esto no fuera suficiente como para recomendarle esta emisión, hay un punto que le debo aclarar: Narcos no es una producción latinoamericana.

Es ciento por ciento gringa, filmada en inglés y, por lo mismo, no se distrae ni con cuestiones melodramáticas ni con aportaciones ideológicas a favor o contra algún partido político o de algún presidente.

Es el tráfico de drogas como jamás se había visto de este lado del mundo, con un ritmo vertiginoso, con muchos datos por escena.

Bueno, y a todo esto, ¿de qué trata? Se la voy a contar así para no venderle trama:

Es la historia del crimen organizado en nuestro continente, desde Chile hasta Estados Unidos, de los años 70 a la actualidad.

¿Qué tiene esto de atractivo? Mucho, porque dice cosas que jamás se habían dicho en televisión y porque se hace a través de una fabulosa combinación de personajes tanto de la vida real como de la ficción.

¿Me creería si le dijera, por ejemplo, que en medio de todo este horror hay una profunda historia de amor conyugal y de valores familiares capaz de sorprender a propios y extraños?

Y no es precisamente la historia de Pablo Escobar o de algún otro delincuente. Es una contribución de Narcos que ayuda a sensibilizar a los televidentes sobre los contrastes de este conflicto.

Se lo voy a decir con todas sus letras: a mí me gusta Narcos porque, además de las aportaciones estilísticas que la hace a la industria del espectáculo, dice dos grandes verdades sobre el crimen organizado, sobre los políticos y sobre nuestros valores:

Que aquí, como en todo, a veces los malos hacen cosas buenas y a veces los buenos hacen cosas malas, y que no es casualidad que las drogas hayan salido, a gran escala, de Latinoamérica al mundo, a través del mismo país que inventó el realismo mágico.

Narcos es una gran serie. Punto. ¿Y sabe quién sale en ella? Nuestra queridísima Ana de la Reguera, gran actriz orgullosamente mexicana.

¿Le necesito decir algo más? Yo creo que no. Busque Narcos a partir del próximo viernes en Netflix.

Si a usted le gustan las historias sobre política o sobre el crimen organizado, le va a encantar. Pero si no, le va a fascinar. De veras que sí.

 

@AlvaroCueva