El pozo de los deseos reprimidos

Mediocridad disfrazada de soberbia

Me escandaliza la pasividad de Televisa frente al fenómeno de Azteca en el tema del box. Es como si no les importara, como si tuvieran garantizada la comercialización, como si no quisieran competir.

¿En qué me baso para decir esto? En el vergonzoso contraste que hay entre los Sábados de box de Canal 5 y el Box azteca de Azteca 7.

Mientras que los señores de la televisora del Ajusco han hecho de sus transmisiones sabatinas de box un verdadero arte, los de Chapultepec están como perdidos, solos, enojados.

Partamos de Box azteca. ¿Qué pasa ahí? ¿Qué hacen estos señores? ¿Por qué son tan especiales?

Se lo voy a resumir en una frase: en Azteca 7 el show del box está en el box.

¿Y en Canal 5? Pues quién sabe dónde, porque los responsables de esas coberturas están más preocupados por vestir todo lo que pasa antes y después de las peleas, en lugar de echarle ganas a los golpes.

Cuando uno mira los combates en Box azteca se emociona, las cámaras están tan bien colocadas que uno, como televidente, está pegado a los boxeadores.

Todo el tiempo, desde el segundo uno hasta que aquello acaba, hay un ejército de narradores que están como de fiesta, hable y hable describiendo y animando sin permitir que la cobertura se caiga ni por un instante.

A media narración entran los análisis y, como hay un respaldo gráfico de cada acción, las audiencias siempre saben quién está hablando y lo respetan.

La integración de las voces de Box azteca es total, como si se leyeran la mente. Nada de ironías, nada de desacuerdos, nada de tonterías.

Y no es porque estos comunicadores no critiquen, es porque, insisto, si vamos a ver box, el protagonista debe ser el box, no los comentaristas.

Por si todo esto no fuera suficiente como para admirar lo que ocurre en Azteca 7, en Box Azteca hay una noción de acontecimiento, de orgullo.

¿Qué le trato de decir con esto? Que se nota que cada emisión está planeada de cabo a rabo. Siempre hay un reportaje que entra justo cuando debe entrar.

Cada una de las personas que trabajan ahí luce feliz y se escucha realizada. Todos se quieren y a las pruebas me remito: Marco Barrera del Box Azteca Team entra al Salón de la Fama de Las Vegas y todos lo celebran. Todos lo gozan.

¿Y qué me dice de la parte promocional? El 22 de agosto, por ejemplo, viene la pelea de Anabel Avispa Ortiz y Azteca 7 le hace unas notas y le graba unos anuncios donde no hay manera de no adorar a esta muchacha.

La chava se ve hermosa, se mueve increíble, domina los guantes y hasta baila.

¿Así o más claro que Box azteca domina el lenguaje de lo que es y debe ser la nueva televisión abierta nacional e internacional?

Porque aquí hay un asunto que no debemos perder de vista. Box Azteca no es cable, antena directa al hogar, televisión premium o distribución en línea.

Es tele abierta privada, televisión de alta comercialización, donde lo que importa son los estímulos y así, privilegiando estos elementos que se prestan para bajar la calidad peligrosamente, es un espectáculo que se disfruta, un evento del que nos podemos sentir orgullosos.

¿Qué ocurre en Televisa? Puras cosas tristes. Aunque uno, como espectador, se esfuerce, no se puede emocionar. Las cámaras están colocadas como al aventón, en automático, lejos.

Y las voces, ¡caramba!, son una desgracia porque como que los narradores de Sábados de box o no se llevan, o se odian, o vaya usted a saber por qué están ahí y no en algún otro lado.

De repente uno de ellos quiere hacer un comentario de color y otro como que lo calla.

Luego uno más se comienza a apasionar y su compañero, en lugar de apoyarlo, se avienta un rollo como burlándose de él, como gritándole: ¡eres un naco!

No se vale. Uno no prende la televisión cuando hay una pelea para chutarse los desplantes de unos divos que se creen mucho porque tienen la responsabilidad de cubrir el box.

Uno prende la televisión para emocionarse, para divertirse, para pasarla bien.

¡Cómo estarán de mal las narraciones de Sábados de box que, de repente, hay silencios!

Obvio, jamás se establece una diferencia entre narración y análisis, y a menos que conozcamos a las personas que están participando nunca nos enteramos de quién está hablando.

Cero gráficos, cero integración, cero noción de ritmo. Casi no hay promos y los pocos que hay son unos letreritos horribles.

Como en Televisa la prioridad está en la producción y no en el box, hay cosas que a menos que uno use, como la transmisión personalizada, no se entienden.

Y todo es repetir: estamos en vivo. ¿De qué les sirve a estos señores estar en vivo si no lo saben aprovechar, si no están felices, si les da lo mismo estar ahí o en cualquier otra chamba?

Me escandaliza la pasividad de Televisa frente al fenómeno de Azteca en el tema del box. Siento mucha mediocridad disfrazada de soberbia. ¿Usted no?

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