El pozo de los deseos reprimidos

'Menopausia'

Hoy me voy a tomar la libertad de escribirle de algo diferente, a pesar de todas las cosas que están pasando en la televisión, porque considero que esto es muy importante.

Le voy a explicar: estoy acostumbrado a ver que pase de todo en los teatros, desde gente que se para a bailar a la mitad de las obras hasta personas que se identifican tanto con lo que están viendo que sufren verdaderas crisis nerviosas.

Pero jamás había visto algo como lo que me sucedió el domingo pasado en Menopausia, el musical que se está presentando en el Centro Cultural 2 de la Ciudad de México.

¿Qué? Que la mitad del público, extasiado, tomara el escenario para cantar y bailar con las actrices.

Lo normal es que, al final de esta puesta en escena, se suban tres o cuatro personas a festejar. Punto.

Aquí, no. Aquello era un verdadero tumulto de mujeres de todas las edades en una cosas bastante rara, pero bellísima, que oscilaba entre la liberación y la más pura felicidad.

No le voy a mentir, las chavas abrazaban a las actrices agradecidísimas y se tomaban selfies con ellas en pleno número musical.

Menopausia dejó de ser el show de Broadway para convertirse en la más honesta y desenfrenada fiesta para las mujeres mexicanas.

La adoré, porque se necesita un talento mucho muy especial para construir una relación tan fuerte con el público en tan pocos minutos.

Estamos ante una revelación. ¿Hace cuánto tiempo que usted no veía que las multitudes se entregaran así con un espectáculo escénico?

¿Hace cuánto que usted no tenía la oportunidad de purificarse de semejante manera con una obra musical?

Qué tino el de Gerardo Quiroz, el gran productor de esta versión, porque le dio al clavo con algo que estaba haciendo falta en los escenarios mexicanos.

Y qué me dice del talento del traductor Marco Villafán para traer esto, tan internacional, a la realidad nacional de 2016 o de la creatividad del director Rafael Perrín para montarla de una manera tan fresca, tan auténtica.

Le recuerdo, Menopausia es uno de los musicales más famosos del mundo, una obra que han visto más de 11 millones de personas y que, por supuesto, ya habíamos visto en la Ciudad de México en una espléndida versión producida por Julissa.

Es el encuentro de cuatro señoras, cada una representando a un tipo muy específico de mujer, en uno de esos grandes almacenes donde venden de todo.

Entre charla y charla las cuatro comienzan a confesarse hasta llegar a contar algo que normalmente no se cuenta a gran escala: lo que sucede con el tema de la menopausia.

Y esto, que en teoría podría ser el eje de la peor de las tragedias, se convierte en la más suculenta explosión de carcajadas.

Lo más maravilloso es que la obra está planteada en base a canciones muy conocidas de diferentes décadas, solo que con la letra alterada para que aborden situaciones como los bochornos, el insomnio y el aumento de peso.

Resultado: el público enloquece de alegría y se entrega al exquisito trabajo de Ana Cirré, Lila Deneken, Macaria, Natalia Sosa y Garda Santini (la suplente).

Ana interpreta a una mujer ejecutiva que además de realizar un perfecto split en el escenario se avienta una interacción con el público francamente fabulosa.

Lila es un delirio. Ella le da vida a una mujer ye-ye con todo el rollo retro, místico, cómico, orgánico, musical. Es la cosa más divertida que usted se pueda imaginar.

Macaria es una reina. Ella la hace de ama de casa desesperada y lo hace tan bien que más de uno la ovaciona en escenas que incluyen canto, baile y... ¡orgasmos!

Natalia brilla, porque brilla. Su personaje es el de una estrella de televisión que a fuerza de estarse operando se ve más joven. No sabe usted qué niveles de conexión alcanza con el público. Es mágica.

En el remoto caso de que usted sea un erudito de la comedia musical y que sienta que va a ver lo mismo que en el montaje de Julissa, le tengo noticias: esto es otra cosa.

Salvo una rola, aquí todas las canciones son diferentes y algunas de ellas, como "Tres veces te engañé", están tan bien puestas, tan bien manejadas, que no hay manera de no festejarlas.

Además, es con orquesta en vivo, con una inversión importante, mucho vestuario y precios accesibles.

Yo la recomiendo para adolescentes y adultos aunque a las mujeres, por obvias razones, les fascina.

Si usted va a andar por la Ciudad de México en estas vacaciones o ya se enteró de alguna gira, por nada del mundo se vaya a perder de esta experiencia.

¡Quién quita y hasta le toque bailar con la mitad de los asistentes en el mismo escenario en el que están las actrices!

Qué gusto que en México se estén montando obras que sean capaces de generar estar reacciones tan auténticas.

Qué gusto que podamos disfrutar de espectáculos como Menopausia, el musical en esta divertidísima versión de Gerardo Quiroz. ¿O usted qué opina?


alvaro.cueva@milenio.com